LA FILOSOFÍA FLUXUS CONFIRIÓ EL PODER DE DECIDIR LO QUE ES ARTE A LOS ARTISTAS

Un artículo de Irene Sanz Duva para ColumnaZero
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Un artículo de Irene Sanz Duva para ColumnaZero

El fenómeno del Videoarte cuestionó en los 60 la definición de lo que es o no es arte. Nació gracias al grupo Fluxus y se sirvió de la manipulación de las imágenes y de la violencia para criticar la destrucción de las mentes a través de la televisión. Recorremos a continuación los primeros años de la revolución artística que no necesitó que nadie dijera que lo era.

La sociedad actual vive consumida por un arte que se refleja en todas las formas posibles. Los museos encierran obras de arte que reciben la visita de ciudadanos ansiosos por ver un cuadro o una escultura que valgan su peso en oro (o mucho más). Las calles de las capitales más famosas del mundo son testigos de formas de arte que, acostumbrados a verlas todos los días, las personas pasan por alto. Por otro lado, se encuentran las obras de arte más encubiertas, plataformas cargadas de emociones y filosofía dispuestas a ser admiradas por los hombres, como los grafiti que hoy envuelven el muro que en su día separó Berlín en dos. Todas estas son demostraciones de la pasión que profesaron unos artistas inmersos en hacer llegar al público su visión de la vida.

Sin embargo, ¿quién decide lo que es arte? ¿Qué poder hay que alcanzar para poner precio a la maestría de la obra de un ser humano?

Andy Warhol dijo “No importa quién, no importa dónde, no importa cómo, todos somos artistas”. Se trata de una filosofía de vida que surgió a principios de la década de los 60, la conocida como filosofía Fluxus. Sin embargo, el concepto de arte como forma de vida que nadie podría poner en cuestión se remonta a los 40.

A principios de los 40, el arte visual era cada vez más personal. El cine y la televisión se habían proclamado otro espacio donde el hombre podía construir su imagen sin tener en cuenta el capital. Los primeros movimientos vanguardistas surgieron en Nueva York, que por aquel entonces ya comenzaba a conocerse como uno de los centros artísticos mundiales.

En este clima, aparecen movimientos de contracultura, como el iniciado por Maya Deren en 1943 con Meshes of the Afternoon. Esta revolución fue heredera del interés por la falta de razón y por los sueños.

Con la llegada del video en los 60, la imagen se personalizó, gracias a las cámaras domésticas de Sony. Diversos autores surgían, creando movimientos contradictorios, que no seguían ningún modelo preestablecido. Water Baby Moving, de Brakhage, en 1959, causó un gran impacto, pues el cuerpo humano se situaba en el centro, dentro de las marcas estilísticas. Mc Laren, con Begone Dull Care, fue el padre del juego lúdico con imágenes.

Las raíces del videoarte se sitúan en Düsseldorf. En 1958, un grupo espontáneo se juntó para poner sus ideas en común, con la intención de hacer algo nuevo, de revolucionar el mundo del arte. Se harían llamar Fluxus. Para ello, pusieron en práctica el ataque a la música. Sentían que debían acabar con la falta de estilo de la Europa de finales de los 50. George Macuinas fue su líder. John Cage era otro de los miembros, un hombre que venía del mundo de la música, en busca de lo alternativo e indeterminado. Nam Jun Paik y Vostell son conocidos como los instrumentodestructores. Uno de sus mayores placeres era arruinar televisiones, videos, instrumentos… Sin embargo, siempre teniendo en cuenta su consideración propia de artistas.

Este grupo de artistas, precursores del videoarte, afirmaban que su poder residía en su radicalidad. Atacaban de forma directa cualquier estructura establecida, con el fin de encontrar la espontaneidad y captar el instante.

La filosofía Fluxus se basaba en que el arte es algo que sucede mientras se crea una obra, que cuando se expone es anti-arte. Robert Fillou defendía que lo bien hecho, mal hecho y no hecho eran lo mismo a la hora de analizar el arte. Para Fluxus, el arte era una diversión que debía ser simple, entretenida y sin pretensiones, tratando temas triviales. El dominio de técnicas especiales debía estar ausente, así como los innumerables ensayos o la aspiración a cualquier tipo de valor comercial o institucional. Se apodaron a sí mismos Fluxus porque “fluctuaban”, crearon la antiescuela, la anticultura. Se trataba, efectivamente, de un arte lúdico en el sentido absoluto.

Entre las aficiones de este clan se encontraba, por encima de todo, la provocación abrupta al espectador. Así, el público podía ser testigo de espectáculos en teatros en los que los artistas orinaban en el escenario mientras un himno sonaba de fondo. Las autolesiones con violines o pianos también se mostraban a menudo. La instantaneidad y fugacidad fueron retratadas en 1967 por Kaprow, al construir con cubos de hielo en agosto un muro por toda una ciudad. Se sometía al espectador a una especie de tortura, al esperar algo y encontrarse otra cosa completamente distinta. Así ocurrió en el Festival de Wiesbaden de 1962, cuando se había anunciado un concierto de piano y, de hecho, lo que se mostró fue cómo se destrozaba el instrumento.

Como formas de videoarte, Fluxus mostró la violencia como el videoarte más contemplativo. El ansia de combatir a la televisión llevó a Bill Viola, Marina Abramovic o Anne-Marie Duguet a construir una imagen alternativa. A través de la participación, la interaccion, la manipulación de la imagen y circuitos cerrados, surgieron lo que algunos consideran obras de arte, tales como Beatles Electronique (1966-69) o Núcleo y Fusilamiento del Medio (1963), de Wolf Vostell.

Según George Macuinas (1965), para establecer un estatuto no profesional en la sociedad, el artista debe demostrar que no es indispensable ni exclusivo, que el auditorio puede bastarse a sí mismo, que todo puede ser arte y, sobre todo, que cualquiera puede hacer arte. A esto es a lo que ha llegado la sociedad en la actualidad: a la pregunta de quién es artista. Cada día nacen cientos de personas que algún día desearán que sus proyectos en la vida formen parte de obras de arte. Un sueño que se cumplirá, pues ¿quién es el ser humano para decidir lo que es arte y lo que no?

Irene Sanz Duva

@IreneDuval

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