CRÍTICA CINE: TAXI TEHERÁN

Una crítica de Adrián Abril para ColumnaZero Cine.
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Una crítica de Adrián Abril para ColumnaZero Cine.
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Taxi libre.

¿Qué relación existe entre una maestra crítica con la pena capital, un ladrón que defiende la legislación del Estado, un herido de gravedad en compañía de una esposa histérica, un traficante de películas, dos señoras diligentes que portan una pecera, un amigo y una sobrina lúcida? Jafar Panahi, el célebre director de películas como Sangre y oro (2003), Fuera de juego (2005) o Esto no es una película (2011) conoce la respuesta: todos viven en la ciudad de Teherán y necesitan encontrar un taxi.

Taxi Teherán, galardonada con el Oso de Oro a la Mejor Película y con el Premio Internacional de la Prensa Cinematográfica (FIPRESCI) en Berlín, y presentada en España en la sexagésimo tercera edición del Festival de San Sebastián, es una road movie cómica que muestra a los espectadores las sonrisas y las lágrimas de los ciudadanos de la República Islámica de Irán.

CRÍTICA CINE: TAXI TEHERÁN

El taxi de Teherán, cuyo combustible es un sutil sentido del humor de fingida ingenuidad que suscita sonrisas antes que detonar risotadas, recorre numerosas calles de la ciudad. Entre ellas la travesía de la pena de muerte, condenada de forma irónica y elegante por Jafar Panahi, o la travesía de la propiedad intelectual, donde el autor, un fervoroso enamorado del séptimo arte, sugiere que el deseo de los cinéfilos de intercambiar películas favorece a la cultura, pese a la opinión de la industria, centrada en la obtención del beneficio económico. Pero la travesía que vertebra el relato es la avenida de la censura. Taxi Teherán, ante todo, es un alegato en defensa de la libertad de expresión y en contra de los mecanismos estatales que buscan erradicar la disidencia.

Pese a un semblante de obra documental, Taxi Teherán es una película de ficción que cuenta con una particularidad: las cámaras no permanecen ocultas. Una propuesta formal congruente, dado que los dispositivos de grabación son un componente crucial del relato, ellos determinan el cauce de la mirada en la misma medida que el coche determina el itinerario del espectador. Además son el elemento que define a uno de los protagonistas del film, el propio director de la película Jafar Panahi, conductor del vehículo en el sentido literal y metafórico de la expresión.

La presencia en escena de Jafar Panahi abre el abanico de lecturas que ofrece la película. Implica, en primer termino, una convergencia entre la realidad -en la cual Jafar es un popular director de cine- y el universo de la ficción –donde Panahi es un taxista a tiempo parcial, además de un popular director de cine. En segundo término, supone la incorporación de un personaje misterioso, un hombre situado en la primera fila de la acción dramática que sin embargo procura pasar desapercibido. El director de la orquesta formada por los clientes del taxi es discreto y callado (una voluntad de guardar silencio que testimonia la persecución política que sufre el cineasta por parte del Gobierno de Irán desde el año 2009), pero los ciudadanos de Teherán, involucrados en diversos conflictos sociales, obligan a Jafar Panahi –el conductor de la ficción cinematográfica- a mantener una actitud arriesgada y comprometida.

Miren a ambos lados de la calle antes de pisar el asfalto, desde el exterior el taxi de Teherán suena como un coche urbano de escasa cilindrada, pero el motor que oculta bajo el capó ruge con la potencia de un jaguar.

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Adrián Abril (@PublioElio_)

@ColumnaZeroCine

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