EL CUENTO DE LA CRIADA, UNA SERIE NECESARIA

Un artículo de Alfredo Paniagua para ColumnaZero.
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Un artículo de Alfredo Paniagua para ColumnaZero.
Un artículo de Javier Ateca para ColumnaZero.

La norteamericana Hulu hace historia al convertirse en la primera plataforma de streaming en conseguir el Emmy a Mejor Serie Dramática.

Empecemos diciendo que El cuento de la criada no es una serie agradable de ver, es de esas historias que te pellizcan el estómago, que te dejan mal cuerpo, vamos. El futuro que narra es desolador, tan aterrador que lo que hoy vivimos, sería un paraíso con gastos pagados. Es lo que se denomina distopía, es decir, lo contrario a la utopía, una realidad negativa que en la mayoría de los casos, convierte a los seres humanos en esclavos de una minoría. Pues bien, El cuento de la criada sería el no va más de las historias distópicas. Rodada con una calculada, y estremecedora frialdad, la serie nos presenta, entre otras barbaridades, una sociedad donde las  mujeres son tan solo objetos que sirven para un único propósito: traer a este mundo desolador, hijos y más hijos, engendrados eso sí, por la élite masculina con el visto bueno de sus esposas infértiles.

Desde luego, no se trata de una comedia ni de una crítica ácida. Hablamos de un mundo del que dan ganas de bajarse a la primera. Como el de ahora, pensaran muchos, pero sin un atisbo de esperanza. Una inteligente adaptación de una no menos inteligente novela de la escritora canadiense Margaret Atwood, donde se plantean dos de los temas habituales de sus obras: la crítica social y el papel de la mujer. En palabras de su autora, se trata de “un relato imaginario de lo que sucede cuando ciertos no infrecuentes pronunciamientos sobre las mujeres se llevan a sus conclusiones lógicas”.

Construida a modo de flashbacks, El cuento de la criada salta del pasado al presente narrado en primera persona por su protagonista. Pocas son las pistas que se nos dan, las justas para que el espectador se contagie de la inmensa angustia que sobrevuelatoda la serie. Una angustia que te golpea el estómago, que la puedes tocar tan solo al cruzar una mirada con una de las mujeres protagonistas. Mujeres a las que se viola sistemáticamente en presencia de las esposas de sus violadores, en un acto al que denominan la ceremonia. Todo esto ambientado en un Estados Unidos dictatorial en el que se han suprimido derechos fundamentales como la la libertad de prensa y donde las torturas o las ejecuciones forman parte del día a día.

EL CUENTO DE LA CRIADA, UNA SERIE NECESARIA

Fascinante (ya lo era la novela), es la palabra que más se nos viene a la cabeza cuando hablamos de esta serie, fascinante gracias a su ritmo, pausado, pero contundente y medido; su fotografía, fría pero con una extraña calidez; su música, seca y penetrante; sus actores, un reparto en estado de gracia en el que sobresale por encima de todo y de todos, su protagonista, una inmensa Elisabeth Moss, que soporta todo el peso de la historia, en lo que ya es una clase magistral de interpretación (sus primeros planos, sus silencios, son todo un desfile de contención solo al alcance de las más grandes). La Moss es capaz de plasmar la absoluta desolación en la que vive sin pestañear. Grande.

En El cuento de la criada todo resulta perfecto, un conjunto de piezas que encajan con tal naturalidad que resulta imposible no quedarse pegado a drama que por otra parte, produce un rechazo inmenso. Construida con inteligencia, posee un absoluto dominio de lo que es la nueva ficción televisiva del siglo XXI, y de lo que espera el espectador de hoy. No se si es posible encontrar belleza entre tanto horror, pero televisivamente hablando, aquí hay belleza, y mucha, al igual que hay horror, y mucho. Por cierto, en los pasados Emmys arrasó consiguiendo ocho estatuillas.

Personalmente, solo tengo un pero que ponerle, pero es un pero muy personal. No me gustan este tipo de historias tan desgarradoras. No, porque su realismo es tan brutal que lo impregna todo y eso hace su visión más insoportable si cabe. Pero insisto, es algo muy particular, posiblemente un defecto de fábrica. Me cuesta verla, me inquieta demasiado. He retrasado su visión y hablar de ella, todo lo que he podido (aunque ahora me alegro de haberlo hecho porque creo que necesitaba dejarla reposar tres ver los primeros episodios) pero ya tengo el criterio y las palabras, que no han sido fáciles de encontrar, para describir algo que te encanta pero que te perturba al mismo tiempo.

Entiendo y comparto su admiración de quienes la consideran la serie del año, incluso a los muchos que creen que es una serie necesaria, lo es, y curiosamente está basada en una novela escrita en los años 80. Que 30 años después, siga siendo tremendamente actual,te da que pensar. Algo malo estaremos haciendo. Aunque no sea en el caso de las series…

Javier Ateca

@columnazero

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