ENTREVISTA A ZIGOR ALDAMA, CORRESPONSAL EN CHINA DEL GRUPO VOCENTO: «EN CHINA LA GENTE NORMAL NO TIENE VOZ»

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A Zigor Aldama(Bilbao, 1980) le gusta contar historias. Tanto, que no dudó en abandonar sus estudios de Ingeniería Industrial para comenzar a estudiar Periodismo. Cuenta que las noticias no son lo suyo, que lo que realmente le apasiona son los reportajes, donde puede transmitir las historias de la gente. En 1999 decidió coger las maletas y emprender una aventura en China, y desde entonces el gigante asiático ha sido su casa. Ha sido testigo de la transformación de un país que en apenas dos décadas se ha convertido en la segunda potencia mundial, pero que todavía se encuentra teñido de cierto exotismo. Una contradicción más dentro del dragón chino, en el que el que el comunismo político se combina con un sistema económico que antaño pudo calificarse como aperturismo, pero que hoy día encaja mejor en el puro capitalismo. Este bilbaíno vive en Shanghái, donde trabaja como corresponsal para los medios regionales del grupo Vocento y colabora para El País.

CZ: Dejó sus estudios de Ingeniería Industrial para comenzar a estudiar Periodismo, ¿se arrepiente?

ZA: En absoluto. Yo sabía que no iba a hacerme rico estudiando periodismo, pero lo que a mí me gusta es contar historias. Empecé estudiando Ingeniería Industrial, pero no era lo mío. Decidí cambiar de carrera, y fue un poco odisea, porque al ser el primer bachillerato “nuevo” (sin COU), me decían que tenía que volver a repetir el bachillerato por la rama de letras para poder entrar en Periodismo. Sin embargo, al final pude entrar en la Universidad del País Vasco sin hacer bachillerato otra vez. Luego, me fui a China y acabé por hacer la carrera a caballo entre China y el País Vasco.

CZ: ¿Cuándo se fue a China?

ZA: En el 99. En aquel momento no trabajaba para ningún medio de comunicación. Me fui por mi novia, que es china. Empecé a trabajar aquí como freelance, proponiendo temas para los medios regionales del País Vasco. Y al final, he acabado trabajando como corresponsal.

CZ: ¿Qué radio de acción cubre como corresponsal?

ZA: Todo el Extremo Oriente, desde la India hasta Timor Oriental. He visitado todos los países dentro de esta área menos Bután, Brunei y Corea del Norte. Los dos primeros porque son muy pequeños, y realmente las posibilidades informativas que ofrecen son muy limitadas. A Corea del Norte no he ido nunca porque no quiero participar en esos tours periodísticos-gubernamentales que te ofrecen allí y de los que no puedes salirte.

CZ: La base de su corresponsalía se encuentra en Shanghái, ¿qué diferencias informativas existen entre esta ciudad y Pekín?

ZA: Pensé en Shanghái para establecerme porque en Pekín están las bases del resto de corresponsalías españolas y como periodista, pensé que tenía que buscar un valor añadido. Shanghái tiene el mismo volumen informativo que Pekín y tengo la suerte de que tengo menos competencia. Además, Pekín está un poco desubicada en el norte del país –realmente solo tienes cerca a Mongolia y a Corea del Norte-, así que es bastante más fácil moverse desde Shanghái.

CZ: ¿Cuáles son sus conocimientos de chino? ¿Son indispensables para poder trabajar allí?

ZA: Yo tengo la suerte de que trabajo siempre con mi chica, que es china. Ella me ayuda mucho. Yo manejo el chino hasta cierto punto: soy capaz de realizar una entrevista a gente de la calle, pero no soy capaz de tener una conversación fluida con un analista económico, por ejemplo. De todas formas, prefiero tener siempre un traductor, porque en el chino son muy importantes las formas, las expresiones y los matices que se utilizan al hablar.

CZ: Trabajar en un país con un régimen totalitario, como China, supone peculiaridades a la hora de elaborar las informaciones. ¿Podemos hablar de que en China existe la censura? Y si es así, ¿cómo la ha sentido usted?

ZA: Para empezar, nadie censura lo que yo escribo. Mis limitaciones a la hora de escribir no son a priori, como las que pueden tener los propios medios chinos, sino que son más bien, a posteriori. Yo puedo escribir lo que quiera, pero debo atenerme a las posibles consecuencias. Quizá lo más complicado sean las trabas que puedas encontrarte sobre el terreno, como los problemas a la hora de encontrar fuentes o las ruedas de prensa en las que no se aceptan preguntas. No sé si podemos hablar de censura, pero sí de un Estado totalitario en el que el gobierno pone un total empeño para que los medios de comunicación ofrezcan una imagen positiva del país.

CZ: ¿Cuáles son sus principales fuentes?

