LA LLUVIA ÁCIDA Y EL «EFECTO SMOG»

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La lluvia o deposición ácida es uno de los múltiples problemas medioambientales a los que se enfrenta nuestro planeta; y, sin embargo, la sociedad la ha considerado siempre un fenómeno secundario de contaminación atmosférica.

El humo procedente de automóviles e industrias contiene dióxido de azufre (SO₂) y óxido de nitrógeno (NOx). Ambos gases se mezclan con el vapor de agua. Esto provoca que las precipitaciones que caen sobre la tierra contengan ácido sulfúrico y ácido nítrico y que, en consecuencia, su pH sea mucho más ácido que el de la lluvia corriente. La escala de pH mide el grado de acidez de una substancia y comprende valores de 0 (el valor más ácido) a 14. La lluvia ácida alcanza valores de pH de entre 4.2 y 4.3, lo que supone una acidez diez veces mayor que la lluvia limpia.

La deposición ácida es, además, uno de los problemas medioambientales más difíciles de resolver. Existen territorios alejados de polígonos industriales que se encuentran igualmente contaminados. Esto es debido a que las corrientes atmosféricas y las nubes que contienen los ácidos pueden ser arrastradas por los vientos hasta 500 kilómetros de distancia en un solo día. De esta forma, no existe región en la Tierra que se encuentre ‘a salvo’ del fenómeno.

Son muchas las consecuencias negativas de esta ‘acidificación’. La más visible de todas es el llamado “Efecto Smog” (simbiosis entre smoke y fog): una niebla densa y oscura compuesta de contaminantes que cubre ciudades enteras. El fenómeno afecta al crecimiento de las plantas, que pierden sus hojas y se debilitan; destruye sustancias vitales del suelo y deposita en él metales venenosos; erosiona edificios y monumentos y libera sustancias químicas que contaminan el agua potable y que son fuertemente dañinas para la salud humana, pues las finísimas partículas pueden penetrar profundamente en los pulmones y afectar al sistema respiratorio.

Existen medidas preventivas para el conflicto que precisan la participación activa de la sociedad: uso normalizado del transporte público, limpieza de chimeneas y tubos de escape, empleo de fuentes alternativas de energía, uso de convertidores catalíticos en automóviles (que eliminan sustancias químicas en los gases de escape), etc. Estas iniciativas sociales son eficaces, pero no definitivas. Resulta sumamente complicado protegerse de un enemigo que se extiende, irremediablemente, sobre todos nosotros.

Virginia Ponce (@viryi90)

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