¿CUÁL ES EL ORIGEN DEL COTILLÓN DE FIN DE AÑO?

Un artículo de Equipo ColumnaZero.
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Ropa interior de color rojo, tomarse las doce uvas aunque llegues a la última casi sin respiración, anillos en las copas de cava y un largo etcétera. Si tratáramos de explicar la magia con la que envolvemos el último día del año a alguien extranjero, probablemente, quedaría fascinado oyendo todas y cada una de las tradiciones que celebramos en estas fechas.

Durante la noche del 31 de diciembre, seguimos gran cantidad de rituales que repetimos anualmente. Sin embargo, no sabemos muy bien de dónde han salido. Para satisfacer la curiosidad de nuestros lectores, en ColumnaZero hemos querido desvelar el secreto del origen de los cotillones de Fin de Año.

Para dar la bienvenida al nuevo año y despedir los doce últimos meses que hemos vivido, junto a sus buenos y malos recuerdos, nos vestimos con nuestras mejores galas donde el brilli brilli se convierte en el protagonista por excelencia pero, por si fuera poco, pitos, serpentinas, antifaces, sombreritos y otros complementos festivos se convierten en el accesorio ideal paraponer el broche de oro a nuestro outfit. Todo ello se lo debemos a nuestros vecinos franceses. Os preguntaréis: ¿qué tienen que ver los galos en todo esto? Pues bien, la palabra cotillón significaba originariamente enaguas o falda. Más tarde, denominó a un tipo de danza de la sociedad barroca en Francia que cerraba algunas fiestas en las que cuatro parejas bailaban formando una especie de cuadrado. Lo habitual era que cuando los participantes se intercambiaban aprovecharan la ocasión para coquetear con los otros bailarines. Con el paso del tiempo, pasó a designar también a aquellos festejos en los que se concluía bailando una clase de vals.

Además, según parece, al final de estos espectáculos, se repartían pequeños obsequios como despedida para aportar mayor diversión al momento.   Es, precisamente, de aquí de donde procede la costumbre de entregar a los asistentes a cualquier celebración de Nochevieja que se precie bolsas llenas de trompetas, matasuegras y demás elementos para que la juerga esté asegurada desde el primer segundo.

Si hay algo que nos diferencia a los españoles del resto de mortales es que organizamos un sarao en un solo instante. Por eso, ahora que termina y que en apenas unos días escucharemos, una vez más, el sonido de las campanadas que dan la entrada al nuevo año, que no falte un cotillón bien completo, el mejor de los vestidos y que, en este año que empieza,los Reyes Magos vengan cargados de salud, dinero y mucho amor (que buena falta hace).

Equipo ColumnaZero

@columnazero

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