ZA: La verdad es que no hago mucho caso a las fuentes oficiales. ¿Para qué voy a perder mi tiempo en ir a las ruedas de prensa si luego no puedo preguntar y, encima, varias agencias internacionales me van a dar luego toda la información? A mí me gustan más otras fuentes como los analistas, es decir, gente del mundo académico que analizan aspectos de la economía y de la sociedad, y la gente de la calle. Especialmente la juventud, que es la que está tomando el mando en China. También me gusta mucho fijarme en las zonas rurales. Ahora mismo estoy en Madrid, pero acabo de terminar un viaje de tres semanas por zonas del interior de China, de donde salen unos reportajes peculiares. No sé cómo decirlo, pero la China mala vende. Nos gusta saber que también en China hay una parte de pobreza, y nos interesamos por ella.

CZ: De todos los eventos próximos que tiene programado cubrir, ¿cuál cree que es el que interesará más al público español?

ZA: El Congreso del Partido Comunista Chino que se celebrará el próximo 8 de noviembre es un evento tan importante como el de las elecciones presidenciales en Estados Unidos. En ese Congreso es donde se decide la sucesión política de China y es algo que tendrá relevancia mundial. Saber quiénes son los dirigentes chinos y saber los mecanismos por los que se mueven es algo fundamental para entender a China. Todo esto interesa cada vez más. Hace 10 años cuando se produjo la sucesión anterior, todo lo que ocurría en China no era tan importante. China era hace 10 años el país en el que los chinos eran amarillos, iban por la calle con un gorro cónico y comían arroz. Ahora su imagen ha cambiado. El cambio brutal vivido por China y que la ha convertido en la segunda potencia mundial tiene mucho interés.

Y además, también nos llama la atención el hecho de que China es exótica, y da pie a que haya muchas noticias curiosas. Yo también exploto ese factor, pero tenemos que tener cuidado. Nos fijamos demasiado en las historias concretas que no son representativas de todo lo que pasa. Por ejemplo, esta semana ha salido la noticia de que un millonario en Hong Kong había ofrecido 50 millones de dólares a quien se casara con su hija lesbiana. Todas estas noticias curiosas fomentan otro tipo de tópicos sobre China. Por un lado tenemos una información súper oficial y por otro tenemos la anécdota, que es curiosa, que nos hace gracia. Pero en medio no tenemos un análisis reposado e inteligente de los cambios que sufre la sociedad china. O se habla del gobierno o de chorradas. La gente normal no tiene voz.

CZ: Últimamente, los políticos españoles hablan mucho sobre la necesidad de ofrecer una buena imagen exterior de nuestro país. ¿Cómo es la imagen de España en China?

ZA: Es una imagen muy exteriorizada: toros, futbol, flamenco, paella…Es una imagen agradable, pero bastante tópica y totalmente desligada de la tecnología y del conocimiento. Eso hace que las empresas españolas tengan problemas a la hora de entrar en el país y de posicionar sus productos. Los productos más tradicionales como el vino o el aceite de oliva se venden bien, pero no los productos tecnológicos e industriales.

CZ: ¿Hay crisis en China?

ZA: En China empieza a sentirse la crisis, pero de una forma diferente. Eso significa que China crece, pero menos que antes. Si en las dos últimas décadas el crecimiento medio de China era del 10%, este año crecerá alrededor del 8%. China se ha transformado, ya no es un país barato. La gente piensa que lo chino es basura del todo a cien. La mano de obra en China es muchísimo más cara que el resto de los países de la región. Un trabajador de cualquier línea de montaje cobra 300 dólares, y en Bangladés 50. Con esos 300 dólares se puede hacer mucho más que en España, porque el coste de la vida es relativamente menor. Por otra parte, la gente que tiene un buen nivel de formación tiene el mismo sueldo que en España, pero cada vez hay menos trabajo y cada vez el mercado está saturado. Hay ingenieros, y sobre todo arquitectos, que vienen aquí y cobran un sueldo inferior que en España. Pero claro, mejor venir a China y cobrar menos que quedarse en España y estar en el paro.

CZ: ¿Qué opina del conflicto territorial abierto entre China y Japón por las islas Diaoyu? ¿Quién de los dos contendientes tiene más que perder?

ZA: Las islas son chinas, por mucho que digan los japoneses, porque pertenecían antes a Taiwán. Es un conflicto bastante tonto, excepto si tenemos en cuenta que las islas son caladeros de pesca y debajo tienen recursos petrolíferos y de gas. Se ha convertido en un conflicto artificial creado por los dos países, que quieren llevar la atención a otro lugar. China no quiere que la gente esté pendiente del caso de Bo Xilai ni del próximo Congreso de noviembre y el gobierno japonés quiere ganarse a los ultranacionalistas que lo único que buscan es darle un palo a China. Realmente, desde el punto de vista informativo tiene poco interés.

CZ: ¿Qué espera del próximo Congreso del Partido Comunista Chino?

ZA: Hacer quinielas no sirve para nada, excepto para darte la satisfacción de acertarlas. Es obvio que hay luchas internas por el poder. Es un único partido, pero con 80 millones de afiliados. Todo apunta a que el vicepresidente –Xi Jinping- se puede convertir en el presidente, pero puede haber sorpresas. El escándalo de Bo Xilai deja claro que China va a seguir abriéndose al mundo, porque lo demanda el propio pueblo. Los chinos aspiran a tener más libertades. Con Internet y las redes sociales es lógico que China vaya hacia delante.

Miguel Veríssimo

@mverissimo90

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