DE FELIPE GONZÁLEZ A PABLO ESCOBAR

Un artículo reportaje de Pablo García Lanza.
VN:F [1.9.22_1171]
Rating: +8 (from 8 votes)
VN:F [1.9.22_1171]
Rating: 9.3/10 (12 votes cast)
Un artículo reportaje de Pablo García Lanza.
Un artículo reportaje de Pablo García Lanza.

Nacido en Colombia, Pablo Emilio Escobar fue el tercero de los siete hermanos de un agricultor (Abel Escobar Echeverri) y una maestra (Hermilda Gaviria Berrìo). Siempre presumió de orígenes humildes, aunque realmente en su juventud, la familia Escobar gozó de una situación económica bastante acomodada. Los que le conocieron en esta época de su vida, destacan que ya en el instituto, su talento como comerciante empezaba a brotar: vendía exámenes, prestaba dinero a bajo interés y era una figura muy popular ente sus compañeros. Decidió matricularse en la Universidad Autónoma de Medellín, pero finalmente no asistió, y empezó a trabajar para uno de los capos del contrabando en Colombia, Alfredo Gómez López “El padrino”.

Se inició siendo un simple correo de marihuana, un punto intermedio entre los traficantes sudamericanos y los mejicanos encargados de introducirla en Estados Unidos, pero a partir de ahí, su ascenso fue imparable.

Si en algo destacó fue en su visión de los negocios, cuando llegó al mundo del tráfico de cocaína, su experiencia anterior le hizo ver que las verdaderas ganancias estaban en eliminar intermediarios, en ser los únicos responsables del material: materias primas, laboratorios y red de distribución. Todo bajo el control de un mismo grupo: El Cártel de Medellín.

En otoño de 1982, el periodista colombiano Gonzalo Guillén llegó a la planta de un Boeing 747 de la empresa Avianca, que debía llevarle a España para cubrir las Elecciones Generales. Al llegar a la barra del bar del avión se encontró con un hombre pequeño, moreno y de mirada magnética, con el que estuvo conversando durante unas cuantas horas durante el vuelo. Aquel hombre se presentó como Pablo Escobar. Le pareció un personaje con una extraña mezcla entre sencillez y ostentación: vestía vaqueros y zapatillas deportivas, pero los combinaba con una camisa de seda de estampados imposibles y un reloj de dos esferas atestado de diamantes. Era, según le dijo, trabajador del Congreso Colombiano a las órdenes del Senador, Alberto Santofimio, también presente en el avión. Sin embargo, había algo extraño en esa relación. Por los cargos que ocupaban ambos, Santofimio debía ser la personalidad más importante, el “pez gordo”, pero éste trataba a Escobar con mucho cuidado, no daba la impresión que a ese hombre extravagante y singular le mandase nadie, al menos en ese avión.

El 28 de Octubre de 1982, el PSOE ganó las Elecciones Generales en España con mayoría absoluta y Gonzalo Guillén, se encontraba en el Hotel Palace de Madrid, tratando como tantos otros periodistas de tener un momento para entrevistar al nuevo Presidente del Gobierno, el hombre del momento, Felipe González. Hasta que la puerta del salón del piso superior se abrió y de allí, surgió Pablo Escobar. Con un gesto con la mano, le dio indicaciones para que subiese. Cuando llegó a la planta superior, Escobar lo introdujo en el salón, le guió entre la muchedumbre entusiasmada y al llegar al nuevo Presidente le dijo: “Doctor, le presento a un ilustre periodista colombiano”.

DE FELIPE GONZÁLEZ A PABLO ESCOBAR

Escobar no era tan conocido en aquella época como lo sería años más tarde, por lo que aprovechó ese viaje para crear contactos políticos y visitar la organización gallega de la droga. Apenas acababa de introducirse en el mundo de la política, pero no deja de extrañar que uno de los mayores narcotraficantes de la historia, y el que acabó siendo el hombre más buscado por el F.B.I a principios de los noventa, se moviese con aquella seguridad en la fiesta de la democracia Española de 1982. El encargado de invitar a Escobar a aquella fiesta, fue el tercer protagonista de nuestro artículo: Enrique Sarasola.

Enrique Sarasola Lerchundi, nació en San Sebastián en 1937, en el seno de una familia de derechas. Con 18 años emigró a Colombia. Sarasola era un hombre emprendedor, tanto, que su biografía es difícil de condensar. A su llegada a Colombia empieza vendiendo zapatos para un empresario judío, hasta que reúne lo suficiente para crear una empresa de caucho, luego una fundición entre Barranquilla y Medellín, y posteriormente crea su Sociedad ISECA, con sede en Curacao, y comienza a vender bonos a través de una empresa inscrita en Bahamas.

El negocio le va tan bien que acaba abriendo 28 oficinas de su empresa en 20 países distintos. Pero la crisis azota Sudamérica, el negocio deja de ser rentable, y Sarasola decide volver a España en 1967, después de casarse con María Cristina Marulanda, hija de uno de los mayores terratenientes de Colombia y dueño de la compañía aérea Avianca.

Poco después de llegar a España, conoce a Felipe González y se convierte al “Felipismo”. Su relación es cada vez más estrecha, y González viaja en varias ocasiones con Sarasola a Sudamérica, donde éste le presenta a su vasta esfera de contactos.

