VIAJES: AUSCHWITZ, UN PASEO POR EL TEMPLO DEL TERROR

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Un artículo de G.Álvarez para ColumnaZero.
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Viajar es fundamental para enriquecerse de experiencias, aprender sobre lo que hay en el mundo más allá de lo que vemos todos los días, y admirar tanto el presente que visualizamos, como el pasado, ese en el que se puso en pie aquello que tenemos delante. Contemplar determinados lugares da una sensación de placidez, pero no todo lo que merece ser visto y recordado ofrece la misma percepción. En ocasiones, la visita puede remover nuestra conciencia y provocar una desazón necesaria que sirva de revulsivo.

70 años han pasado desde que las tropas soviéticas liberaron el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau, en Polonia, que había sido inaugurado el 20 de mayo de 1940. En enero de 1945, los nazis agonizaban, y la II Guerra Mundial estaba a punto de llegar a su fin, al menos en Europa, pero todavía les dio tiempo a morir matando en el que está considerado como el mayor centro de exterminio del nazismo. Una vez desmantelado, se pensó en cerrar para siempre aquel recuerdo de la barbarie, sin embargo, finalmente se decidió abrir al público para que el mundo conociera el horror que se había vivido en aquella parte del planeta en la que murieron alrededor de un millón cien mil personas, de las cuales un 90% eran judías.

Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1979, Auschwitz-Birkenau recibe anualmente más de un millón de visitantes procedentes de todo el mundo. Para llegar hasta allí, lo ideal es concertar uno de los numerosos tours que salen a diario desde la cercana Cracovia, que se encuentra a algo menos de 70 kilómetros del campo de concentración. Las excursiones son guiadas y en español  y tienen una duración aproximada de seis horas entre ir y volver. Si se desea ir por libre, hay autobuses que salen desde la estación central de Cracovia, o trenes que llegan hasta la localidad más cercana a Auschwitz, Oświęcim, desde donde pueden tomarse buses hasta el campo de concentración.

VIAJES: AUSCHWITZ, UN PASEO POR EL TEMPLO DEL TERROR

La visita comienza en Auschwitz I. Allí el viajero se encuentra con el tristemente famoso letrero que señala en alemán ‘Arbeit macht frei’ (‘El  trabajo os hará libres’), que se ha mantenido en pie durante 75 años, salvo cuando en diciembre de 2009 fue robado y posteriormente recuperado, y que sin duda es uno de los símbolos más reconocibles de este templo del horror.

Entre alambradas de espino y edificios de ladrillo, el paseo continúa por diferentes barracones, entre ellos el número 11, el bloque de la muerte, lugar en el que quien entraba no volvía a ser visto por sus compañeros de encierro. Algunas de estas construcciones de ladrillo rojo pueden visitarse, ya que alojan exposiciones con recuerdos del paso de los prisioneros. Resulta sobrecogedor caminar por pasillos plagados de fotografías de hombres y mujeres que fueron enviados a Auschwitz, en los que se indican sus datos personales, la fecha en la que entraron y en la que murieron. La mayor parte de ellos perdieron la vida poco después de llegar, y es que como bien explican los guías locales, las ejecuciones no eran la principal causa de deceso, sino el hambre, el agotamiento y las enfermedades contraídas por las penurias que sufrían.

En esta parte de la visita se encuentran también las salas de las que es probable que más haya oído hablar quien aún no ha visitado el campo de concentración. Se trata de la macabra colección de maletas, gafas, cazuelas y otros objetos que las personas que fueron a parar a Auschwitz llevaron con ellas, pensando que debían traer consigo sus enseres para el nuevo lugar en el que iban a ‘vivir’.  También hay enormes cantidades de pelo procedentes de los prisioneros, que los nazis vendían para fabricar telas, abrigos y alfombras, Para finalizar, el visitante tiene la oportunidad de acercarse a los crematorios para comprobar en primera persona cómo era este espeluznante lugar.

VIAJES: AUSCHWITZ, UN PASEO POR EL TEMPLO DEL TERROR

La segunda parte de la visita lleva al viajero a Auschwitz-Birkenau, separado por 3 kilómetros del primer campo. Su entrada está marcada por las vías del tren, que atravesaban el edificio que ejercía de control. Allí aún queda como recuerdo un vagón como los que llegaban abarrotados de personas que no sabían que su final estaba cerca. En aquella explanada se decidía quién vivía y quien moría. En Birkenau es momento de mirar a los lados para comprobar la enorme extensión del cercado y los numerosos barracones construidos para los prisioneros. Algunos de ellos están en buen estado, aunque otros han sufrido el paso del tiempo y la escasez de recursos que padeció el campo en algunos momentos de su historia como museo.

Como colofón al tour, se da la oportunidad de ver un barracón en el que vivían los prisioneros, donde las comodidades brillaban por su ausencia; no así las enfermedades, que convivían con ellos durante su estancia en el campo del terror. Muchos de ellos dormían hacinados en un suelo sin asfaltar y bajo un techo agrietado que dejaba traspasar la lluvia. Destaca el edificio de las letrinas, en el que muchos prisioneros querían trabajar por ser un lugar atechado y al que los nazis no solían acercarse. Asimismo, nadie puede irse sin contemplar el monumento a las víctimas de Auschwitz-Birkenau en el que además de un monolito hay placas en los idiomas de los presos del campo de concentración; no hay recuerdo en español, pero sí en ladino, lengua que se entiende perfectamente para el hablante de castellano. Junto al monumento aparecen los restos de los crematorios destruidos por las SS antes de huir al saber que los soviéticos se acercaban. Querían borrar las pruebas de su horror para que el mundo no lo conociera. No lo consiguieron.

Un artículo de G.Álvarez para ColumnaZero.

Quien olvida su historia está condenada a repetirla. Así, la necesidad de que Auschwitz siga abierto es una norma. Pese a que es duro, sin lugar a dudas la visita es obligada para todo viajero que recale en Polonia, que nunca olvidará las horas que pasó en un rincón del planeta que recuerda uno de los episodios más luctuosos de nuestra historia reciente. Esta imprescindible visita puede realizarse todos los días del año salvo el 1 de enero, el domingo de resurrección y el 25 de diciembre. Las fechas más adecuadas para acudir al campo de concentración son la primavera y el otoño. El invierno es demasiado frío en aquellas latitudes, y aunque en verano el tiempo acompaña, el incesante reguero humano que visita Auschwitz cada día hace menos atractivo un tour que merece ser disfrutado con tranquilidad.

G.Álvarez

@columnazero

1 Comentario

  1. Gracias por describirlo de esta manera tran profesional. Yo visite hace un par de años Auschwitz y me parece una visita muy dura pero obligada para todos

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