LECCIONES DE ITALIA

Una reflexión de Jorge Herrera Santana para ColumnaZero
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Una reflexión de Jorge Herrera Santana para ColumnaZero

Este mundo interconectado y complejo en el que vivimos; un mundo veloz, loco, en el que los pueblos dependen entre sí más que nunca y desconfían los unos de los otros tanto como siempre, hace que lo sucede en un lugar tenga repercusiones a lo largo y ancho del Globo. Y no digamos ya a nivel europeo: decidimos (¿decidimos, o decidieron?) compartir los beneficios, pero también las deudas y los quebraderos de cabeza. Y ahora es más tiempo de deudas y quebraderos de cabeza que de beneficios. En las buenas y en las malas, en las duras y en las maduras y hasta en la salud y en la enfermedad, si quieren. “Parecía fácil”.

Italia era ya un país complejo. Como España, si bien hasta cierto punto por motivos diferentes. Un mismo trasfondo cultural, una identidad compartida (como la que no existe entre Norte y Sur de Europa, entre acreedores y deudores, entre protestantes y católicos, entre los tendentes a la seriedad y la corrección y los proclives a la alegría y el alboroto). Italia es un país inundado por la corrupción (más aun que España, que ya es decir): la mafia es un elemento fundamental. Es también un país con una importante fractura Norte industrial, desarrollado – Sur atrasado: la Liga Norte no es casual. Es también un país de tradicionales polarización, fragmentación e inestabilidad políticas (porque todo va unido), y un país en el que ambas Cámaras, Congreso y Senado, gozan de importantes funciones legislativas, algo francamente inusual (el Senado suele ser una Cámara de segundo orden) que hace que, en Italia, la composición del Senado cuente tanto, o más, que la del Congreso. Es, por último, un Estado que acoge a su vez a otro Estado, como es el Estado vaticano; algo fuera de lo común también, desde luego. Un Estado, el vaticano, que ejerce una influencia nada desdeñable en la política italiana (es probable que Berlusconi no hubiese permanecido tanto tiempo en el poder de no haber sido por el apoyo de la Curia, sin ir más lejos). Teniendo en cuenta este último factor, no extraña que el conservadurismo de cariz religioso se encuentre bastante extendido en el país mediterráneo.

Pero hay elementos nuevos, y muy destacados. Es ridículo pensar que todo lo que está ocurriendo en Italia se deba a las particularidades señaladas; que sea consecuencia de factores endógenos únicamente. Si Grecia ha sido (y continúa siendo) el indecente laboratorio económico de las medidas de Merkel y sus secuaces, Italia se ha erigido ahora en el laboratorio político-social de la Europa de comienzos del siglo XXI: ejemplo no tanto de lo que el continente viene siendo, sino más bien del continente que está llamado a ser. Sobre todo si esa Europa que tanto nos condiciona no emprende una reorientación en el corto/medio plazo.

Irrumpe con fuerza el Movimiento (Movimiento, no Partido, un ejemplo más de la pérdida de representatividad que sufren las instituciones y los mecanismos políticos tradicionales) Cinco Estrellas, del antes cómico y ahora político (o cómico y político, o aún cómico y nunca político, quién sabe) Beppe Grillo. En este caso, al menos, la elección ante la clásica disyuntiva (reír o llorar) se ve facilitada. El discurso antipolítico, con propuestas en muchos casos poco realistas pero de cualquier forma muy atractivas, barre. La ciudadanía se encuentra hastiada y cada vez más sectores de la misma se dejan llevar por la ira y la emoción (la política siempre tuvo mucho de emocional) para dejar a un lado el raciocinio. ¿No vivíamos, acaso, en un mundo loco?

Reaparece Berlusconi. Porque nunca se va del todo; nunca desaparece del todo. Berlusconi siempre “anda por ahí”, dando buena prueba de hasta qué punto sus intereses y los del Estado (que no los de la ciudadanía) se han hecho uno; de hasta qué punto el empresario ha secuestrado al político (y el mundo económico al civil, por ende). Sólo en el seno de una democracia débil, con instituciones débiles y una ciudadanía también débil, podría haberse dado una concentración de poder de ese calibre, tan contraria a la noción de checks and balances que caracteriza a la democracia. Y como italianos y españoles ya nos parecíamos mucho, en esto no iba a ser menos: no pocos de los problemas que tiene España actualmente derivan de la excesiva concentración de poder de y en determinados actores (los partidos, principalmente).

La socialdemocracia de Bersani no convence del todo, no entusiasma del todo. Y no lo hace porque la socialdemocracia parece haber dicho adiós, parece haberse difuminado sin prácticamente habernos dado cuenta: a nivel europeo (que es ya, de facto, casi equivalente a decir a nivel nacional) no está, ni a estas alturas se le espera. Incapaz de hacerse oír, de idear un discurso, tan sólo sobrevive sobre los cada vez más ruinosos restos del modelo económico y social que alumbró. Difícil, en efecto, elaborar un discurso de izquierdas coherente en un mundo sin fronteras económicas, más pendiente de la prima de riesgo, de la obtención de financiación (directamente relacionada con lo anterior) y de la búsqueda de competitividad a escala global. Porque el Estado-nación, la democracia y el Estado Social o de Bienestar formaron un todo armonioso durante décadas que ahora se derrumba porque ya no existe lo primero, la condición sine qua non que posibilitaba todo lo demás.

Triunfa lo más político (aunque sea lo más irracional) porque la ciudadanía percibe que nos encontramos ante un momento de transición crítico en el que, por eso, hay ansias de expresión; y sin embargo, hay cada vez menos posibilidades de expresarse a medida que los gobernantes se cierran en sí mismos, ya sea tratando de conservar los privilegios cosechados, ya sea urgidos por la impuesta austeridad (que si no sabemos a quién/quiénes favorece, podemos imaginarlo) y el cacareado (y presuntamente neutral) cálculo económico/economicista, ya sea por ambas cosas. Monti no solivianta a las masas a pesar de que, probablemente gracias a él, Italia se salvó de caer definitivamente en el abismo al que le llevaba, directo y sin frenos, Berlusconi. Pero era el hombre de Merkel, el extraño, el “técnico”.

El ‘recado’ al resto de Europa, y en especial a las instituciones comunitarias y a quien las lidera, Alemania, es claro: la senda tomada hasta la fecha no nos gusta, y estamos dispuestos a votar otras opciones, las que sean, con tal de evadirla. Y puesto que (todavía) votamos; puesto que (sin todavía) cualquier forma de poder depende en última instancia de su grado de legitimidad, Europa se encamina hacia la encrucijada definitiva: o cambio de rumbo, o caos.

 

Jorge Herrera Santana

1 Comentario

  1. De qué va esto… Un resumen de 20 líneas, please…

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