PEDRO J. Y LA MUERTE DE CICERÓN

Una reflexión de Juan Gonzalo Ospina para ColumnaZero.
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Su poder era la palabra, su arma la oratoria, y su veneno la pluma. Su sentencia de muerte, criticar la corrupción y el abuso de poder, su dardo final las Filípicas. Decapitado y exhibido en el Corso Romano moriría el más célebre orador de la Libertad que jamás allá existido en la humanidad, Marco Tulio Cicerón en el año 43 A.C.

Primero derrocó con su palabra y sus Catiliniarias, oradas ante todo un Senado Romano al Senador Catilinia, abogado de causas incómodas y filósofo de la razón. Todo llegaría a su fin cuando su lengua viperina, sus alegatos a la sensatez, denunciando la corrupción pública y los abusos de autoridad y la falta de honradez de Marco Antonio le sentenciaron de muerte.

Lejos de ese tiempo y con la triste sintonía de que la historia es cíclica, el 25 de enero de 2.014 hemos padecido la ejecución del Cicierón Español, Pedro J. Ramírez. Su verdugo, la corrupción, la verdad y la Libertad. Sentenciado a muerte por su carta del director del domingo 26 de enero del 2.014, la cual quedará para los anales de la historia. Nuestra esperanza su renacer, cual fénix, para salud democrática de aquellos que, cansados del poder, no queremos seguir siendo espectadores de esta partida de demagogia y abuso en el que nuestra querida España del S.XXI se ve sumida.

Denunció abiertamente a un Gobierno a quien le lastra en el tobillo los desmanes de la trama “Gurtel”, el mayor escándalo de corrupción existido en Democracia, y en donde el mayor imputado dejó clara evidencia que el actual presidente del Gobierno conocía su situación irregular. Una situación que obligaría a todo hombre público con decencia y destreza a dimitir para no enturbiar el oxígeno de todo un país, pero aferrado a su sillón más propio del despotismo ilustrado se niega a dimitir, ¿cuál fue la reacción de nuestro Presidente? mentirnos primero y negarlo después.

Lejos queda el recuerdo y la altura moral de una clase política que como Richard Nixon, dimitiría por unas escuchas ilegales al partido demócrata, sin embargo, de tal educación y sentido no parece que seamos merecedores en España.

Fue “El Mundo” quien denunció activamente la falta de soluciones del Gobierno ante la tensa situación con nuestros conciudadanos en Cataluña, que por las ansias de poder de un político local, van a llevar a todo un pueblo a la secesión y a la pobreza, lo que requeriría más liderazgo de quien dice ser el Presidente de todos los Españoles, aun así su reacción y su sintonía es deberse al silencio.

La hastía del abuso vendría de la denuncia de Pedro J. ya en el filo final de la navaja, el triste pero famoso caso “Noos” que destapa que esa enfermedad que padecemos todos los españoles llamada corrupción, y no el español de a pie, sino una enfermedad que infecta a las fauces de poder en aquellas esferas políticas y del Estado que deciden lucrarse de lo público,  ha demostrado que la más honorable Institución de España, la Casa Real, también se veía salpicada. Acaso, ¿aquel que forma parte de un  Consejo de Administración de una Caja, no es responsable de los documentos que firma aún en abundancia cuando estos vienen de las arcas públicas?, en fin.

Pedro J., ¿eras consciente de tu sentencia de muerte?, ¿o acaso tu afán humano no podía callarse y ser cómplice de estas vergüenzas?. Ya en antaño acabaste con un Gobierno que usaba ilegalmente el Estado para luchar contra el terrorismo asesinando inocentes, como fue el caso “GAL”, denunciaste en su día que el fin no podía justificar los medios. Asimismo apoyaste la actual campaña del Presidente del Gobierno ante la insufrible situación de nuestro antecesor, el cual nos dejaba 5.000.000 de parados y al borde del rescate. Pero fue tu propia tinta, tu propia esencia que nos alimentaba de salud democrática, fue la culpable de tu propia tumba, porque has demostrado una vez más que la Democracia y la Libertad no son un emblema moral de derechas o de izquierdas sino de gente con talante, principios y educación a la altura de defenderla.

Tras la muerte de Cicerón, el ocaso del Imperio Romano y el de la esencia de la ciudad como “res pública”, comenzó a calar en una sociedad en donde la corrupción ya asolaba. Esperemos que la muerte de nuestro Cicerón no sea la antesala de la ya anunciada, y no remediada, hecatombe de nuestra España, en donde un Gobierno que mira unilateralmente la economía no quiere ver la metástasis de corrupción y de abuso en la que estamos todos envueltos, ¿Cuál será nuestra opción?

Pedro J., aquellos que mandan matar a los mensajeros con la intención de callar a las masas de las corruptelas del poder, en lugar de escuchar el mensaje, temen escuchar que la Democracia no es sorda y el tiempo, como ya lo hicimos en 1996, proveerá.

A aquellos demócratas y románticos que creen que otra sociedad es posible, os pedimos abiertamente que no os silencies y no sucumbáis ante el despotismo actual, instruidnos y criticad los abusos, puesto que esto sólo nos limitará a todos aquellos que sí creemos en la Libertad, que ya hace 300 años lo anunció Robespierre, «el secreto de la tiranía es mantener a los hombres ignorantes».

Juan Gonzalo Ospina

Presidente Jóvenes Abogados en Movimiento.

[Juan Gonzalo Ospina en ColumnaZero]

1 Comentario

  1. Muy bueno y claro

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