PAREDES DE COURA, EL JARDÍN DEL EDEN DE LOS FESTIVALES DE LA PENÍNSULA

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Un reportaje de Jorge García Martínez para ColumnaZero (Fotos: Hugo Lima www.hugolima.com)

Columnazero ha viajado hasta Portugal para acercaros la magia del Paredes de Coura, el festival en boga del país vecino.

EL IDEAL

A tan solo 24 kilómetros de la frontera delimitada por el río Miño que separa España y Portugal, se extiende Paredes de Coura, una pequeña localidad anclada en lo alto de una montaña perteneciente al distrito de Viana do Castelo. Bajo esta bucólica comunidad del norte de Portugal subyace, tras veintiún años, el ideal más romántico sobre el concepto de festival de música, ese mismo que llevó a congregar a finales de los 60 a 400.000 personas en las afueras de Nueva York bajo el lema de tres días de paz y música.

En Paredes de Coura ya no hay hippies y no está muy claro si alguna vez los hubo, pero lo que sí podemos afirmar es que este festival presume de albergar varias generaciones de portugueses y españoles. Son veintiún años funcionando mientras el mundo ha cambiado completamente e incluso la industria de la música, pero aquí, en Coura, la idea inicial y la experiencia que uno viene a buscar durante su estancia aún sigue siendo la misma.

Situado en un entorno privilegiado e idóneo para poder experimentar una armonía total con la naturaleza del lugar, el festival proporciona durante sus cinco días de duración una desintoxicación plena con el llamado mundo real. Aquí cobra sentido, un siglo y medio después, aquella frase de Thoreau con la que iniciaba su libro Caminar: “Considerar al hombre como habitante o parte constitutiva de la Naturaleza, más que como miembro de la sociedad”.

Bajo esta premisa se ha cimentado el festival que presume de ser uno de lo más longevos de Portugal y que puede considerarse, aunque a escala más reducida, el Glastonbury de la Península Ibérica. Por sus escenarios han pasado artistas de todo tipo, desde Morrisey o los Sex Pistols hasta Arcade Fire o Queen Of Stone Age pasando por PJ Harvey o Pulp.

EL FESTIVAL

Alojado en las orillas del río Taboão y a tan solo diez minutos andando del corazón de Paredes de Coura, el festival se encuentra en un estado constante de simbiosis con la naturaleza del lugar.

El recinto se halla perfectamente adaptado al espacio y sobre el escenario principal se erige un anfiteatro natural que proporciona una visión perfecta del lugar y sirve en muchas ocasiones de reclamo dosificador para un público de todas las edades aunque con una mayor proporción de gente joven. Subiendo la cuesta del escenario principal, a la derecha se ubica, con la suficiente distancia como para no entorpecer el sonido, el segundo escenario, que es el más trasnochador y en donde se cierra cada jornada a eso de las cinco de la mañana.

El camping, por otro lado, se encuentra junto al recinto del festival. Únicamente el río Taboão, ejerce de frontera entre ambos, y esa proximidad proporciona al asistente la capacidad de sentirse dentro del propio festival las 24 horas del día. De hecho uno se suele despertar con las pruebas de sonido del grupo que tocará esa misma noche.

El camping, adaptado a todo tipo de necesidades, cuenta con baños, duchas, una zona de restauración e incluso una zona para cargar móviles. Pero sin duda lo que más llama la atención y uno de los atractivos de la zona es que en el propio cauce del río Taboão se encuentra una playa fluvial que ejerce de bálsamo reparador durante el día; es muy común coger una barca y tirarse el día en el río leyendo, bebiendo, “colocándose” o simplemente disfrutando de los conciertos que a partir de las tres de la tarde se ubican en una de las zonas colindantes al río. Tal es la popularidad de la playa fluvial que hace dos años el cantante del grupo Kings Of Convenience, Erlend Øye, se animó a coger una barca y ofreció un show improvisado desde el río.

Por otro lado, es casi de visita obligatoria pasarse a degustar la tradicional cocina portuguesa que ofrece O Conselheiro, situado en la plaza, en el centro de Paredes de Coura. Un restaurante de comida casera portuguesa en donde uno puede comer un Cabrito avinhado no verde o una Feijoada do Corno de Bico acompañado con un vino de la zona y salir con las pilas cargadas por menos de quince euros.

LA MÚSICA

El cartel de esta edición del Paredes de Coura prolongaba un tanto el rumbo por el que se había ido optando en las últimas ediciones. Bandas de corte alternativo que exploraban diversos géneros aunque en esta ocasión con un mayor protagonismo para la electrónica. Frente al conservadurismo del directo se premió la improvisación (Unknown Mortal Orchestra); frente a la más estricta programación (Justice) triunfó el concepto de banda, tanto electrónica (Hot Chip) como clásica (Calexico); frente al más puro pose (The Vaccines) venció la aptitud (Palma Violets o ASIWYFA) y la fiesta se sucedió en diversos matices, colores y formas; desde el lado más jovial del pop (Belle and Sebastian) pasando por el dance más psicodélico (Jagwar Ma) hasta finalmente la fiesta más hedonista (Delorean).

