LA GRAN ESTAFA AL MCDONALD´S JAMÁS CONTADA

Un artículo de Adriana Rodríguez Sánchez-Cerrudo para ColumnaZero.
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Un artículo de Adriana Rodríguez Sánchez-Cerrudo para ColumnaZero.

¿Qué tienen en común una industria de comida rápida reconocida alrededor del mundo, un antiguo policía y el famoso Monopoly? Pues, aunque parezca difícil de creer, existen muchas más coincidencias entre ellos de las que piensas y, además, no se alejan tanto de nosotros.

Probablemente, muchos de nuestros lectores conocen ese concurso que lanza en ocasiones McDonald’s. Este consiste en que los envoltorios de las hamburguesas, refrescos, papas fritas y otros productos traían adhesivas al packaging una especie de tarjetas que cumplen la misma función que las que incluye el Monopoly. Pues bien, a pesar de que muchos piensen que este tipo de juegos de azar nunca tocan, un estadounidense estuvo a punto de hacerse millonario gracias a una de las estafas más grandes que se han conocido en los últimos años gracias a esta “inocente” promoción.

Empecemos por el principio. Fue en el año 1987 cuando McDonald’s decidió lanzar una estrategia basada en uno de los juegos de mesa más famosos y populares de Estados Unidos: Monopoly. Para ello, en colaboración con Hasbro, fabricante de este juego, la franquicia lanzó una versión que permitía a los consumidores de esta compañía de fast food ganar valiosos premios inspirados en los que se ganan en el propio juego de mesa.

La ecuación era bastante sencilla y un modo brillante de captar a nuevos clientes. Anualmente y por un tiempo limitado, cualquiera podía ganar grandes sumas de dinero recogiendo piezas del Monopoly que podían encontrar en el embalaje de los productos de McDonald’s. Incluyendo los ocho colores que conforman el juego y dependiendo de la tarjeta que saliera, el cliente podía llegar a ganar hasta un millón de dólares. Igualmente, se encontraban otro premios como automóviles, alimentos de la propia compañía, videojuegos, entradas para espectáculos, paquetes de vacaciones, entre otros. Sin duda, la probabilidad de lograr el gran premio era casi la misma de que te toque la lotería, pero sin duda era un gran gancho para mantener a la gente pendiente de esta competición. Hasta tal punto llegó la popularidad de este juego que rápidamente traspasó las fronteras más allá de Estados Unidos hasta llegar a otros países como Canadá, Australia, Hong Kong, Singapur, Rusia y algunas regiones del continente europeo.

Si bien esta estrategia está basada en la casualidad, Jerome Jacobson, jefe de seguridad de Simon Marketing, empresa responsable de gestionar las tarjetas y la adjudicación de los premios, logró encontrar el modo de manipular el Monopoly de McDonald’s. Jacobson era el único encargado de supervisar el proceso de seguridad desde que se producían las tarjetas del juego hasta que se transportaban en sobres cerrados a las plantas donde se fabricaban los cartones de McDonald’s, lugar donde se suponía que se adjuntaban a los productos de la cadena.

Durante los, aproximadamente, seis años que duró esta operación, el ex policía se las ingeniaba para encerrarse y abrir cuidadosamente los sobres para robar las piezas ganadoras. Como no, ni él ni su familia podían quedarse los premios sin llamar la atención decidió vender los premios a personas que conocía a través de amigos y familiares. Hasta tal punto llegó esta operación de fraude que muchos de los implicados llegaron a solicitar una hipoteca para poder pagar a una figura misteriosa que se hacía pasar por “Uncle Jerry”. Con ello, podían acceder a premios que incluían 10.000 dólares en efectivo, coches y, en muy pocos casos, el millón de dólares. En 1995, una iglesia llegó a recibir un regalo anónimo de tarjetas por el valor de 1 millón de dólares, un regalo cuyo único donante era “Uncle Jerry”.

Finalmente, en 1996 Jacobson fue descubierto por una persona contratada por él mismo al FBI, quienes realizaron exhaustivas escuchas y registros telefónicos en una operación que ayudó a desarticular toda la trama y organización de Jacobson. Una de las claves del caso fue, precisamente, la evidencia de que muchos de los afortunados en ganar el premio habían hipotecado previamente su casa.

HBO estrena en 2020 serie inspirada en el suceso.

Como anécdota, cabe mencionar que, si nunca habías oído hablar de esta noticia, es porque el caso se llevó a juicio justo un día antes de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York. Esto provocó que la noticia quedara eclipsada por esta catástrofe y los medios internacionales no se hicieran eco de ella, aún teniendo en cuenta la enorme repercusión que supuso que un ciudadano de a pie consiguiera timar a un gigante de la economía como McDonald’s.

Adriana Rodríguez Sánchez-Cerrudo

@columnazero

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