TEATRO: “LO QUE VIO EL MAYORDOMO”… O QUIZÁ NO

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Un artículo de Isaías Blázquez para ColumnaZero.

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Puede que lo viera absolutamente todo, que sea el ojo voyeur, atento, que no pierde detalle de la escena. O puede que ni siguiera exista. Con este planteamiento arranca “Lo que vio el mayordomo”, un disparate de sucesivos y disparatados enredos.

No. El mayordomo… ¡no existe! Bueno, a no ser que apliquemos la metáfora de sustituirle por el público, indiscreto, mirón, espía, que no pierde detalle de todo lo que pasa. En realidad, es el único que tiene la clave de todo lo que ocurre. Sólo el respetable conoce todos los malentendidos y asiste estupefacto a cómo la trama se complica y se complica cada vez más.

De entrada, ya suena poco racional. Pero resulta que la escena se desarrolla exclusivamente en un sanatorio mental. Un psiquiátrico. El protagonista, el dueño de la clínica, el doctor Prentice. El atrevido doctor Prentice. El reputado doctor Prentice. El abusador doctor Prentice. Le vemos realizando una entrevista a una señorita que aspira a ser su secretaria. La ingenua pretendiente. Desde el momento que el doctor la convence para que se desnude comienzan los problemas. Es la primera ficha del dominó. En ese momento aparece la señora Prentice, que viene de una reunión de lesbianas y que padece un problema patológico: le pone los cuernos a su marido siempre que puede.

Un botones chantajista, un irracional inspector de salud mental y un inspector de policía poco eficiente completan la terna de personajes. Todos se despegan de sus roles y hacen cosas que no deberían hacer. Todos tienen algo que esconder. Todos lo intentan y sufren para no ser descubiertos. Sólo el mayordomo es consciente del tremendo y gigantesco malentendido que se está organizando.

TEATRO: “LO QUE VIO EL MAYORDOMO”... O QUIZÁ NO

Se trata de una obra estrenada a título póstumo. Su autor, Joe Orton, fue asesinado de un martillazo en la cabeza por su amante. Fue en el 1967. Dos años después su obra vio la luz. Hoy cuenta con la adaptación de Julio Escalada y Tomás Gayo. Una tarea compleja, eso de coger una obra de hace casi cincuenta años y que siga teniendo sentido. Orton fue un referente en la comedia negra, siempre provocadora. Quizá esa parte esté más descafeinada en esta versión, más para todos los públicos. La parte positiva es que consigue que el público se ría tras unos primeros instantes de irracionalidad pura. Algunos gags quedarán en la retentiva del espectador, quien descubrirá que, al final, la solución a todo el magnífico enredo está más presente de lo que pensamos.

Durante todo el mes de agosto, la obra se representa en el teatro Infanta Isabel de Madrid, en la calle Barquillo 24, de martes a sábado en diferentes horarios.

Isaías Blázquez Rosales

@isaiasblazquez

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