SUPER 8: INDEPENDENCE DAY

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Un artículo de Alfredo Paniagua para ColumnaZero.

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La película recaudó 817 400 891 dólares, convirtiéndose en la película más taquillera de la historia hasta la llegada de Titanic. Sólo se llevó el Oscar a los mejores efectos visuales (1996). Actualmente es considerada como uno de los mejores film de ciencia ficción de la última década.

Era el año 1994 y el inseparable binomio Roland Emmerich-Dean Devlin se encontraba en el viejo continente promocionando la película Stargate (1994). El productor tuvo uno de esos flashes creativos de los que tanto presume la gente del cine y asaltó a Emmerich con una idea para una nueva película en la que mezclaría el catastrofismo que volvió a estar tan en boga por aquella época con el más rancio patriotismo norteamericano -que desde luego nunca ha dejado estar de moda-, y las ficciones que inspira la desconocida y enigmática Área 51, lugar donde dicen los ensayistas de misterios especulativos, que se guarda una nave espacial  caída o abatida por el ejército norteamericano. La mezcla de tan notables ingredientes dio de sí un título de argumento tan  básico como efectivo y emotivo para el público norteamericano: Independence Day (1996).

SUPER 8: INDEPENDENCE DAY

La acción de Independence Day se sitúa días antes del Día de la Independencia norteamericano (4 de julio). Unas naves extraterrestres se sitúan sobre las grandes ciudades del mundo y sincronizan un feroz ataque el día 4 de julio, comenzando a ensañarse con emblemáticos edificios y rincones de todo el orbe. Los únicos que pueden hacer frente a los extraterrestres en desigual combate son, por supuesto, los miembros del ejército norteamericano, que poseen una nave espacial escondida en el Área 51 y aprovechan lo que conocen de su tecnología. Como es costumbre en este tipo de producciones, hay un reparto coral con alguna estrella de renombre; aquí  es Will Smith, recién salido de la cinta de acción  que le lanzó al estrellato: Dos Policías Rebeldes (1995). El actor afroamericano representa a la parte más sensible y demócrata del ejército norteamericano, un personaje que no duda en aliarse al poder civil (políticos y científicos) para acabar con el invasor alienígena y termina convirtiéndose en un héroe de guerra.

SUPER 8: INDEPENDENCE DAY

A pesar de la banalidad que rodea por momentos a Independence Day, el guión firmado por el dúo director-productor  tiene unos interesantes matices que enlazan con la tradición de cine de ciencia ficción norteamericano en el que el ejército juega un papel muy importante. Aunque en otras producciones se desataba en un maniqueísmo sin complejos, Independence Day reúne elementos en su guión que nos llaman a una integración y concordia entre los pueblos auspiciada por el poder político norteamericano -Bill Pullman, ese presidente exiliado de su destruida Casa Blanca y salvado por los pelos de una muerte segura- y cuyo garante es el ejército yankee. Mientras que en títulos más cercanos a la época de la Guerra Fría la ciencia-ficción con tintes militaristas era claramente supremacista, Independence Day, película salida de un estudio independiente, rehúye con sinceridad de posicionamientos extremistas y acierta con un tono conciliador en la sensibilidad de un público globalizado.

SUPER 8: INDEPENDENCE DAY

El recuerdo de Independence Day es el de esos planos en los que los rascacielos de Nueva York son demolidos por un potente rayo, memorable la escena en la que la Casa Blanca es destruída, el de las naves extraterrestres emergiendo de una sospechosa niebla que quiere hacerse pasar por un cielo nuboso y, cómo no, el de ese científico con apariencia de genio loco (el Dr. Brackish Okun) que es usado de forma brutal como medio de comunicación entre los alienígenas y el presidente de los Estados Unidos. Estos y otros  momentos han permanecido indelebles en nuestras retinas y han hecho que Independence Day sea un título fantastique que ha ganado en empatía entre los aficionados. Debemos obviar lo simplista de sus soluciones dramáticas, un mero señuelo para ofrecernos un espectáculo visual que logró su principal objetivo: entretener. El cine de Roland Emmerich es positivo, digerible, pero también escaso de calado; ahora veremos si la secuela de esta película, Independence Day: Contraataque, reúne, como mínimo, las esencias que hicieron triunfar a su predecesora hace ya veinte años.

Alfredo Paniagua

@columnazerocine

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