El festival estuvo repartido en cinco jornadas, una primera tanda de dos días mucho más comedida (días 13 y 14) y en un solo escenario y tres jornadas finales (días 15, 16 y 17) mucho más amplias y festivas.

El día 13 comenzó a sonar la música en Paredes de Coura con una serie de bandas portuguesas de las que podemos destacar a Sensible Soccers con su electrónica ambiental tintada de sonidos pop e incluso psicodélicos. Resultaron uno de los grandes descubrimientos del festival. Les siguió otro grata sorpresa, Moullinex, proyecto de Luis Clara Gomes, que aumentó el clímax festivo inicial con una sesión muy bien ejecutada.

La segunda jornada del festival, en donde ya empezó a relucir el broche internacional, fue testigo de uno de los grandes conciertos del evento, el de Unknown Mortal Orchestra. Brotes psicodélicos empapados en grandes bugles de improvisación que alargaban las canciones mucho más de lo normal aportando al ambiente un estado de hipnosis constante. El 27 de noviembre se pasarán por Madrid para aquellos que todavía no han tenido la oportunidad de verlos en directo.

Reducidos los tiempos, llegó el turno del rock sureño mezclado con blues de Alabama Shakes, que ofrecieron un concierto más que notable en donde brilló la voz de Brittany Howard. Aunque al principio se escuchaba algo baja, poco a poco fue ganando fuerza al mismo tiempo que se animaba el público. Del rock del sur de Estado Unidos pasamos al rock del Sahara trasportado gracias a los riffs de guitarra de Bombino, este tuareg que acaba de publicar su segundo álbum de estudio Nomad supuso el broche a una más que sobresaliente segunda jornada. Aunque la guinda final corrió a cargo de Headbirds, flamante fichaje del Sello Primavera Sound que coloreó la noche con house, algo de bass e incluso un cierto aroma de funk. Se le vio al chaval muy suelto en los platos para el rodamiento que tiene. Habrá que seguirlo de cerca.

Lo que antes había sido un gran preludio, se convirtió en una fiesta y con ese aroma comenzó la tercera jornada del festival, con los dos escenarios principales activos y con la incorporación fuera del recinto, en las orillas del río Taboão, de un escenario doble; el Palco Jazz Relva y Palco Jazz Na Relva que amenizaron desde las tres y media de la tarde el baño de los asistentes.

Bajo un sol bastante fuerte comenzaron, a primera hora, unos Widowspeak un tanto contenidos y ensoñadores pero para nada fríos. Inauguraba el escenario principal Everything Everything con su pop de cámara electrónico brindando un concierto perfecto para las siete de la tarde; bailable a ratos, eufórico en otros y sacando siempre unas palmas al público que ya comenzaba a calentarse.

Les sucedieron Jagwar Ma, un grupo australiano que acaba de publicar uno de los debuts del año, el inminente Howlin, añadiendo a la llamada nueva psicodelia un matiz dance muy made Primal Scream. Y aquello se convirtió pronto en una fiesta; la psicodelia se mezcló con el ácido y se sirvió con una gran base electrónica que provocó el delirio colectivo. Sobre el escenario únicamente había una guitarra, un bajo y detrás se producía música desde una mesa. El hecho de presentarse así en directo reducía el componente psicodélico de muchas canciones que se encaminaban muchísimo más al dance. Fue el primer jolgorio colectivo que tuvo lugar en el escenario principal, aunque no el único.

Llegaron los Vaccines puntuales a su cita e incrementó la afluencia de público en el escenario principal. Las impresiones fueron las misma que el pasado diciembre en Madrid; una pose pseudorockera para llevar a cabo un pop melódico muy resultón que no aporta nada nuevo bajo el sol, excepto mediocridad, y por otro lado, el hit inmediato del primer álbum para arrancar al público.

Entró la noche en Paredes de Coura y salió Hot Chip a la verbena y aquello acabó por reventar. Hablando al día siguiente con el director del festival me confesó que no estaba lejos de ser uno de los mejores conciertos que había visto en veintiún años de festival, y la verdad, creo que no exageró. Hot Chip es una banda de los pies a la cabeza. Me recordaba a Wilco en su directo; misma idea y mismas formas sobre el escenario, lo único que cambiaba eran los instrumentos y la música. Capaces de todo. De improvisar, de cambiar las canciones (ojo como sonó Flutes y Ready for The Floor), de entremezclarlas y salir ilesos. Ahí no había maquinas programadas haciendo música sino ocho pedazo de artistas sobre el escenario, estimulando al público en cada compás y llevándolo hacía la velada electrónica definitiva.

