EL OBTURADOR: WES ANDERSON

Un artículo de Alfredo Paniagua para ColumnaZero.
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Un artículo de Alfredo Paniagua para ColumnaZero.

Esteta, soñador y cineasta con universo propio.

Nacido en Houston (Texas) en el año 1969, la juventud de Wes Anderson no difiere demasiado de las de otros cineastas que han acabado creando un universo propio, característico, muy personal. Si bien, por los azares de la vida, y a pesar de su creciente afición por el celuloide, sus estudios derivaron hacia la filosofía, esta elección casualmente le llevó a conocer al futuro actor Owen Wilson, con quien ha contado en algunas de sus películas y con el que escribió Bottle Rocket (1996), su primer largometraje, protagonizado por el susodicho Owen Wilson, y basado previamente en un cortometraje del año 1994 que ellos mismos desarrollaron.

Iniciada su andadura como cineasta profesional con este largometraje reciclado de una pieza en corto, el mundo del cortometraje nunca le fue ajeno a Wes Anderson. Hasta la fecha cuenta con seis cortos dentro de su carrera como cineasta profesional: el citado Bottle Rocket (1994), Hotel Chevalier (2007) que acompañaba a la proyección de su filme Viaje a Darjeleen (2007); dos cortometrajes precursores de su largometraje Moonrise Kingdome (2012) que fueron Cousin Ben Troop Screening with Jason Schwartzman (2012) y el homónimo Moonrise Kingdome (2012); el rural Castello Cavalcanti (2013), en el que cuenta la historia de un piloto de fórmula 1 en el año 1955 que tiene un accidentado final de carrera en un acogedor pueblo italiano; y Prada Candy (2013) es el último de sus cortometrajes, entrando en el terreno del anuncio-historia, éste es uno de los tres anuncios-episodios promocionales del perfume Prada Candy, en el que comparte dirección con Roman Coppola.

Su colaboración con la marca Prada le llevó, no solamente a dirigir para la compañía el citado anuncio, también Wes Anderson fue el responsable del diseño de interiores del Prada Café Bar Luce, imprimiendo un estilo visual e icónico de los palacios de diseño de Milán en la época de los años 50. Prada también fue la compañía productora del cortometraje Castello Cavancanti y ha establecido unos fuertes lazos colaborativos con el realizador para llevar a cabo proyectos en un futuro próximo.

Como creador de largometrajes es donde Wes Anderson empatiza más con el gran público. El director es un autor que tiene una importante proyección hacia las masas. Sus películas, a pesar de la gran carga autoral que disponen, transmiten mensajes muy positivos a través de historias y personajes sumamente entrañables, cercanos y empáticos con la audiencia. Podría decirse que Wes Anderson es un realizador que ha alcanzado un difícil equilibrio, el de ofrecer una perspectiva de la narración y de lo visual del todo personal, y el de ser un director “comercial”, aunque esta palabra hay que tomarla con todas las precauciones necesarias tratándose de un caso tan particular como el suyo.

Hemos mencionado la película Bottle Rocket como su primera puesta en largo, un título de argumento realmente disparatado: varias personas recién salidas de un manicomio donde ingresaron voluntariamente deciden emprender una aventura como gangsters novatos. El estilo visual de Anderson empezaba a tomar forma, a la vez que contó en el reparto con algunos de sus actores fetiche. De factura “indie” y con unos resultados muy limitados, Bottle Rocket le sitúa dentro de la geografía del floreciente cine independiente americano de los años 90. Solo un puñado de directores sobrevivieron a esta indispensable corriente, uno de ellos fue Wes Anderson. La Academia Rushmore (1998) es una película que también está encuadrada en este periodo de creatividad cinematográfica; con un porte más maduro, la historia cuenta los devaneos académicos y amorosos de un microcosmos formado por alumnos y profesores, peculiares todos y con momentos tan delirantes como inolvidables.

