TRES ESTUDIANTES HACEN REALIDAD LA ‘LÁMPARA DE PIXAR’

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Pixar Animation
Pixar Animation Studios

Pertenecientes a la universidad australiana Victoria University of Wellington, han llevado a cabo este proyecto para investigar “la expresividad y el comportamiento potencial de los robots”

Luxo Jr. es el nombre del primer corto de animación de la compañía Pixar tras su compra por parte de Steve Jobs en 1986, por 5 millones de dólares. Creada como The Graphics Group por la empresa de George Lucas, LucasFilms. Antes sólo había producido uno: Las aventuras de André y Wally B, en 1984, cuando aún era de George Lucas y no de Steve Jobs.

A partir de ese instante, la revolución producida por el sistema de animación fue tal que la compañía adoptó a la lámpara como imagotipo, como imagen que se incluye en el logo. Entonces, y gracias al lanzamiento de obras maestras de la animación como Toy Story (1995), Bichos (1998), Monstruos S.A (2001), Buscando a Nemo (2003), Wall-E (2008) o Up (2009), la lámpara de Pixar, o Luxo Jr., se ha convertido en un icono reconocible a nivel internacional.

Este tirón provocado por la simpatía que despierta la lámpara en el público lo han aprovechado tres estudiantes de robótica australianos: Adam Ben-Dror, Shanshan Zhou y Joss Doggett. Estos investigadores de la Victoria University of Wellington han creado Pinokio, una lámpara con forma similar a la de Pixar y con capacidad de interacción, se mueve y actúa ante la presencia de personas. Sus movimientos tratan de asemejarse a los de Luxo.

Equipada con una cámara web, es esta razón la que le permite reconocer su entorno. Además, dispone de un iris mecánico, un micrófono, seis motores y Arduino, una placa con un microcontrolador que forma un sistema de hardware libre que permite crear objetos electrónicos interactivos. Así describen los creadores su proyecto, según recoge el blog Atl1040: “Pinokio no es una entidad inteligente y autosuficiente. Sin embargo creemos que son las cualidades expresivas y de comportamiento las que hacen que cobre vida. Al igual que Pinocho, el muñeco de madera que está vivo, que proclama con confianza «Soy un niño de verdad», es el impulso vital, irrefrenable e instintivo, el que hace que, aparentemente, Pinokio resplandezca con poesía y magia”.

Tal y como lo describe Adam Ben-Dror en su sitio web: “La intención es explorar la expresividad y el comportamiento potencial de los robots. Los circuitos electrónicos y un código de programación personalizado permiten que la lámpara tenga la habilidad de ser consciente de su entorno, especialmente de las personas, y expresar diferentes comportamientos o emociones. ¿Es Pinokio sólo una lámpara? ¿Es una máquina útil? Quizá debamos probarla y conocer a un nuevo amigo”. Lo cierto es que su forma es la de una lámpara, pero en el vídeo de presentación del proyecto no se ve que luzca en ningún momento y su conducta, bien sea realidad o ficción, parece algo invasiva.

Pablo Cañeque

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