¿OPOSICIÓN? ¡CENSURA!

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Censura. ¿Qué evoca está palabra en la mente? Todo un mapa conceptual aparece ligado a este término que ha evolucionado pegado a los cambios de la sociedad. Literatura, pseudónimos, lápiz rojo, dictadura, medios de comunicación… son ideas que la mente relaciona directamente con la censura.

En los últimos años se ha extendido una nueva asociación: censura e Internet. Con el aumento de las posibilidades al servicio de los usuarios de la red, ha crecido también el temor a la libertad de expresión sin límites y al carácter movilizador de Internet. De la misma forma que en tiempos del comunismo de la Unión Soviética se prohibió el derecho a reunión para evitar posibles revueltas y aplacar el ánimo opositor; en la actualidad, el control de la oposición pasa por la censura en internet y el control de los dominios en la red.

El gobierno chino ya puso en marcha estas medidas estratégicas al cerrar varios sitios parecidos a Twitter en 2009 y al desactivar, en mayo de este año, las secciones de comentarios de Sina’s Weibo y Tencent’s QQ, dos sitios de microblogging en los que corrió el rumor de un golpe de estado.

A China le ha salido un follower. Esta semana ha entrado en vigor la última medida del gobierno ruso para restringir las libertades. A la ley sobre “agentes extranjeros” y la de delitos de calumnia y difamación, aprobadas desde el inicio del tercer mandato presidencial de Vladimir Putin, se ha sumado la Ley sobre información, que incluye una lista negra de páginas web prohibidas y cerradas directamente por el gobierno. Bajo argumentos de protección de la infancia y lucha contra la pornografía y las drogas, el gobierno ruso ha adquirido un poder que hace temer a activistas opositores que la ley sea un arma de represión política al estilo árabe.

China y Rusia son dos ejemplos de censura relajada, que en países como Siria llegan a los límites de la represión legal contra activistas en posesión de blogs. Internet ha asimilado un nuevo papel como instrumento para la expresión del descontento social, provocando quebraderos de cabeza a países acostumbrados a encorsetar a la oposición. “Si controlamos la información que reciben, y controlamos la que dan, les controlaremos a ellos”. Quizá el siglo pasado funcionaba, pero ahora es una máxima que se escapa a través del WIFI.

Raquel Rubio García

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