ELECCIONES ANDALUZAS 2015: EL ANÁLISIS

Un artículo de Cenzo A. de Haro para ColumnaZero
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La fragmentación de la representación política en las instituciones públicas, la necesidad de pactar para gobernar y, por lo tanto, el fin de las mayorías absolutas es un hecho. Las elecciones andaluzas han confirmado aquello que apuntaban las europeas; pero lo que pase en Andalucía no quiere decir que vaya a pasar en el mismo sentido a nivel nacional. Analizamos el caso andaluz.

Hace apenas 60 días Susana Díaz convocó elecciones anticipadas un año antes de agotar la legislatura. Lo hizo cuando la mayoría del resto de cabezas de lista no estaban elegidos, cuando no habían consolidado su liderazgo, cuando el resto de partidos políticos no habían desarrollado ni definido su programa o no habían iniciado su inmersión en el territorio. La excusa del adelanto electoral podía ser múltiple: problemas con los ex socios de gobierno, alejarse del dedo de Griñán y presentarse como una presidenta electa por el pueblo… Cualquier argumento parecía caber en esa decisión. Con los datos en la mano, el periodo elegido era favorable. Además, se aprovechaba así el respiro invernal que le ofrecía la lenta administración judicial española en cuanto a los casos de corrupción se refiere. También se ha especulado mucho, desde el principio, desde la elección de Pedro Sánchez como secretario general de los socialistas, acerca de las elecciones pre-maternidad como primer paso de una carrera en dirección a Madrid, o lo que es lo mismo, enfrentarse al nuevo jefe. En cualquier caso y centrándonos en el tema del adelanto electoral, la hemeroteca dice que estas decisiones son fruto de una estrategia política que no es otra que la mejora de los resultados del partido en el gobierno. Si, además, se elimina a IU como socio, mejor. Siendo este el objetivo, se puede decir que Susana Díaz ha triunfado como la Coca-Cola.

A la vista de los resultados –puedes leerlos aquí – y para desgracia del PP, parece que la corrupción y los malos datos económicos no han perjudicado especialmente al PSOE andaluz. Los escándalos del PP a nivel nacional, sumado a que existe una diferencia entre los mensajes lanzados a la ciudadanía y lo que la ciudadanía recibe en su día a día –mientras el gobierno de Rajoy centra su discurso en la recuperación, los ciudadanos se centran en los costes sociales de la crisis- pueden haber amortiguado el posible coste electoral socialista. En este sentido, el fracaso de los populares es, como mínimo, escandaloso. Susana Díaz se presentaba a la reelección tras –sólo- 18 meses como Presidenta y habiendo ascendido vertiginosamente al Olimpo del PSOE nacional desde el total anonimato con el sello de ser la baronesa socialista que puede ser crítica y contraria a Ferraz. Sin embargo Juanma Moreno ha preferido centrarse en interpretar el papel de recién llegado, de nuevo en esta cosa del politiqueo que nada tiene que ver con los errores del pasado aunque vaya de la mano de Rajoy –omnipresente en la campaña electoral- y muy en contra de lo que cuenta su currículum: presidente de Nuevas Generaciones, diputado regional y en el Congreso, Secretario de Estado de Servicios Sociales e Igualdad… Ningún partido ha podido contra un gobierno 37 años en el poder, que desde 1977 ha ganado todas menos cuatro consultas electorales –las de 2011 y las municipales de 1979- y que deja un 34% de paro. Que el cambio en Andalucía haya llegado consolidando un gobierno socialista casi sin competencia electoral es un tema a analizar profundamente. A la espera de las encuestas post electorales estamos.

