LA AMBICIÓN Y LAS NUEVAS OPORTUNIDADES DE ALONSO, MCLAREN Y HONDA

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Un artículo de Toribio para ColumnaZero.

Un artículo de Jorge Majdalani Toribio para ColumnaZero.

Miraba a un lado y hacia el otro. Pensativo. Tenía la mirada fija, en ese punto del que podría ser suyo, ese instante del que a veces se llega a tocar con la yema del dedo índice, aquel dedo que señalaba como un joven pero gran rival le ganaba la partida por cuarta vez consecutiva y la segunda enfrente suya. La mirada viajaba perdida ya, en un color de ojos donde la lluvia hacía estragos del ahogo y la orilla ya estaba demasiado lejos. Casco puesto. Aún.

Ahora, tres años después, Fernando Alonso se encuentra en un lugar de esos de espiral, donde parece imposible salir sin rendirse. Un año en los que prometía, otra vez, pero con distinto universo saliendo de un planeta que se hacía cada vez más pequeño. Él quería un nuevo reto, una motivación necesaria que había divagado por los cinco coches rojos que tuvo hasta que se diluyó. Ahora la encontró… pero la fuerza es ahora la que se esconde.

Todavía se hace escuchar la primera vez que se sintió el rugido que hacía volver a la historia allí en Jerez. Pero no era del todo ese rugido que se oía en el resto de monoplazas, sino de uno que bufaba, como constipado; el ronco motor de uno que traía demasiadas esperanzas dentro.

Pero Honda, ese gigante japonés, es parte de la fuerza por la que la motivación está, por la que Mclaren hizo que el retorno del español sea con esta dupla ganadora de antaño. Pero lo que está debajo de esa fachada llena de ilusión es que, para que brille, el tiempo debe jugar algo muy valioso, quizás lo más vistoso que se necesita: la paciencia, palabra marcada y remarcada como un tatuaje que pasa por los años sin arrugarse.

Y es que los problemas se reducen al corazón. Al V6 Turbo nipón le está costando latir en su interior. Los primeros días en la prueba andaluza era extremadamente normal, en lo que Barcelona hacía ver que quizás se juzgaba muy rápido de algo que aún no se hacía llamar.

Luego el llegar a Australia y la primera carrera del año ya reflejaba lo obvio; se podría haber llegado mejor. Sin ser del todo sorpresivo, la realidad es que han tenido un año entero para preparar concienzudamente su vuelta a la Fórmula 1, y eso entra en el modo de que a pesar de esto, no sirve como la ventaja sino como un retraso, uno grande y problemático con respecto a sus rivales, algo del que el éxito se atisba a años luz. Pesadilla.

LA AMBICIÓN Y LAS NUEVAS OPORTUNIDADES DE ALONSO, MCLAREN Y HONDA

Y es que esa pesadilla es un riesgo por el que correr. Se sabía. Una aventura joven por la que la que lo forman no tienen de eso ya. O casi. La veteranía de quien lo emprende es la de dos pilotos que traspasan la barrera de la treintena de edad y que están más cerca de los 35 que casi ninguno de los 18 competidores restantes. Pero se dice que si no tomas el riesgo no ganas. Por eso se intentó y no se dejará de intentarlo para conseguir el objetivo que tantas partes miran con tantos ojos, de esos que hacen que la presión llegue a apoderarse como comentó Jenson Button. Una amiga que de a poco puede ser una compañera difícil de llevar en el viaje, un calvario que, a estas alturas, puede empezar o quizás empiece a terminar.

Unas expectativas que ya sobresalían para esta temporada, a pesar de que con datos y hechos en la mano se veía como era más complicado de lo que parecía. Se aferraba al difícil y parecido comienzo que Red Bull y Renault hicieron del 2014 cuando en pretemporada no cumplieron ni la mitad que el resto de motoristas pero que al final del año se hicieron con tres victorias y varios podios, de los pocos que pudo hacer plante en pocas ocasiones a los inalcanzables Hamilton y Rosberg

Pero por otro lado, estaba la balanza de que el mismo Red Bull tardó casi 5 años en llegar a la cima y cuatro en conseguir la primera victoria. O el caso más cercano y en el que más se reflejan los que siguen creyendo, Mercedes; los de las nuevas flechas de plata no se hicieron con la primera piedra del éxito hasta el tercer año de su nueva entrada en la Fórmula 1, con aquella victoria de Rosberg bajo la bandera de cuadros china. Luego, como saben, hasta la nueva era en la que el Gran Circo entraba, consiguieron el campeonato del mundo arrasando de forma sublime al resto de la parrilla. Y es ahí donde en Japón y Woking quieren llegar: no les basta con ganar, sino que quieren dominar la categoría reina. Así lo cierto es que de momento el dominio no se ve dado que los puntos ni siquiera han llegado con regularidad. Mas, esta temporada de ‘debut’, son pruebas, entrenamientos, ensayos para lo que tiene que venir. Aquí se forja lo que se quiere atrapar el próximo año para amarrar lo del siguiente, donde la suerte juega un papel que se hace notar. Siempre.

Pero el recuerdo es como un suspiro, se va, aunque deja el sonido del alma para quien lo quiera escuchar. Los que se quedan ven como dos campeones con tres títulos entre ambos sólo llegan a verse al fondo del pelotón… o eso si se consigue acabar, el primer objetivo de todo hito en esto de las carreras de coches. Pero lo que no se ve es como ese asturiano con una barba tupida, ojos cansados, pelo alborotado, esboza una sonrisa de esas que solo instan a que eso de ‘Lo mejor está por llegar’, se pueda cumplir. A base de coraje, esfuerzo, talento del que sobra y del que aún queda. Ese de aquel que dejó el equipo más laureado y prestigioso de la historia para irse a un proyecto que ahora mismo está bajo tierra, pero del que no se puede dejar la última palabra por escrita. Aún no. 2016 pinta, no se sabe si oscuro o con brillo, pero se va a intentar. Casos de mejoría que se ven fuera de la estructura anglo-nipona, como alabó el director de la propia Red Bull, Helmut Marko, quien tildó de estar “asombrado” por la avanzada situación de Honda, tras acercar posturas para proveer motores a su equipo de las bebidas energéticas.

“Se llegó para terminar una tarea que se dejó a medias”, se oye. Y es que, cuando alguien desea realmente algo, el universo entero conspira para que lo logre, es un lenguaje que los ojos no pueden ver, pero que sienten que poco a poco se hace de repente… para alcanzar el camino marcado, aquel que sigue esperando.

 Jorge Majdalani Toribio

@columnazero

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1 Comment

  1. Javier

    12 abril, 2016 at 9:05

    A ver si aprovecha y gana algo el pobre Fer. Yo tengo unos calcetines suyos personalizados de cuando estaba en Renault. Qué tiempos aquellos…
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