CRÍTICA TV: THE WALKING DEAD

Una crítica de Álvaro Tejera en colaboración con el blog El día del Espectador
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Una crítica de Álvaro Tejero en colaboración con el blog El día del Espectador

Hay veces que te es imposible explicar por qué realizas determinada acción. No entiendes por qué sigues viendo determinada serie, y menos aun qué demonios haces escribiendo sobre ella. Pero a pesar de todo, haces ambas cosas.

Cada vez que analizo racionalmente los motivos por los cuáles sigo viendo la serie de AMC no encuentro ninguno. No soy el único que ve sus claros fallos de coherencia interna y sus lagunas argumentales y sigue viendo cada semana un nuevo capítulo. La sigo por inercia. Pero está claro que algo tendrá cuando no para de lograr records de audiencia temporada tras temporada y se ha convertido en la serie de un canal de pago más vista con diferencia.

Varias películas la superan con claridad en el tema del apocalipsis, la mayoría de sus personajes no te producen empatía alguna y tirarías a la basura la mitad de episodios de cada temporada. La primera temporada prometía muchísimo y tanto fans del cómic, como no iniciados, salieron defraudados. La segunda temporada se llevo pestes y golpes por todos lados. Y la tercera consigue record de espectadores.

Está última temporada ha dejado el mejor capítulo de la serie con diferencia (el número 4 para no hacer spoiler) y uno de los mejores de la temporada televisiva, simplemente brutal. La cárcel dio nuevos aires al devenir de la serie, pero el gobernador y Wodbury volvían a asfixiarla, y parecía que íbamos a alcanzar lo que se prometía en una ficción adaptada para televisión por Frank Darabont.

Como era de esperar no fue así. Nuevos capítulos monótonos y tiroteos absurdos que empañaron el buen nivel general de la temporada. Y para culminar, una season finale que decepcionó a mucha gente (no en mi caso), pero que resulta coherente con la trama central de los 13 capítulos protagonizada por Lori y Rick. Como balance final la serie mejoró, pero no lo suficiente ni mucho menos.

En el momento en que la razón no puede encontrar una respuesta entran en juego las emociones y ahí TWD gana. Es una obra alucinante, que te deja perplejo por su combinación de grandes momentos con situaciones que rayan el ridículo. Una serie bipolar a la que no encuentras una explicación. Pero solo por esos pequeños minutos de talento merece seguir aguantando tantos otros de decepción.

Y es aquí donde aparece la mejor escena de estas tres temporadas. El momento y el lugar exactos en el que la música y las imágenes se funden para lograr unos minutos mágicos. Por fin se capta un pequeño trozo de humanidad en medio del fin del mundo. Esos muertos vivientes que son los personajes de la serie, recuperan el brillo de su mirada escuchando la tierna voz de una mujer alrededor del fuego por unos instantes. Viven unos minutos mientras la muerte campa fuera. Solo con el poder de una voz inocente y la letra de la genial canción de Tom Waitts “Hold on”. Esa es la magia de “The Walking Dead”.

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No duden  que estaré sentado en el sofá cuando comience la cuarta temporada. Aguantando.

Álvaro Tejero

@DraperAlvaro

Blog El día del espectador

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