Los Tenenbaums, una familia de genios (2001) es una película realizada en el nuevo milenio, con un corte y una estética que va asemejándose a lo que conocemos hoy de Wes Anderson. El argumento es menos bondadoso que en sus anteriores títulos, reconociéndose en el fondo como una película pesimista. En el reparto nos encontramos nombres nuevos que nunca habían trabajo con Anderson, como el veterano Gene Hackman o los valores en alza Ben Stiller y Gwyneth Paltrow. La película obtuvo numerosas nominaciones a los premios más importantes del cine norteamericano pero sus expectativas quedaron en agua de borrajas al no hacerse nada más que con el reconocimiento de Gene Hackman como mejor actor de comedia en los Globos de Oro y en los premios de la Asociación de Críticos de Nueva York.

El título que supone un salto cualitativo en su carrera es Life Aquatic (2004), en la que vuelve a contar con Bill Murray y Owen Wilson como principales actores del reparto e incorpora a la carismática Cate Blanchett. Inspirada en las aventuras submarinas del oceanógrafo Jacques Cousteau, la película narra la delirante venganza de un oceanógrafo (Bill Murray) contra un tiburón blanco que ha asesinado a su mejor amigo. Para ello monta una expedición que descubrirá mucho más de los personajes de lo que ellos creen saber de sí mismos. Nuevamente, la película hizo acopio de nominaciones pero sin llegar a conseguir premios de importancia.

Viaje a Darjeleen (2007) es la película con la mejor ha conectado hasta la fecha con el gran público. Nuevamente los actores vuelven a repetirse entre los habituales de su cine y se incorpora en casi desconocido Adrien Brody. Viaje a Darjeleen es una road movie exótica y especiada, un viaje por la India que depara innumerables sorpresas al trío protagonista: Owen Wilson, Adrian Brody y Jason  Schwartzman. Las proyecciones de esta película venían acompañadas del previo Hotel Chevalier (2007), un cortometraje protagonizado una vez más por Jason Schwartzman y por Natalie Portman. El éxito comercial y de crítica de este filme convirtieron a Wes Anderson en un director afín a los grandes estudios y querido en las salas de cine. Su visión positiva del mundo, su estética colorista y la accesibilidad de la historia para el público generalista le granjearon palmadas en la espalda allá donde Anderson viajaba con sus proyectos bajo el brazo.

El inciso que Wes Anderson realiza con el largo de animación El Fantástico Mr. Fox (2009) ha servido, a la larga, para prefigurar su última y quizás mejor película, Isla de Perros (2018). El Fantástico Mr. Fox estaba basada en un relato corto para niños de Roald Dahl. Cuento agridulce y de ánimo costumbrista, también le valió para hacerse con un puñado de nominaciones a los Globos de Oro y a los Oscar de la Academia de Hollywood.

Moonrise Kingdom (2013) y El Gran Hotel Budapest (2014) nos muestran a un Wes Anderson totalmente estilizado. Es innegable que el estilo de Anderson está depurado hasta límites manieristas, y que la belleza de sus imágenes, su ritmo y su sentido del humor ya forma parte del imaginario cinéfilo del aficionado de género y del público en general. Ambas películas cosechan un gran éxito entre público y crítica, pero es sobre todo El Gran Hotel Budapest la que recibe el reconocimiento que su cine tanto ansiaba: la película se alza con cuatro premios Oscar y el premio a mejor comedia en los Globos de Oro. El Gran Hotel Budapest se puede valorar como la película canónica de Wes Anderson, la síntesis de todo lo que es y representa su cine.

Su última obra es Isla de Perros (2018), una entrañable fábula de animación que entra de lleno en el terreno de la distopía científica y social, a la vez que rinde un intenso homenaje a Japón y su cultura popular. En un Japón del futuro, las ciudades se despojan de perros debido a la aparición de una virulenta enfermedad, las mascotas son exiliadas a una isla-vertedero, pero un niño de doce años emprenderá un viaje para buscar a su perro extraviado. A pesar de contar con personajes de animación, Wes Anderson realiza una labor impresionante dotando de vida a toda una pléyade de animales que gesticulan, sienten y piensan de la misma forma que un ser humano, sin perder un ápice de su animalidad. Isla de Perros es un cambio de registro importante, pero del que Anderson ha salido con buen pie y su cine se ha fortalecido de una manera inconmensurable.

Alfredo Paniagua

@columnazero

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