LA HAMBURGUESA INCORRUPTA DE MCDONALD´S: LLEVA 14 AÑOS SIN CAMBIAR DE ASPECTO

Un artículo de Isaías Blázquez para ColumnaZero
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Un artículo de Isaías Blázquez para ColumnaZero

Fue comprada en Utah en el año 1999, pasó varios años olvidada en una chaqueta y, a día de hoy, muestra el mismo aspecto que en el pasado milenio.

David Whipple decidió guardar la hamburguesa durante un mes para demostrar que no cambiaba de aspecto, por mucho tiempo que pasara. Lo que ni se imaginaba es que catorce años después su experimento seguiría siendo igual de válido. Olvidó la hamburguesa incorrupta en una chaqueta que, según confiesa, mantuvo un tiempo en el maletero de su furgoneta. Después la chaqueta fue trasladada a su armario y hasta para su mujer pasó el objeto inadvertido. A los dos años, David la descubrió incorrupta y decidió continuar con la prueba.

Ni moho, ni hongos, ni ningún mal olor. Nada. Sorprendentemente estaba igual, aunque resulte difícil creerlo, imaginando lo que contendría el maletero de ese hombre, David, en el que se olvidan las hamburguesas como el que olvida un destornillador o un botellín de agua. Asegura que aún conserva el ticket de compra original de hace catorce años, lo que ahora usa para convencer a sus nietos de que deben comer sano (no hizo ninguna alusión a ser un poco más curiosos con lo que guardan o no).

Este es uno de los experimentos más largos en el tiempo, pero no el único. La fotógrafa Sally Davies estuvo fotografiando su propio Happy Meal durante dos años y, los resultados, fueron idénticos. La hamburguesa y las patatas eran eternas, sobrenaturales. Y precisamente las dudas sobre su grado de “naturaleza” son las que más confianza crean entre los consumidores. Éstos se preguntan sobre el uso de conservantes y sustancias químicas en la comida de este tipo de cadenas y restaurantes. Tanto es así que se han hecho experimentos para ver cómo disuelve una hamburguesa el ácido clorhídrico, el mismo que utiliza nuestro estómago.

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Resulta tan sorprendente como intrigante que ningún estudio científico de todos los que se han hecho contra la multinacional haya logrado derrumbar su imagen. Lo que es innegable es que los humanos nos estamos metiendo al cuerpo elementos que jamás en miles de años habíamos ingerido. Por tanto, la inquietud que produce la marca, está de sobra justificada, más teniendo en cuenta que sólo habrá conclusiones cuando haya resultados. Quizá cuando el ser humano haya dejado de ser tan “estrictamente humano” es su composición como lo era hasta ahora.

Isaías Blázquez Rosales

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