TEATRO: “CUERDAS”

Una crítica de Ana Romero para ColumnaZero.
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Una crítica de Ana Romero para ColumnaZero.
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Su padre les llamó como a los Beatles: Peter, Paul y Prince. Tres hermanos que crecieron muy unidos, y que luego, por diversas circunstancias de la vida, se separaron. Tras el paso de los años, una invitación de su padre trapecista a su última actuación les embarcará en un viaje lleno de reproches, burlas, historias y recuerdos de la infancia.

La obra, producida por La Kimera Teatro, ha sido escrita por Bárbara Colio y dirigida por Juanma Gómez. La compañía es un proyecto nacido de las ganas de crear y de sumergirse en la investigación teatral, por parte de cuatro jóvenes actores que se conocieron en la escuela de interpretación de Cristina Rota. Subieron el telón del Teatro Lara el pasado 13 y desde entonces no han dejado de recibir público, lo que les ha llevado a prolongar la temporada. “Cuerdas” ha sido representada en países como México, EEUU, Perú o Argentina con gran éxito de crítica. La autora mexicana declaraba en una entrevista que “Si para un carpintero la madera es su materia prima, para mí la materia prima son los seres humanos”. En su premiado texto, la escritora trata el tema del machismo en las relaciones de padres e hijos. Una tragicomedia de formato sencillo: tres sillas, cuatro historias, juegos de luces y una incógnita sin resolver. Estos ingredientes, mezclados con el talento indudable de los tres actores Pablo Castañón, Héctor González y Miguel Rascón, invitan al espectador a unirse a un viaje donde desde la risa, la emoción e incluso la melancolía están aseguradas.

TEATRO: “CUERDAS”

Castañón representa al hermano mayor, que ha querido organizar la vida que su padre desordenó con el abandono. Se siente frustrado porque cree haber decepcionado a su padre, e intenta arreglar la poca relación que tiene con sus otros hermanos a base de pagar billetes de avión y regalos. El segundo hijo, Paul, interpretado por el actor Héctor González es lo opuesto al mayor. Si uno se frustraba por no realizar destreza los ejercicios de equilibrista que le imponía el padre, este directamente se negaba. Está solo, pero no parece importarle. El pequeño es el bala perdida. Un Miguel Rascón que pinta de humor negro el escenario y se enfrenta en varias ocasiones a su hermano mayor. La conducta de los tres personajes que presentan caracteres antagónicos, pero inevitablemente cercanos por la vivencia de un pasado común.

La obra es el resultado del ejercicio de estar en la cuerda floja todo el tiempo. Bárbara Colio advierte en su texto del peligro de emprender ciertos viajes interiores, ya que quizá estos puedan desembocar en la misma indeterminación de propósitos con la que se iniciaron. Se trata de provocar a los demás actores, tocando los puntos vulnerables de los personajes y, al mismo tiempo, del resto de la sala. Teatro que, de tan íntimo, se torna universal, como si se tratara, efectivamente, de cuerdas que se cruzan y se tensan unas a otras.

Ana Romero

@AnaRmro

 

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