RADIOHEAD, CONSTRUYENDO PISCINAS EN LA LUNA

Un artículo de Cenzo A.de Haro para ColumnaZero.
VN:F [1.9.22_1171]
Rating: +4 (from 6 votes)
VN:F [1.9.22_1171]
Rating: 9.0/10 (11 votes cast)
Un artículo de Cenzo A.de Haro para ColumnaZero.
Un artículo de Cenzo A.de Haro para ColumnaZero.

Radiohead saca disco y se reafirma como una de las bandas más importantes de la historia del pop independiente. Perfeccionista, minimalista, revisionista y nostálgico, A Moon Shaped Pool es esa construcción que sólo un genio puede diseñar.

Suele ocurrir cada vez que aparece un nuevo trabajo de Radiohead. Tras unos meses iniciales de expectación entre los fans, rumores sobre si están o no en el estudio, filtraciones sobre la lista de temas que podrían estar grabando y suposiciones del universo sonoro que están explorando, llega el lanzamiento oficial del disco, por sorpresa y sin preaviso, con una maniobra magistral de marketing que hace que tanto el disco como la banda y su discografía sea tema de discusión masiva durante semanas.

La forma en que se ha promocionado A Moon Shaped Pool ha sido tan audaz, creativa y eficiente como el lanzamiento de In Rainbows en 2007, cuando en plena guerra entre músicos, discográficas e Internet, Radiohead decidió filtrar las canciones por su cuenta y derechos, ofreciéndoles a los usuarios la posibilidad de aportar la cantidad económica que desearan por la descarga. Con esta operación, lejos de perder dinero, aumentaron beneficios y se ganaron a una audiencia más joven. En 2016, la era de las redes sociales, la genialidad ha gravitado en la antipromoción del nuevo disco, es decir, hacer lo contrario al hábito de promociones online. En vez de inundar la red, eliminan contenido, reducen al mínimo la información a ofrecer y suprimen cualquier huella del pasado en las biografías. El “Dead Air Space” en el que se ha convertido su web es reflejo del minimalismo que inunda A Moon Shaped Pool, ejemplificado claramente en el True Love Waits que cierra el largo. La canción que lleva sonando en algunos conciertos desde 1995 y que incluyó en el directo I Might be Wrong (2001) pasa de su versión acústica post rock a una obra minimal donde apenas cuatro notas de piano acompañan a la voz de Thom Yorke.

RADIOHEAD, CONSTRUYENDO PISCINAS EN LA LUNA

La distribución y diseños de promoción no sólo están ligados a la narrativa musical que explora el producto sino también al momento que vive la banda. Ese borrón y cuenta nueva cibernético bien podría equipararse a la ruptura sentimental de Thom Yorke con Rachel, su ex mujer, tras 23 años de relación. Y más allá: los grises, los elementos primarios, estructuras aparentemente simples y accesibles pero que entrañan una complejidad compositiva y una amabilidad tramposa, melodías que se repiten en loop y que te envuelven en un universo desconocido pero muy próximo, aprehendido por la propia referencia a la banda. A la espera estamos de conocer el formato del disco, pero por la portada constatamos que podría seguir en la línea de In Rainbows: fotografías de elementos naturales tomadas cual microcosmos, muy alejado de las ilustraciones horror vacui de gran parte de su discografía.

Y se sigue debatiendo sobre la obra. Simpleza. Amabilidad. Accesibilidad. Los que sienten afán de reseñar el disco usan estos adjetivos para describir un largo inofensiv y fácil, lento, nostálgico y delicado; y se atropellan los dígitos para decir OK Computer o Kid A o referenciar a terceros. Pero lo cierto es que Radiohead ya sólo se debe a sí mismo. Es imposible hablar de A Moon Shaped Pool como compilación aislada sin comprenderla dentro de un proyecto musical mucho más ambicioso y que ya supera las dos décadas de vida. En 1993 nadie podría presagiar que Radiohead, esa recién nacida banda de Oxford engullida por el brit-pop, transitara por unos márgenes musicales independientes a los de sus compatriotas. De hecho, su single Creep, ese himno de masas que las radiofórmulas y aspirantes a cantantes de realities todavía reproducen, podría haberles reservado un futuro one-hit-wonder; pero las inquietudes sonoras y narrativas de Thom Yorke y los suyos, eran muy diferentes. Si bien Hail To The Thief (2003) sólo constató que hay otra forma posible de hacer música, In Rainbow (2007), The King Of Limbs (2011) y A Moon Shaped Pool forman un tríptico únicamente posible por una banda que ha sabido reconducir una herencia de guitarras abiertas y mesiánicas de la línea The Bends (1995) y sobre todo Ok Computer (1997) y convertirlo en la meta de un viaje emocional tras haber transitado por lo desconocido, en ese gran salto al vacío que supuso Kid A y Amnesiac al entrar en el S.XXI y que constató que la experimentación puede llenar estadios; dos álbumes culpables de que no se haya hecho nada más interesante en la historia del pop independiente.

RADIOHEAD, CONSTRUYENDO PISCINAS EN LA LUNA

Los tres últimos álbumes de Radiohead podrían escucharse juntos y de forma aleatoria, incluyendo sus maravillosas caras B, sin notar diferencia temporal o estilística. La reseña que escribí sobre In Rainbows cuando lo escuché podría servir perfectamente para A Moon Shaped Pool: “hay canciones que ya vienen de la etapa Ok Computer, otras que ni han tenido cabida en el largo. Nos ofrecen menos de lo que realmente tienen. Canciones dispares de una selección quizá aleatoria. Unas llenas de beats, otras donde prima la percusión por encima de una melodía escondida, las hay rockeras, las hay acústicas con aires progresivos Con todo veo muy difícil la definición del conjunto, tanto que lo facilón sería compararlo con un largo de Pink Floyd, pero en absoluto es así. Es cómo puedes pasar de un ambiente urbano y caóticamente bello a unos paisajes fílmicos donde el rasgar de las guitarras parece acariciar y erizar tu nuca. De lo que no cabe duda es que el sonido es Radiohead, reconocible y nuevo, magnificiente y minimalista, lleno de detalles precisos y preciosos, sorprendente y reconocido. Lo único que puedo decir es que a mí me hace levitar.”

Hay más coincidencias. In Rainbows, que contenía Nude, otra pieza de conciertos de finales de los 90, acababa con Videotape y un traqueteo de vías de tren, el mismo ritmo con el que empieza Bloom, el primer corte de The King Of Limbs. A Moon Shaped Pool, desprovisto de ritmo electrónico pero cargado de atmósferas, descargado de capas pesadas pero no por ello inferiores, necesita de reescuchas para permeabilizar una inmensidad de detalles de una belleza inusitada; esa obra perfecta que completa el proyecto, el que resulta de una madurez consciente de su identidad. Uno de sus cortes más bellos, Glass Eyes, en su final, se me antoja una revisión de Motion Picture Soundtrack. Sin lugar a dudas entonaría como epitafio al disco “I wil see you in the next life”.

[vsw id=”TTAU7lLDZYU” source=”youtube” width=”425″ height=”344″]

Cenzo A.de Haro

@columnazero

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here