Y así llegamos al “Negocio del Siglo”…

El 19 de Julio de 1984, el Gobierno Colombiano anunció su intención de crear una red de metro en la ciudad de Medellín. La orografía de la ciudad hacía que aquella fuese una obra faraónica, y la empresa que ganase el concurso para acometer el proyecto, se embolsaría 117.000 millones de pesetas del Gobierno Colombiano.

Y ahí es donde se desató la locura. Las grandes empresas de cada una de las potencias mundiales querían ese contrato. En Inglaterra, Thatcher, envió a su representante de Comercio Exterior, Franceses y Estadounidenses, ofrecieron créditos y los más pintorescos fueron los Belgas, que decidieron mandar al Príncipe Alberto. Once consorcios internacionales se presentaron a aquel concurso. Testigos de la época afirman que aquello parecía una película de gánsters, más que un proceso de adjudicación. El Financial Times la bautizó como “La Guerra del Metro”. El encargado de valorar los proyectos y declarar adjudicatario era Alberto Santofimio, el Senador invitado dos años antes a la fiesta del PSOE en Madrid. Todo el mundo sabía que ninguna obra se iba a acometer en aquella época sin la aprobación al menos tácita de Pablo Escobar, que por aquel entonces, ya había empezado a sembrar el terror entre jueces y políticos, a los que asesinaba a un ritmo vertiginoso, si perjudicaban sus negocios.

En Noviembre de 1983 se anunció que el ganador de aquel concurso era MetroMed, un consorcio Hispano-Alemán formado por las empresas (Entrecanales, Construcciones y Contratas, Ateinsa, Siemens, Man y Dywidag). ¿Saben quién fue el encargado de representar a este Consorcio en el proceso de adjudicación?… Enrique Sarasola

A partir de ahí, comenzaron a llegar las acusaciones de corrupción a la hora de adjudicar la obra, pero el Gobierno Colombiano decidió no abrir investigaciones.

El desarrollo de aquella obra es uno de los mayores desastres que se recuerdan. Se inició en 1985 y pese a tener una duración estipulada de 4 años y medio, tardó más de 11 años en inaugurarse. Las denuncias por incumplimiento empezaron a sucederse entre los miembros de aquella faraónica y, para muchos, innecesaria obra. Estas denuncias fueron de tal magnitud, que tardaron más de 25 años en resolverse en un juzgado.

A partir de ahí, más y más acusaciones de corrupción durante décadas.

A Enrique Sarasola se le denunció por malversación de caudales públicos, falsedad en documento público, privado y mercantil, y prevaricación y control de cambios. Se encontraron varios pagos en una sociedad. Acabó declarando ante la Audiencia Nacional por haber cobrado presuntamente 3.500 millones de pesetas por las obras del metro. Finalmente, el proceso quedó desestimado.

A Felipe González se le acusó de haber intercedido por el Consorcio representado por Sarasola ante el Presidente Colombiano. El escritor José Luis Vilallonga le acusó posteriormente, de recibir dinero de Sarasola por dicha intercesión. Estas acusaciones también fueron desestimadas.

DE FELIPE GONZÁLEZ A PABLO ESCOBAR

Pablo Escobar murió de un disparo, el 1 de Diciembre de 1993, después de mantener guerras con el gobierno Colombiano, con el F.B.I., la DEA, y el Cártel del Cali. Se le imputan más de 10.000 homicidios, pero el hecho de haber sido generoso con los más desfavorecidos (construía casas, campos de fútbol e iglesias para los más pobres), hacen que hoy en día, su nombre y su rostro sigan siendo de los más recordados en el imaginario popular y uno de los más utilizados en merchandising.

Enrique Sarasola murió en 2002, a los 65 años de edad. En los años posteriores al “Negocio del siglo” le dio tiempo a hacer de todo. Comercializó excedentes agrarios, vehículos blindados y cemento procedente de Rumanía. Cuando Alberto Alcocer y Alberto Cortina intercambiaron sus terrenos de Plaza de Castilla por un paquete de acciones del Banco Central, él participó en la operación, lo que le valió una nueva imputación de la que también salió absuelto. Por último, regentó el Hipódromo de Madrid, y apadrinó la carrera boxística de Policarpo Díaz  “El Potro de Vallecas”.

Felipe González abandonó el Gobierno en 1996, hoy en día se dedica a dar conferencias y asesorar al empresario mejicano Carlos Slim.

La muerte de Sarasola y el retiro de González, hacen que esta sea una historia ya prácticamente olvidada en España, no así en Colombia, donde los estamentos públicos mantienen una deuda por las obras del metro de Medellín, que deberán ir pagando hasta finiquitarla en el año 2083.

Aun así, ya hace unos años que el Gobierno bajo el mandato de Álvaro Uribe empezó a estudiar la posibilidad de crear una red de metro en la ciudad de Bogotá. Bastantes similitudes tiene esta obra con la acaecida tres décadas atrás. La principal es que el proyecto está siendo muy criticado por innecesario, la segunda es que al mayor impulsor del metro de Bogotá, el ex – Presidente Uribe, se le acusa desde hace años de haber sido un hombre muy cercano a la figura más importante de Colombia en el último medio siglo: Pablo Escobar.

Pablo García Lanza

@pagarlan

 

Bibliografía:

Artículos publicados en los periódicos: ABC, El País.

Artículos publicados en las revistas: El Espectador y El Colombiano

Textos publicados en el libro “Amando a Pablo, Odiando a Escobar” de Virginia Vallejo.

Textos publicados en el libro “Matar a Pablo Escobar” de Mark Bowden.

1 Comentario

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here