CRÍTICA CINE: TUSK

Una crítica de para ColumnaZero Cine.
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Una crítica de para ColumnaZero Cine.
Una crítica de Juan Antonio Navarro para ColumnaZero Cine.

La sobreautoría.

La naturaleza horripilante de Tusk (Kevin Smith, 2014), basada en el podcast “La morsa y el carpintero”del propio director, no se revela hasta pasada la media hora de metraje. La exposición satírica de los personajes -dos podcasters cuya labor profesional radica en burlarse de desgracias ajenas haciendo uso de una comicidad friki y retorcida que comparten con el director de la cintacomo reflejo tragicómico de unos tiempos en los cuales todo vale para alcanzar el éxito- se prevee para cualquier amante del género como un acto de fidelidad a la fórmula: un punto de partida colorido desde el cual viajar progresivamente hasta tonos más oscuros. Algo que hermana sutilmente el filme de Smith con la recientemente estrenada en España Nightcrawler, de Dan Gilroy.

El viaje de Wallace (Justin Log) a Canadá -objeto de constantes chistes-clichés a lo Barney Stinson- para entrevistar al Chico Kill Bill, una famosa figura youtuberiana tristemente conocida por amputarse accidentalmente la pierna con una katana, constituye el inicio de un crescendo siniestro que tiene lugar tanto en el guión como en la puesta en escena, que alcanza su mayor oscuridad y tensión en la conversación del podcaster con el cuentacuentos, y a la postre mad doctor misántropo, interpretado por Michael Parks con hopkiniana parsimonia tétrica. Sin embargo, los ridículos retazos del pasado del psicópata que Smith expone a golpe de flashback de hechuras protoclásicas conforman el primer movimiento del director en su tarea por eclipsar el relato y su género con la huella de su estilo.

 CRÍTICA CINE: TUSK

Camino de la horror body movie, Smith saca a relucir su espíritu tarantiniano al sucumbir, por incapacidad o por inercia, a la necesidad de impregnar la narración de un personalismo nada sutil. Tusk se convierte entonces en un ejercicio frustrado de horror, que no interesa al director, pues no se recrea en lo gore sino en lo patético; y de comedia, que de sátira antroposocial deviene en metáfora omnipresente: la morsificación de Wallace como espejo del carácter intrínsecamente animal del ser humano; y en paradoja moralista: el sujeto que se burla de los desventurados transformándose en el arquetipo paradigmático de sus víctimas tras un viaje que se preveía iluminador y transformista. En lugar de prestar sus herramientas autoriles al servicio del film, Smith despliega su recetario de guiños e influencias para superponer su propia marca clerksiana -por el camino más corto- al interés del relato.

Flotando entre mil aguas, Tusk alcanza el patetismo desagradable que busca Smith con la impactante transformación de Wallace, momento a partir del cual la cinta se despoja de cualquier autoconsideración de seriedad con la aparición sorpresa de Johnny Depp -¿o es Josh Radnor?-, cuya interpretación del ex detective Guy Lapointe en clave paródica de Rust Cohle -Matthew Mcconaughey- de True Detective rebaja el tono de la película hasta el absurdo. Un intento ceñido de drama final vía flashback, con el objetivo de convertir en experiencia colectiva la idea tuskiana de que solo las lágrimas nos diferencian de los animales, pone punto y final a una obra de la cual, valga la honestidad, cuesta océanos separar la grima subjetiva por una deshumanización de esa condición.

Juan Antonio Navarro Cádiz

@ColumnaZeroCine

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