EL RARITO QUE HABITA EN WES ANDERSON

Una colaboración de Dafne Calvo, directora de La Encuadre, para ColumnaZero.
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Una colaboración de Dafne Calvo, directora de La Encuadre, para ColumnaZero.

Si el séptimo arte ha conseguido crear raritos inolvidables, hay autores que toman la extravagancia como rasgo idiosincrático de sus personajes y pilar fundamental de sus películas. Wes Anderson es uno de ellos.

En 1980 Wes Anderson era un pequeño tejano de once años que deseaba grabar sus películas en super 8. Comenzó, como comenzaron otros tantos directores, grabando cortometrajes, afición que le llevó a co-escribir el cortometraje “Bottle Rocket” con su amigo Owen Wilson, a quien conoció en la universidad.

El corto se convirtió en un largo homónimo dos años después protagonizado por los hermanos Wilson. Owen y Luke son respectivamente Digan y Antohony, dos amigos que se dedican a robar tras haber salido del manicomio donde ingresaron voluntariamente. Unos antecedentes extravagantes, pero no suficientes para Anderson, que en sus películas mostrará siempre ese retrato de los personajes principales, incidiendo en sus diálogos y en la manera de la que actúan.  Digan y Antohony son dos personajes que han normalizado su demencia, actuando con una especie de socarronería satirizada, algo parecido a lo que los hermanos Cohen hacen con sus propios filmes.

Raros, pero no el raro inherente en Wes Anderson.  Porque este, además de un ser peculiar, es un marginado dentro de un ambiente ya extravagante. Algo así ocurre con Jason Schwartzman bajo la piel de Max Fischer en “Academia Rushmore”, de 1998. El protagonista de quince años es capitán del equipo de debate en su instituto, además de presidente del club de caligrafía, fundador de la sociedad de balón prisionero, presidente de los apicultores de Rushmore…y, según su director, uno de los peores estudiantes. Entró en la Academia por haber escrito una obra teatral (y es que el propio Wes Anderson era ferviente participante en sus obras escolares)  pero ahora estaba a punto de ser expulsado por sus malos resultados. Sólo su joven amigo Dirk Calloway, interpretado por Mason Gamble, le podría echar de menos, y a veces ni eso.

Max Fischer es un personaje dentro del personaje mismo, un adolescente que pretende comportarse como un adulto altivo de café por la mañana y periódico por la tarde en el salón de su casa. Ha leído que “cuando un hombre, por la razón que sea, tiene la oportunidad de llevar una vida excepcional, no tiene derecho a guardársela para sí mismo”. Y por la cita intentará conquistar a una profesora y construir un acuario gigante en su academia, aunque sólo consigue el rechazo de ella y la expulsión de la otra. Son los sueños rotos tratados en una comedia ácida, con un protagonista que representa la firmeza irritante y la crítica mordiente consustanciales a su personalidad.

Este humor negro aparecerá durante toda su filmografía, también en su siguiente película, en la que inserta igualmente un rasgo bibliográfico: la separación de sus padres. En 2001,  “Los Tenenbaums. Una familia de genios” narraba el reencuentro familiar tras la separación años antes de sus padres, Royal Tenenbaum y Etheline de la mano de los actores Gene Hackman  y Anjelica Huston. La pareja tuvo tres hijos, o tres pequeños genios: Chas, un experto en las finanzas internacionales desde su adolescencia; Margot, escritora de teatro que perdió un dedo cuando se escapó de casa en busca de sus padres biológicos y Richie, profesional de tenis desde los diecisiete años. Los genios crecieron, los encarnaron  Ben Stiller,  Gwyneth Paltrow y  Luke Wilson respectivamente, y volvieron al nido familiar con sus catástrofes y derrotas particulares. Su padre, al que no ven desde hace décadas, volverá también a casa, pero por razones diferentes y fingiendo un cáncer de estómago que acabaría con él en apenas unas semanas. Toda la familia cuenta con sus pequeñas individualidades, Wes Anderson no evita el conflicto, ni la tristeza de algunas ocasiones, ni la sátira corrosiva en otras tantas.  Sólo al final indulta a los personajes y les deja vencer sobre aquello contra lo que luchaban: no sus extravagancias, sino la vida misma.

De las relaciones paternofiliales Wes Anderson también escribe tres años más tarde en “Life Aquatic”, donde el documentalista sobre oceanografía Steve Zissou conoce a Ned Plimpton, un supuesto hijo  al que no conocía anteriormente. Ambos se embarcan en una aventura para destruir al tiburón que se comió a uno de sus compañeros. Steve Zissou es un tipo excéntrico, con una extraña forma de liderazgo basado en un carisma relativo, pero manifiesta para los suyos, tal vez porque se trate de un homenaje al oficial naval Jacques Cousteau. Primera película de Bill Murray en el papel protagonista con el director, acompañado de Owen Wilson como Ned Plimpton y Anjelica Huston como Eleanor Zissou. Los tres ya habían trabajado juntos en la película anterior de Wes Anderson, y es que el director confía en un mismo elenco para interpretar a sus raritos de cine: Bill Murray u Owen Wilson aparecen en siete de sus trabajos y  Anjelica Huston en tres. Hay más actores usuales en la filmografía de Anderson, como Jason Schwartzman, Willem Dafoe, Luke Wilson, Kumar Pallana o Adrien Brody.

