LA PECERA GASTRONÓMICA DEL CÍRCULO DE BELLAS ARTES DE MADRID

VN:F [1.9.22_1171]
Rating: +2 (from 2 votes)
VN:F [1.9.22_1171]
Rating: 9.0/10 (2 votes cast)
Un artículo de Borja Iglesias para ColumnaZero.

Un artículo de Borja Iglesias para ColumnaZero.

Cultura y gastronomía son dos grandes placeres que se dan de la mano en La Pecera del Círculo de Bellas Artes. Situado en el número 42 de la madrileña calle Alcalá, La Pecera es un oasis cultural enclavado en el bullicio del centro. Un local que despierta las sensaciones del visitante a través de la vista y el gusto.

“Me enorgullezco de no haber figurado nunca entre la clientela especial de las corridas de toros”, decía Ramón y Cajal. El afamado histólogo, reconocido con el Premio Nobel de Medicina en 1906, era un confeso antitaurino. En su opinión, la tauromaquia era un espectáculo burdo y no creía que debiera representar la cultura española. Para él, la cultura se encontraba en la pintura o la fotografía. El cabecilla de la “Generación de Sabios”, además de científico, era un defensor de las Humanidades. Para dar rienda suelta a su pasión, tenía un lugar predilecto, un espacio al que acudió en sus últimos años de vida de manera habitual. Como rememora el periodista Antonio Robles: A Ramón y Cajal se le ve entrar en Bellas Artes y escabullirse en el rincón más oscuro. Nadie está con él, ni un periódico, ni un libro, ni un pitillo. Medita, calla y se deja comer totalmente por el anochecido de cada día”.

LA PECERA GASTRONÓMICA DEL CÍRCULO DE BELLAS ARTES DE MADRID

Pues bien, entrar en La Pecera del Círculo de Bellas Artes es adentrarse en la historia de la capital. En ese Madrid que construyeron Ramón y Cajal y el resto de ilustres visitantes de este lugar, un epicentro gastrocultural que abrió sus puertas en 1926. Con el muy adecuado nombre de “Sala de Conversaciones”, Alfonso XIII fue el encargado de inaugurar un espacio en el que se ha congregado lo más granado de la sociedad madrileña desde hace ochenta años. Ahora, en pleno siglo XXI, La Pecera sigue manteniendo ese aura cultural. Este restaurante es un lugar en el que en la mesa contigua puedes observar como una joven dibuja al carboncillo el perfil de una de sus dos acompañantes mientras espera la llegada del primer plato.

La Pecera destila cultura desde el momento en el que das el primer paso sobre el suelo del salón. Con una arquitectura neoclásica, lo que más llama la atención son los enormes frescos que adornan el techo. Unas alegorías que captan el ojo del visitante desde el primer segundo. A continuación, seguramente la mirada se dirija a una figura femenina que yace en el centro de la sala. Ahí se encuentra la escultura de Moisés de Huerta, El Salto de Léucade; quizás la estrella de este lugar. El primer ingrediente de esta experiencia gastrocultural ya está en la olla. Es el momento de tomar asiento y añadir el que completa la receta: una carta variada que hace difícil decantarse por un plato en concreto. Una oferta gastronómica a la altura del espacio.

LA PECERA GASTRONÓMICA DEL CÍRCULO DE BELLAS ARTES DE MADRID

Arroz de Calasparra con mariscos y crudité de verduras. Todo esto maridado con un buen verdejo. Así comienza un almuerzo lleno de sensaciones. Un arroz en un punto perfecto acompañado de una variedad de verduras que hacen las delicias del comensal. Un plato muy delicado que engatusa al paladar.

Tras un comienzo prometedor, con marcado sabor mediterráneo, es el momento de cambiar de registro. Decíamos que era un almuerzo lleno de sensaciones y no podíamos irnos sin probar el cebiche. La fusión en la boca de merluza, langostinos, yuca, cilantro, cebolla roja, lima, chili y ají rojo es sencillamente deliciosa. Es uno de esos platos que, para los que nos gusta el picante y los cítricos, no queremos que se termine. Estáis perdonados si cogéis un trozo de pan y lo mojáis en la salsa. Un vicio…

Los primeros platos dejaron el listón muy alto. Hasta el punto en el que te planteas si es mejor pedirle al camarero que no traiga segundos, que lo que quieres es repetir. Pero la comanda ya está en marcha. Con un servicio especialmente rápido, tras unos instantes dedicados a contemplar nuevamente la belleza del local, llegan dos nuevos platos: huevos rotos del Barraco con jamón de bodega, habitas, salsa romesco y patatas paja; y lomo de corvina a la plancha con salsa de chipirones tostados y esferas de lombarda y piña. En líneas generales, dos platos deliciosos pero que, tal y como temíamos, no pudieron igualar la sensación que nos habían generado los primeros.

LA PECERA GASTRONÓMICA DEL CÍRCULO DE BELLAS ARTES DE MADRID

De los huevos rotos destacan las habitas en conjunción con el jamón, que aporta un toque salado de gran intensidad. Por su parte, la salsa romesco dota al plato de una estupenda base sobre la que se asientan unos huevos que se complementan muy bien con unas crujientes patatas paja. En definitiva, un plato en apariencia sencilla, característico de la cocina española, pero que en La Pecera consiguen que tenga un toque personal.

Tras esta combinación de “tierra”, toca degustar un poco de mar. Y la corvina no defrauda. Jugosa y llena de sabor, está aderezada con una buena salsa que potencia la esencia marina gracias al chipirón. La mezcla de piña y lombarda aporta unos toques que hacen redondo a este plato.

Para unos amantes del chocolate, esta comida no podía terminar sin un toque dulce. Decantarse en los postres por el cremoso de chocolate fue tarea fácil. No defraudó. Absolutamente esponjoso y con un intenso sabor a cacao: de diez. Y para completar el postre, la frescura de unos trozos de melón. Un gran final para una comida magnífica.

LA PECERA GASTRONÓMICA DEL CÍRCULO DE BELLAS ARTES DE MADRID

Después de una última mirada a los frescos de Ramón Zaragoza (es inevitable), llega la hora de concluir la visita a La Pecera. O no. Antes de volver a salir al bullicio del centro madrileño, quizás lo mejor es disfrutar de algunos de los cócteles que ofrece este local delante de uno de los botelleros más espectaculares de la capital. Decenas de botellas que dotan de colorido a la entrada del local y que, en cierto modo, conforman otra de las obras que despiertan la admiración del visitante. Haya o no parada técnica para deleitarse con un espirituoso, la visita a la calle Alcalá nº42 llega a su fin. Atrás queda Ramón y Cajal, y también muchos años de historia.

Borja Iglesias

@borjatabe

email

Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>