SUPER 8: ALIEN, EL OCTAVO PASAJERO

Un artículo de Benito Díaz para ColumnaZero Cine.
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Un artículo de Benito Díaz para ColumnaZero Cine.

Comienza la pesadilla.

Hablar de la saga Alien supone contemplar la escena con perspectiva. Comenzó como una apuesta de terror surrealista apoyada por intelectuales y artistas de la talla de Alejandro Jodorowsky o H.R Giger. Desde el principio hasta el final, hemos comprobado cómo un producto pionero se transformaba en una franquicia comercial desfigurada hasta el esperpento (si es que cabe aquí este adjetivo tratándose de ciencia-ficción)

Nos remontamos a 1979. “Alien, el octavo pasajero” narra la historia del  grupo de “camioneros espaciales” a bordo de la “Nostromo” que son desviados de su ruta para revisar un planetoide en el que encuentran una nave extraterrestre abandonada. En su interior, uno de ellos es atacado por una horrible criatura desconocida que se le aferra a la cara. Es el comienzo del terror.

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La idea principal fue desarrollada por el guionista Dan O´Bannon, colaborador de “La Guerra de las Galaxias” que más tarde trabajaría como escritor en el “Desafío Total” de Paul Verhoeven y en “Alien vs Predator”. El guión tuvo que ser reescrito innumerables veces, dado que, en palabras de uno de los co-guionistas, Walter Hill (The Warriors, Alien3, El Fugitivo):

“Lo miraras por donde lo miraras, el guión de O´Bannon era cualquier cosa menos sofisticado. Ni siquiera valía para una película de serie B. Ése era el problema. Nadie podía tomárselo en serio. No era un trabajo profesional. Estaba mal escrito. Pero yo no tenía ninguna duda de que querían hacer una versión de Tiburón (Jaws, 1975) pero en clave de ciencia ficción.”

El guión dio bandazos hasta que se resolvió crear una criatura extraterrestre por fruto de un mal sueño que tuvo otro de los co-guionistas, Ronald Shussett, lo cual no deja de ser interesante: la criatura Alien se gestó en una profunda pesadilla.

El proyecto acabó siendo comprado por la productora Brandwyne en colaboración con la FOX y que dio como resultado una película inolvidable que generó incontables beneficios a partir de una inversión inicial de 4,5 millones. No solo hablamos de los resultados en taquilla (104,931,801$ en todo el mundo) si no de la imaginería de merchandising y el asentamiento de un producto que entusiasmó al público durante los años 80 y 90. Consiguió implantar una imagen en la mente de aquella generación, a la cual un bicho repugnante y baboso del espacio exterior tiende a recordarle automáticamente las siniestras curvas creadas por H.R Giger.

Buena parte de este logro se debe al profundo impacto que causó el trabajo de dirección de Ridley Scott. El cineasta venía de consagrarse con la película “Los Duelistas” (The duelist, 1977) que había recibido muy buenas críticas en Cannes debido a su maestría en la narración visual. Considerando “Alien, el octavo pasajero” como una de las mejores películas en su haber, Ridley Scott nos ha demostrado en cada entrega que su cine puede pecar de muchas cosas pero no de falta de calidad. Todos recordamos la gloriosa ambientación de “Blade Runner” (1982), la vibrante “Gladiator” (2000) o la acertada adaptación de la novela homónima de Thomas Harris “Hannibal” (2001). Lamentablemente, también podemos rememorar sonados chascos como “1492: la conquista del paraíso”, la insufrible “La teniente O´neal”  o la patochada de “El reino de los cielos”.

“Alien, el octavo pasajero” es una película que consiguió asentar la mezcla entre terror y ciencia-ficción, sacándola de entre los restos de las películas de serie-B, dotándola de estilo propio y situándola en un lugar más accesible para los públicos. Ahora una gran productora daba espaldarazo a una obra que bebió de las fuentes de la scifi pulp y psicodélica hija de los años 60 y 70. No hay más que ver la cinta para que la ambientación tecnológica nos recuerde a ese gran  precedente que es “2001, odisea en el espacio” (Stanley Kubrick, 1968) Quizá el ordenador “Madre” de la “Nostromo” se hubiera llevado bien con “HAL 9000”.

Mención especial para el elenco, con un soberbio Iam Holm (Carros de fuego, El señor de los anillos, El hobbit…), John Hurt en el corto pero intenso papel de Kane, Harry Dean Stanton como Brett (París, Texas…) y una desconocida Sigourney Weaver (Cazafantasmas, Gorilas en la niebla…), elevada tras el éxito a mito erótico de los 80.

Son varios los logros de la película. Uno de ellos es el de crear una atmósfera angosta y asfixiante, llena de recovecos oscuros y sucios, que ya es parte de la marca de la casa. Luces titilando, sonidos electrónicos retro de máquinas que expulsan gas y computadoras de una época pre-Internet. La creación de tecnología que envuelve a los humanos pero con la que no se puede contar a la hora de defenderse de los intereses de una multinacional sin escrúpulos como la Weyland-Yutani o frente a un xenomorfo extraterrestre.

Otro de ellos, quizás más subterráneo, es la posible la teoría de que la cinta encierra un mensaje influenciado por la epidemia de SIDA de los años 80: un monstruo alienígena que utiliza un sistema de consabida similitud sexual para infectar a sus víctimas. Ácido en lugar de sangre.

“Alien, el octavo pasajero” es una película elevada a categoría de culto por los fans de la ciencia-ficción pero también por los amantes del cine de terror. Puede disfrutarse sin problemas aún hoy si salvamos los escollos de prejuicios traídos con las últimas entregas de la saga que, como dijimos al principio, no son más que copias desfiguradas del original.

Benito Díaz

@Bchdiaz

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