En contraposición llegó la performance de The Knife, entre lo esperpéntico y lo artístico, entre la genialidad y la sobremesa más liviana, y entre lo pretencioso con fines musicales y lo pedante sin remedio. Ya veníamos avisados del Primavera Sound y por momentos resultaron geniales, sobre todo en el segundo tema, Raging Lung, donde todo dios estaba tocando instrumentos, a cada cual más bizarro, o en Silent Hount, donde el escenario se ciñó de un aroma club. Pero, por otro lado, hubo momentos en los que únicamente bailaban suecas muy altas y muy bien pintadas y sonaba música pregrabada.

Cerramos el día con la siempre impecable actuación de John Talabot, acompañado de Pional; buen house, a ratos atmosférico y oscuro con ciertas reminiscencias al espesor de la jungla tropical más densa, y por otra parte ritmos más cálidos y bailables. 

Aún con la resaca del día anterior, comenzó la cuarta jornada con el pop electrónico y bailable de Citizens!. Les sucedió el punk de Icage y seguido nos trasladamos al escenario principal para ver a The Horrors, que demostraron que ya tienen ese aroma de banda grande. Soltaron Who Can Say a la segunda, mostraron su lado más psicodélico acompañado con sintetizadores en Moving Further Away y exprimieron al máximo ese éxtasis que provoca el cambio de ritmo en Sea Within Sea.

La madrugada entró con el techno-house minimalista y a ratos magnético de Simian Mobile Disco en un live que dejó muy buen sabor de boca. Se vio al dúo ingles sudar intensamente sobre la mesa, no parando de producir música y confeccionando unas transiciones muy trabajadas y para nada conformistas.

Por último llegamos a Delorean, oportunidad de lujo para ver algunas de las nuevas canciones del flamante Apar que saldrá el 9 de septiembre. Los de Zarautz dieron un espectáculo total, en donde el sonido se proyectó en el ambiente como un torpedo, rápido y efectivo dando lugar a un viaje electrónico formado por capas y capas de beats rociadas con guitarras y fuertes toques de batería que derivaron en una fiesta hedonista.

Y en un abrir y cerrar de ojos, llegamos a la última jornada del festival, que comenzó con una live session de Ducktails en lo alto de un parque eólico. Los días anteriores se había hecho con bandas como Citizens! o Bombino y supone un acierto tremendo por parte de la organización, ya que ofrece la posibilidad de ver un mini concierto en lo alto de una montaña para un público muy reducido, de unas cuarenta personas.

Ya abajo y sobre el escenario principal salieron unos Palma Violets que, a diferencia de The Vaccines, sí que afrontaron su música con un espíritu mucho más garage y cercano al punk. El hype de la NME demostró inquietud y exaltación durante todo el concierto. Se vieron muy frescos encima del escenario y el público lo agradeció enormemente.

Si Hot Chip había sido la banda por excelencia en el plano electrónico, Calexico lo fue en una manera más conservadora pero manteniendo la misma idea. Su mezcla entre country, rock and roll y folk con ese rock fronterizo empapado en la cultura mexicana resultó un éxito rotundo. Dieron una lección de directo. Muy trabajado con una gran base instrumental compuesta con acordeones, trompetas, coros, contrabajos y guitarras que transmitían una pasión y una alegría por la música que se contagiaba sobre un escenario principal en el que se estaba resguardando la tarde y comenzaba a asomar la noche

El rock fronterizo de Calexico fue sustituido por el pop melódico de  Belle and Sebastian que saltaron al escenario principal sobre las diez y cuarto. Murdoch y los suyos ofrecieron un concierto muy atractivo y juvenil. Dejaron la parte más existencialista de su carrera en Glasgow (Tigermilk) y llenaron la noche de alegres melodías y de baile. El líder de la banda mandó subir en repetidas ocasiones a gente del público a bailar sobre el escenario. Al fin y al cabo, como comentó, era “sábado por la noche”.

Por último, cerraba el escenario principal, Justice, en formato dj Set y aquello fue un poco de cajón. Se metió pronto a la chavalería en el bolsillo con las clásicos hits de siempre, pero a ratos sonaron demasiado pomposos y artificiales. Tuve la sensación durante la mayor parte de la sesión de que ésta podría haber sido ejecutada de la misma forma por cualquier dj de discoteca un poco habilidoso. Pero supongo que el nombre vende y mucho. Resultó divertida a ratos, eso sí. Grandes momentos con The Bay de Metronomy o Modern Love de Bowie e incluso sonó Be My Baby de The Ronettes.

Para finalizar, la noche mejoró notablemente, primero con el math rock de ASIWYFA en un concierto muy intenso, y finalmente con el dj set de XXYY, una de las jóvenes promesas de la electrónica británica que cerró el festival a base de bass y house.

Y así concluyeron cinco días de paz y buena música en un ambiente y  lugar de ensueño y en donde uno vuelve a casa con la sensación de haber vivido una gran experiencia, diferente a  cualquier otro festival, pensando ya en cómo será la edición del 2014.

Jorge García Martínez

Fotografía: Hugo Lima, fotos cedidas por el Festival.

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