EL RETORNO DE SABINA

Un artículo de Ana Romero para Columnazero.
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Dice de sí mismo que no es profeta del vicio, ni héroe en las barricadas, ni ocupa, ni esquirol. Ni rey de los suburbios, ni flor del precipicio, ni cantante de orquesta, ni el Dylan español. Joaquín Ramón Martínez Sabina vuelve, después de 8 años sin grabar un disco de estudio, con “Lo Niego Todo” (Leiva, 2017), un trabajo que verá la luz en marzo de este año.

Siempre le dijeron que no cantaba bien. Y es cierto. Lo suyo era -y es- escribir, lo hacía en Úbeda y cuando se fue a estudiar a la Universidad de Granada. Se inventaba poemas y leía con voracidad a Pablo Neruda y a César Vallejo. Fue su novia escocesa de entonces quien le convenció de que si Bob Dylan, con su árida voz podía cantar y tener éxito, él no iba a ser menos. Mientras fregaba platos en Londres con un salario mediocre, se fijó en un artista latinoamericano que cantaba peor que él y ganaba más. “Lo de cantar vino” le decía a RistoMejide en una entrevista “Como vienen todas las cosas que no tienen mucho sentido”.

EL RETORNO DE SABINA

De las cinco libras de propina que le dio George Harrison en un bar a ser el número 1 de los 40 Principales con “Pongamos que hablo de Madrid”, en 1979, hay un lapso de tiempo que su ex mánager, Paco Lucena, se ha encargado de relatar en numerosas entrevistas. Según su compañero, no fueron 500 noches, sino muchas más. “Conocimos todos los hoteles y más de una casa de citas de España y Latinoamérica. En todo ese tiempo nos acostamos con más de 2.000 mujeres.” Desde siempre, producto de la fascinación y de las malas y buenas lenguas, han llovido mitos alrededor de su personaje: cocaína, whiskey, mujeres…Vivía de noche y no se ocultaba. El humo y la sensación de estar rodeado de gente sin conocer a nadie le inspiraban a la hora de crear su música. Una caricatura que le ayudó a estirar su juventud como si fuera un chicle hasta sus 50 años.

Al Sabina de ahora lo que le gustan son los sonetos, el verso sin acorde, las reuniones con grandes y pequeños escritores: Ángel González, Benjamín Prado, Almudena Grandes… No solo admira el arte sino que también lo crea. Su pasión ha quedado plasmada en un libro de dibujos que se llama Garagatos (Artika, 2016) y que reúne, según la nota promocional, “66 dibujos facsimilares”, “un desplegable de casi tres metros de largo” y un repaso al “universo creativo del artista a través de la mirada de grandes autores”. Todo ello, por el precio de 2.100 euros. En una entrevista con El Mundo, un periodista se sorprendió cuando el artista le dijo que alguien debería regalarle su libro.  “¿Y qué?”, interpeló el cantautor. Y otra vez surge esa disyuntiva entre decidir si es un artista populista o un inconsciente adolescente de 67 años.

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Benjamín Prado, coautor del próximo trabajo del artista, explica que fue, como siempre, una idea de Sabina: “Quería hacer una obra contra su propio mito”. Prado cuenta que al cantautor le hastiaba su propio personaje y sentía la necesidad de saldar sus cuentas con ‘Lo niego todo’, un tema en el que desdibuja a su personaje, donde confiesa que llora los domingos por la tarde con películas cursis de amor.Desde un punto de vista sonoro, el single aporta un cambioinstrumental y melódico que a Sabina le urgía. Leiva es la “novia nueva”, la ventana abierta que aporta un punto de vista con menos carcoma, mucho más picante. La banda que le arropa enel álbumla conforman primeros espadas del rock español, como el baterista José Niño Bruno, el bajista Candy Caramelo, el teclista César Pop o, a las guitarras, Ariel Rot y Carlos Raya. Sin embargo, para la gira –que arranca el 20 de abril en Quito–, el cantautor recurrirá a sus músicos de siempre.

Cuando parecía que el Calderón no iba a llenarse de nuevo con su ronca voz, la leyenda del que fue “un cateto en la Gran Vía” ha vuelto para contar la historia de siempre, pero desde el filtro de su propia verdad. Y tiene toda la pinta de que la espera de 8 años ha merecido la pena.

Ana Romero Fernández

@AnaRmro

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