CRÍTICA CINE: QUE DIOS NOS PERDONE

Una crítica de Alfredo Paniagua para ColumnaZero.
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Una crítica de Alfredo Paniagua para ColumnaZero.
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El thriller español está de enhorabuena.

Tradicionalmente ha sido la comedia cinematográfica la que ha salvado los números del cine español. Mediante fórmulas muy manidas y estándares agotados hasta la saciedad, la comedia española, con su caterva de actores recurrentes, ha intentado atraer al público a las salas con propuestas en su mayoría flojas y olvidables pero lucrativas. La nueva generación de espectadores que buscan cine español ya no se conforman con un rato de sonrisas, buscan emoción en la pantalla, son receptivos a otro tipo de cine radicalmente opuesto a la comedia, el thriller. Que Dios nos perdone se suma a una larga lista de thrillers que están reventando la taquilla y están creando escuela gracias a un factura de gran calidad y un acercamiento a la realidad de la vida española, usando contextos fácilmente identificables, creando una corriente de empatía hacia el público que la comedia difícilmente podía llevar a cabo dadas las características intrínsecas de su género.

Si hace unas semanas asistíamos al estreno de Tarde para la ira, de Raúl Arévalo, la nueva propuesta de género española, Que Dios nos perdone, viene a completar un panorama esperanzador para la “industria” del cine español, más cuando vemos los nombres que encabezan el reparto de esta producción: el versátil Antonio de la Torre y el severo Roberto Álamo; Antonio de la Torre ya es un habitual en el thriller español, protagonista también de la citada Tarde para la ira. A esta lista de thrillers se unen la cercana El Hombre de las Mil Caras y la más distante La Isla Mínima, lista a la que podemos añadir, como mínimo, una docena más de títulos. En el caso de Que Dios nos perdone, Rodrigo Sorogoyen, firmante de la muy interesante Stockholm, es el director también aquí. La película está ambientada en los días previos a la llegada del Papa Benedicto XVI, contexto al que se une el desarraigo social provocado por la crisis económica y el puñetazo en la barbilla que supuso el 15-M al poder político. Fácilmente identificables estos sucesos por el público, la historia discurre entre la investigación de unos brutales crímenes perpetrados por un asesino en serie y los coletazos políticos que torpedean la investigación para que no salga a la luz en unos momentos tan delicados de nuestra historia contemporánea.

CRÍTICA CINE: QUE DIOS NOS PERDONE

Que Dios nos perdone disfruta de un pulso envidiable en sus dos horas y media de duración,  con una factura técnica notable, pero su guión recurre como sostén imprescindible al viejo cliché de poli bueno-poli malo. Que mala es la envidia, dirían los productores norteamericanos, que a pesar de querer ser diferentes a nosotros, termináis siendo iguales, y es que Que Dios nos perdone tiene sus indudable méritos pero hace aguas al mismo nivel en el que naufragaba La Isla Mínima o El Niño -otro imprescindible referente del thriller patrio contemporáneo-, en buscar el contraste entre dos arquetipos, dos personalidades que parecen arraigadas en el imaginario colectivo desde la transición política, la del policía macarra y abusón y el del policía profesional, demócrata y comprensivo. Con estos elementos ya tenemos una buddie movie como las que se hacen en Hollywood. La diferencia entre nuestras buddie movies y las norteamericanas es que en España se recurre al realismo -y en ocasiones hasta el hiperrealismo- para conmover al público, para hacerle cómplice de la historia narrada, habida cuenta del desapego que el espectador español ha tenido de su cine de forma secular, y ese realismo no sólo se busca en las localizaciones de la película, también en la escenas de acción descarnadas y sinceras que podremos ver en el filme, ayudadas por una excelente ambientación en el Madrid de 2011 y un tono visual que nos muestra a un realizador profesional, competente en su trabajo y sabedor de un oficio en el que los recursos cinematográficos son tan variados que el realizador se muestra con la obligación de sorprender al público en cada toma.

Auguramos a Que Dios nos perdone una excelente trayectoria comercial, tiene todos los ingredientes para ser el éxito que merece la industria de cine de nuestro país, siendo, además, un producto exportable y premiable -como ya lo fue Tarde para la Ira en Venecia con el premio a mejor actriz para Ruth Díaz- en los festivales y certámenes por los que pase fuera de este país. Quizás sería mucho pedir un poco más de riesgo en este tipo de productos pero la industria debe asentarse y no caer en la sobrexplotación, esperemos que ese momento, tarde o temprano, termine por llegar.

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Alfredo Paniagua

@columnazero

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