Serán  Owen Wilson, Jason Schwartzman y  Adrien Brody los protagonistas de la siguiente película del realizador. En 2007 se vuelve a sumergir en la dificultad de las relaciones familiares con  “Viaje a Darjeeling”, donde tres hermanos (Francis, Peter y Jack) se unen en un recorrido por la India en el tren Darjeeling Limited tras la muerte de su padre, después de llevar años sin saber los unos de los otros. Una road movie que demuestra las complicaciones de la convivencia permanente, más entre personas con idiosincrasias tan particulares como las de estos tres hermanos, particularmente la del hermano mayor, Francis. El primogénito, que se presenta ante sus hermanos con la cara  vendada (por haberse accidentado ¿involuntariamente? con su moto) hace uso de una verborrea insultante y una perspectiva irritante sobre la forma de actuar de sus hermanos durante el viaje para con la memoria de su padre. Un intento de liderazgo que sólo conseguirá la peor de las reacciones de sus hermanos, quienes se conceden entre ellos una complicidad como forma de defensa contra su hermano mayor. Como en filmes anteriores, Wes Anderson deja para el final el prisma más humano, tras haber representado una comedia negra, a veces taciturna, de unos personajes  que sobreviven al encuentro con las rarezas características de cada uno de ellos.

“Fantástico Sr. Fox”, en 2009, convierte a otro personaje en un héroe (o antihéroe), esta vez con un zorro ladrón de gallinas que ha de luchar junto con otros animales contra los granjeros que quieren acabar con su hogar. Película de animación que cuenta con un reparto de renombres en el doblaje, encabezados por George Clooney como Mr. Fox y Meryl Streep como Mrs. Fox. Con un humor más blanco, tal vez por la búsqueda de una historia que cautive a los niño pero a su vez haga las delicias de los mayores, “Fantástico Sr. Fox” recrea un mundo donde las particularidades de cada ser se encuentran normalizadas allí donde las rarezas se inscriben como elementos sobre todo amables de la sociedad. No sobra recordar que el largometraje está basado en la historia de Roald Dahl, escritor británico también autor de “Charlie y la fábrica de chocolate”, “James y el melocotón gigante” o “Matilda”, tres relatos que en la gran pantalla han demostrado un cariño especial por los tipos raros e inadaptados.

Pero la película que posiblemente muestre mejor las rarezas de Wes Anderson sea la última de su filmografía.  Alabada por la crítica y por el público que disfrutó de ella desde su estreno en 2012, “Moonrise Kingdom” es de nuevo una historia donde la comedia ácida va de la mano de unos personajes extravagantes que obtienen al final del filme una esperanza para sentirse bien consigo mismos, dentro del lugar donde les ha tocado vivir. En un pequeño pueblo del New England de los años sesenta viven Sam Shakusky  y Suzy Bishop, interpretados por Jared Gilman y Kara Hayward respectivamente. Él es el menos querido de su grupo de scouts, y ella, según sus padres, una niña problemática sin amigas. Hablan por primera vez cuando Suzy interpretaba al cuervo en una obra de teatro sobre el diluvio universal y tras un intercambio epistolar, donde ambos se confiesan disgustados por su realidad presente, deciden escapar. Comienza entonces una búsqueda por parte del pueblo, tampoco exento de particularidades, encabezados por Bruce Willis como el Capitán Sharp y Edward Norton como el Jefe de unos Scouts que buscan a su compañero desaparecido con hachas, machetes y palos llenos de clavos. Mientras tanto, los dos jóvenes harán lo posible para no ser descubiertos, utilizando los conocimientos sobre la naturaleza de Sam (como chupar piedras para acabar con la sed) y las habilidades para la defensa de Suzy (algo que sentirán en sus carnes los scouts que pretendan atacarlos). Entre conversaciones sobre la orfandad de uno y los robos en la biblioteca escolar de ella, los pequeños acaban enamorándose.  Un amor grave, contenido pero intenso, que llevarán hasta sus últimas consecuencias: Romeo y Julieta, pero con la intención de seguir vivos, y casarse. En “Moonrise Kingdom” Wes Anderson ofrece el retrato más completo, sombrío, tierno, agridulce y empático de su filmografía. Porque aquí consigue como en ninguna otra película alzar la realidad extraña a mundo corriente, y convertir a sus protagonistas en raros por inadaptados.

Su siguiente película, “The Grand Budapest Hotel”, tiene el estreno previsto en 2014. En ella el conserje de un hotel y un joven empleado con el que traba amistad se sumergen en la recuperación de un cuadro renacentistas de un muy elevado precio. Queda aún un año para conocer cómo de extraños serán los personajes de esta nueva comedia, o si siquiera se caracterizarán por estar llenos de singularidades. Aunque, tratándose de Wes Anderson, lo raro sería lo contrario.

Dafne Calvo (@DafneCalvo)

Directora de La Encuadre (@LaEncuadre)

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