Muy probablemente Moreno tenga en mente a Rajoy como artífice y culpable de la incompetencia con la que han resuelto los populares estas elecciones. Quizá también Cospedal, con esto de que descartara a su candidato. Razón no les faltaría. Si atendemos a las tendencias marcadas en lo que llevamos de siglo podríamos afirmar que las municipales de 2011 desvirtuaron el escenario de poder político andaluz inclinándose en desmesura a favor del PP propiciando así su mayoría absoluta en las generales de noviembre. En las autonómicas de 2012, elecciones donde los mensajes andaluces se mezclan necesariamente con los españoles, ya se indicaba una vuelta a la normalidad que confirmaron las pasadas elecciones europeas, las cuales y a pesar de la baja participación y la irrupción de PODEMOS, mostraban al PSOE como fuerza más votada con valores cercanos al 40% de los votos. Las encuestas indicaban esta horquilla de porcentajes, y en este caso no han fallado.

TendenciasAndalucia

A pesar de lo que las encuestas decían, las europeas de 2014 ya habían marcado el escenario de futuro en el que se está desarrollando, y probablemente se siga desarrollando, la política andaluza de cara a las próximas elecciones municipales y generales. Será interesante poner el foco de atención en la parte baja de la tabla, en IU concretamente, formación que siempre obtiene sus mejores resultados en las municipales; y cuál será la representación que obtenga PODEMOS.

Más allá de los propios resultados, unos datos especialmente útiles que nos ayudan a estudiar y comparar procesos electorales son los índices de concentración y fragmentación del voto. Hemos escogido las autonómicas de 2008 donde el PSOE obtuvo mayoría absoluta, las de 2012 donde fue necesario el pacto para la gobernabilidad, las europeas que indicaban el descenso del bipartidismo y las recientes autonómicas.

CalculosAndalucia

La interpretación es simple: el índice de concentración es la suma –en porcentaje de votos válidos- de las dos fuerzas políticas más votadas, en este caso cuántos votos aglutina el bipartidismo. De 2012 hacia atrás PSOE y PP han concentrado más del 80% de los votos emitidos –la presencia electoral e institucional de Izquierda Unida y de partidos menores como el Andalucista han hecho que concentre menos votos que en otras regiones próximas como Castilla – La Mancha, Murcia o Extremadura donde el bipartidismo supera el 90% de votos válidos-. Esa concentración ha descendido 20 puntos en las europeas de 2014 manteniendo dicha diferencia en las andaluzas de 2015; lo que quiere decir que, a pesar de que el PSOE obtiene una mejora parlamentaria y electoral relativa respecto a las anteriores elecciones, la concentración electoral es la misma que anunciaba que le bipartidismo estaba tocado. El mérito, en este caso, recae casi en su totalidad en el partido de Rajoy. Aunque ambas formaciones han visto menguado su poder electoral, el PP ha sido el único que ha sufrido gravemente el desgaste –mayor que el indicado por la mayoría de las encuestas- ya que Susana Díaz, meritoriamente “sólo” pierde 160.000 votos aproximadamente y ha aumentado su diferencia con el primer partido de la oposición. Lo que está claro es que se ha creado un escenario donde los recién llegados –y no otras formaciones históricas- son los beneficiarios directos de lo que está pasando por arriba de la tabla. Esto lo confirmamos mirando el índice de fragmentación del voto y el número efectivo de partidos –NEP-.

En 2008, con el PSOE gobernando en mayoría absoluta y una concentración del voto de más del 86%, existía una probabilidad del 61% -fragmentación del 0,61- de que dos electores cualesquiera escogidos al azar voten a partidos diferentes. ¿Cuáles? Los que indica el NEP: 2,6 partidos. Estos son el PSOE, PP y, en contadas ocasiones, otro más. Esto quiere decir que en 2008 el bipartidismo era quasi perfecto –la perfección estaría en una fragmentación del 0,5 que indica que un elector puede votar en igual proporción a uno u otro partido-. En 2012 aumenta levemente la fragmentación cuando el NEP indica que los partidos en juego ya no son dos sino tres. La diferencia clave viene en 2014 cuando el índice de fragmentación aumenta diez puntos y el NEP dice que hay más de cuatro partidos con capacidad para recibir los votos de la mayoría de los electores. Las andaluzas de 2015, nuevamente, nos dejan índices parecidos a las europeas. Con las probabilidades en mano, viendo su tendencia y sabiendo, por los resultados, el ascenso de CS al top 4 de la política andaluza, podemos decir que mientras PSOE, PP, PODEMOS y CS pueden ser partidos de Gobierno, Izquierda Unida podría estar convirtiéndose en un partido-anécdota en niveles parecidos a periodos anteriores a 2008. Eso también quiere decir una cosa tan simple como que donde antes comían dos, ahora comen cuatro.

