LAS CLAVES PARA ENTENDER LA DEBACLE Y EL FUTURO DEL PSOE

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La crisis interna marca el presente y futuro de los socialistas.

La guerra civil, que el PSOE ha sufrido en el último mes, ha marcado el panorama político nacional, que ha visto cómo la división de uno de los partidos históricos del país ha sido parte fundamental para que Rajoy, con los casos de corrupción del Partido Popular copando portadas de periódicos y abriendo telediarios, logre formar Gobierno. El enfrentamiento abierto entre el antiguo líder socialista, Pedro Sánchez, y sus barones críticos, entre ellos Javier Fernández, Susana Díaz, Emiliano García-Page o Guillermo Fernández Vara, abrió una herida de difícil cicatrización en las filas del partido.

Sin embargo, la crisis del PSOE encuentra su razón de ser en los acontecimientos que la formación ha sufrido desde que se conocieron los resultados electorales del pasado 20 de diciembre de 2015, cuando Sánchez firmó el peor suelo electoral de la historia del partido con 90 escaños, a pesar de que el Partido Socialista empezará la sangría de pérdida de votos mucho antes de la llegada de Sánchez y que el Psoe consiguiera en las últimas autómicas, con Sánchez como secretario general,  recuperar algunas de las alcaldías y gobierno autonómicos. Precisamente, el no aceptar la situación en que los socialistas salieron del 20-D causó las primeras diferencias, que se endurecieron tras la pérdida de cinco escaños en junio. El techo electoral de los socialistas en estas últimas dos elecciones generales son solo reflejo del problema de fondo: la cuestión del liderazgo de Sánchez, sobre la que siempre pesó la sombra de la división interna, la pérdida de terreno frente a otra opción política de izquierdas como Podemos y el inicio de las negociaciones con éstos para estudiar un gobierno alternativo de izquierdas.

LAS CLAVES PARA ENTENDER LA DEBACLE Y EL FUTURO DEL PSOE

Si Sánchez se postuló como opción del desbloqueo en su investidura fallida ni sus militantes ni sus votantes percibieron un discurso de autocrítica desde la formación. Meses después, en junio, la debacle socialista se materializó en los resultados de las últimas elecciones generales, tras las que el partido tampoco depuró responsabilidades. Los datos obtenidos en Galicia y País Vasco el pasado mes de septiembre tampoco consiguieron dar aire a un partido ya dividido.

Pero su caída en votos ya se percibió en las elecciones autonómicas y municipales de 2015 donde Podemos, y sus marcas municipales, alcanzaron las alcaldías de grandes capitales como Madrid, Barcelona o Zaragoza gracias al apoyo del PSOE, en lo que supuso un acercamiento de Sánchez a Iglesias, con vista a que este le apoyase en la formación de Gobierno, algo que nunca ocurrió dado que los socialistas quisieron aliarse con Ciudadanos tras el 20D, y en el que el propio Albert Rivera invitó  a suscribir al Partido Popular por ajustarse en gran parte a sus políticas.

El papel Pedro Sánchez

Esta falta de autocrítica se deriva de un condescendiente Pedro Sánchez que llegó al PSOE casi como un extraño. Sin ser un “cachorro” del partido, pasó por el Ayuntamiento de Madrid y formó parte del equipo de Trinidad Jiménez. Sin embargo, años después, gracias al apoyo y los avales de la federación andaluza -la más poderosa dentro del partido- alcanzó la secretaria general en el Congreso Extraordinario del PSOE en julio de 2014.

Sus decisiones comenzaron a ser polémicas cuando, por ejemplo, comenzó un proceso de renovación en el PSM, que se saldó con la destitusión de Tomás Gómez como líder de los socialistas de Madrid por un supuesto caso de corrupción con el tranvía de Parla. No ha sido la única ocasión en la que Sánchez ha “molestado” al partido con sus órdenes. Sus actuaciones en el Congreso de los Diputados, y sus negociaciones con otros partidos provocaron la furia de sus líderes territoriales, que ya advirtieron que el lugar del partido se encontraba en la oposición.

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Pero la verdadera ruptura con los barones es fruto del carácter de Sánchez, que no cedió a las aspiraciones de los socialistas andaluces. Su distancia con Susana Díaz se endureció con el acercamiento a Podemos en esa primera investidura, en la que ya los críticos advirtieron que la intención de la formación morada no era otra que la de ocupar el terreno del PSOE. Con el paso de los meses, y sin ninguna mejoría de los resultados electorales, el posible intento de convertirse en candidato a la presidencia del Gobierno hizo que la sombra del “golpe de Estado” en Ferraz reapareciese.

El futuro

La dimisión de Pedro Sánchez y la brecha interna del partido que quedó latente en el pasado Comité Federal son la causa de que el futuro del PSOE sea una de las mayores incógnitas. La formación no tiene un futurible líder: una de las opciones es que el hipotético Congreso extraordinario se celebre y la militancia, tal y como quería Sánchez, elija a su nuevo secretario general.

El problema está en quién recogerá su testigo al frente del despacho de Ferraz después de la guerra del partido. Podría ser Sánchez, aunque su posible ruptura de la disciplina del voto este sábado en la segunda votación de la investidura apunta a que su futuro inmediato pasa por abandonar el partido e incluso su acta de diputado. Por otro lado, podría darse el salto a la política nacional de Susana Díaz, la principal candidata al puesto por su fuerza en el partido, aunque ha sufrido bastante descrédito durante la operación de derroque y el panorama se vuelve complejo.

LAS CLAVES PARA ENTENDER LA DEBACLE Y EL FUTURO DEL PSOE

Primero, la líder andaluza no cuenta con la fuerza suficiente en su propia comunidad, donde gobierna gracias a un pacto con Ciudadanos a pesar de haber conseguido 47 escaños (Díaz consiguió mantener los resultados respecto a las elecciones de 2012 en las que el PP ganó). Segundo, Díaz está señalada como una de las culpables directas de la salida del partido de Pedro Sánchez. Así, con Sánchez sin aclarar cuál será su decisión en la investidura y sin un liderazgo claro, el partido se dirige a una deriva de difícil solución, que se complica con el doble discurso de la abstención. La abstención de los socialistas y el ataque crítico a Mariano Rajoy y a su gestión son incompatibles en el Hemiciclo, y el futuro inmediato pasa por regalar el liderazgo de la oposición a Podemos. Mientras, el PSOE se desploma en las encuestas.

E.B

@columnazero

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