LA POLÍTICA Y ETA

Una reflexión de Jorge Herrara Santana para ColumnaZero.
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Una reflexión de Jorge Herrara Santana para ColumnaZero.
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Cuando ETA anunció que abandonaba las armas (no las armas: su empleo), políticos, medios y ciudadanos estallaron de alegría. Comprensible: el terrorismo etarra es una lacra que arrastrábamos desde hacía muchísimo tiempo. Demasiado.

Yo también me alegré mucho, pero quizás no aplaudí tanto como la situación requería porque pensaba que lo más difícil empezaba entonces.

Se puede decir que ETA estaba condenada a desaparecer desde el momento en que la democracia se (re)instauró en España. Contra el franquismo tenía lógica (cuidado: no justificación, porque asesinar nunca la tiene): el oprimido siempre puede alegar en su defensa la violencia del opresor. Pero una vez la democracia llegó y la lengua y autonomía vascas fueron reconocidas, el camino de ETA comenzó a ser de esos que llevan a ninguna parte.

En definitiva: reconozco la labor de los distintos Ministros del Interior, de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, de los políticos que durante mucho tiempo se jugaron la vida en Euskadi, etc.; pero conforme digo eso, también opino que ETA, antes o después, desaparecería. Por el propio cauce natural de los acontecimientos. Nuevas circunstancias exigen nuevos planteamientos y acciones, y es eso lo que, al final, ha matado a ETA. O transformado a ETA. Lo digo, más que nada, porque mucho político se vanagloria de que “el Estado de Derecho ha acabado con ETA”. Como si la encarnación del Estado de Derecho fuese quien lo nombra. Todo en su justo término, que de medallas andamos ya sobrados.

Porque “Sortu es ETA”, “Bildu es ETA”, “Amaiur es ETA”. Os suena, ¿no? Lo cierto es que sí: es la constatación de una obviedad. No es lo mismo, pero es igual, si se me entiende. Pero es que el problema no es que Sortu, Bildu o Amaiur sean ETA: el problema es que podemos ir contra los medios (la violencia, el terrorismo), pero no contra el fin, que es una reivindicación política (importante la palabra “política”) tan legítima como cualquier otra que, por eso, tiene derecho a ser presentada ante los electores. Para que los electores, en conciencia, decidan.

Eso es lo que está ocurriendo: ni más, ni menos. Era de esperar que el cese de la violencia conllevase, al mismo tiempo, el surgimiento (más bien, la institucionalización, pues el sentimiento abertzale no surge ahora, preexistía) de organizaciones políticas que den cauce democrático a tal posición. A tal sentimiento (es lo que tienen los nacionalismos…).

Por eso, nunca he compartido la opinión de quienes se oponen a la negociación Estado/Gobierno – ETA. “¡No se dialoga con terroristas!”, reclaman. Respeto y entiendo la postura, y me solidarizo si proviene de una víctima (yo diría lo mismo, o cosas mucho peores, si lo fuera). Pero esto es otra cosa: hablamos de política. Si queremos ponerle punto final al terrorismo, tendremos que admitir, antes o después, que una mesa de negociación, cara a cara, frente a frente, es necesaria. ¿Que es menos ético? Sí. Ahora, que políticamente creo que sería más eficaz, opino que también. Al fin y al cabo, el fin último de todos los demócratas es acabar definitivamente con el terrorismo, ¿no?

Los dos partidos mayoritarios, como partidos de Estado que se han tenido que enfrentar a esta situación desde los resortes que otorga el poder, lo comprenden bien. Por eso, todo lo que dicen al respecto en público suele ser mentira: hay cosas que la razón de Estado no puede, o no debe, desvelar. Performance. Lógico.

Tampoco entiendo la insistencia de parte de muchos políticos en negar a los partidos abertzales su lugar, legítimamente obtenido mediante sufragios, en el Parlamento. Ay, sin ETA pierden un gran argumento, una gran-idea fuerza que ha estructurado su discurso durante mucho tiempo (es el caso, sobre todo, de Mayor Oreja y compañía en el País Vasco). Tal es la insistencia, que ha agravado la ruptura dentro del PP y provocado el surgimiento de Vox. Vox: dando voz a una posición que ya, me temo, no tiene cabida. A nuevas circunstancias…

Si enarbolamos la bandera de la democracia, que sea siempre. Bildu supone, a día de hoy, la segunda fuerza política en Euskadi, y esto debería hacernos reflexionar. ¿Es que consideramos terroristas a todos sus votantes? Es de una ceguera total, de una absoluta incomprensión de las raíces políticas del conflicto. En Euskadi hay ganas de ver esa posición representada, nos guste o no. Y ahora es su momento.

Contra el terrorismo estábamos todos, juntos. En cómo gestionar el “post”; en cómo articular políticamente la justicia, la reparación, etcétera, no. Lo difícil empieza ahora.

Jorge Herrera Santana

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