La importancia de los nuevos votantes y los no votantes

Las elecciones europeas se anunciaron como las del fin del bipartidismo, las de la irrupción de PODEMOS y la del cambio en el sistema de partidos. Desde el pasado junio la demoscopia ha ido mostrando una transformación paulatina y profunda de las bases electorales, además de un cambio en el sistema de partidos. Andalucía, si bien no puede extrapolarse a la situación nacional por sus rasgos diferenciadores, ha ofrecido los primeros datos reales que confirman que el cambio ya fue indicado en 2014 y que lo que pase en 2015 va a seguir una tendencia que ya conocíamos. Es decir, no debería de ser una sorpresa que PODEMOS no haya llegado al gobierno andaluz; tampoco debería de serlo el descenso de votos del bipartidismo ni el hundimiento del PP; y tampoco comprobar que la participación no remonta a niveles superiores del 65%. Si bien lo normal es encontrarse con elecciones de continuidad, con comportamientos políticos conservadores y estables sin excesivas variaciones que expliquen el cambio, una de las diferencias más importantes entre Andalucía y el resto de España tiene que ver con esa fidelidad ideológica. Según analizan Carmen Ortega y Juan Montabes, el voto en Andalucía está motivado por la vinculación psicológica que el elector desarrolla con el partido. Los andaluces son leales a los partidos mayoritarios, existe una identificación partidista entre Andalucía y el PSOE y –en menor medida- el PP. Esta vinculación aporta estabilidad en el comportamiento electoral e imprime coherencia a la hora de ejercitar el voto. Cuanta más lealtad y fidelidad, más participación. De hecho, según las encuestas, la base más sólida de voto socialista viene de esa afinidad e identificación con el partido. No es de extrañar que, cuanta más baja sea la participación, menor sea el apoyo hacia el PSOE y el PP. Las autonómicas de 1996, 2004 y 2008 tuvieron una participación muy superior al 70% porque coincidieron con elecciones Generales. Una participación “normal” para las autonómicas se situaría entre el 65 y el 70%. Las elecciones que acabamos de vivir apenas llegan a este intervalo. Si tenemos en cuenta que no hay un número considerable de nuevos electores ya que el censo va a la baja, y que la abstención es de las más altas registradas en los comicios autonómicos, se podría afirmar que la lealtad al partido es una de las variables que producen una participación inferior a la habitual. Este electorado es abstencionista porque prefieren no votar que hacerlo a otras fuerzas políticas. En ese sentido PODEMOS y Ciudadanos van a tener trabajo arduo para convencer a este votante próximo al PSOE o al PP, lo que hace preguntarnos, en este nuevo contexto político, dónde está el techo electoral de las formaciones políticas; y si, en algún momento, PSOE y PP vayan a poder recuperar a este electorado leal. En este sentido más le vale al PSOE quitarse de la cabeza que la victoria en Andalucía es una victoria nacional, como afirmaba Pedro Sánchez; y que el fracaso del PP significa la caída de la derecha española. El suelo puede estar mucho más abajo y PODEMOS y Ciudadanos todavía tienen mucho que demostrar.

Cenzo A. de Haro

@columnazero

 

2 Comentarios

  1. De los mejores análisis que he leído incluyendo lo de los grandes medios. Así da gusto. Felicidades a los responsables. Un saludo desde Granada. Elisa

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    • Muchas gracias, Elisa. Lo que sí da gusto son valoraciones como la tuya. Un saludo!

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