CRÍTICA CINE: PHOENIX (SECCIÓN OFICIAL 62ª EDICIÓN ZINEMALDIA)

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Una crítica de Leire Romera para ColumnaZero Cine.
Una crítica de Leire Romera para ColumnaZero Cine.

Las ojeras de Venus.

La película alemana Phoenix se estrenará en nuestro país tras la presentación en Zinemaldia.

Tras la Segunda Guerra Mundial, Alemania era territorio destruido y, al mismo tiempo, el cobijo de paseantes sin ánimo ni rostro. Antiguos amigos no eran capaces de mirarse a los ojos. Las comidas familiares se celebraban sin atisbo de alegría en alcobas de reflexión, de recuerdos y de lágrimas. La ciudad, repleta de ladrillos desordenados y amotinados en las calzadas, no daba oportunidad para iniciar el proceso de olvido. El dolor, la pobreza, el arrepentimiento y la traición eran las hojas que arrastraba el viento. Las hojas que rozaban las pieles de todas esas víctimas directas e indirectas.

El amor y la belleza permanecen en los resquicios de lo que fue campo de batalla. Se arrinconan y, cuando la lucha cesa y las bombas dejan de tronar, resurgen como espíritus indestructibles de debajo de los escombros. Intentan reencontrarse con todos aquéllos que un día los llevaron por bandera. Los mismos que con la tragedia se perdieron entre la confusión y, ahora, cuando todo apacigua, quieren volver a alzar el estandarte. El amor y la belleza siempre quedan, siempre vuelven.

CRÍTICA CINE: PHOENIX (SECCIÓN OFICIAL 62ª EDICIÓN ZINEMALDIA)

El nuevo título del alemán Christian Petzold (Bárbara, 2012) habla de esas figuras sin rostro que se esconden tras el dolor y los secretos del atrezzo del conflicto. Las primeras escenas muestran  a Nelly, una judía que fue enviada a un campo de concentración en 1944, que ahora vuelve con la cara desfigurada a su vida pasada. Su amiga, su ciudad, su Johnny.

Nelly camina por el pasillo de la clínica de cirugía con la cara totalmente tapada por vendas. Una imagen post-bélica y versión alemana de Elena Anaya en La piel que habito (2011), que nos hace conectar de bruces con esa pobre víctima del nazismo. Tan débil, avanza con pasos tambaleantes. Es una escultura que necesita ser pulida. Como William A. Seiter en Venus era Mujer (1948),  Petzol construye su propia escultura de Venus que necesita recuperar el milagro de la vida.

Nelly será una de aquéllas tantas que, en un pasado, alzó la bandera del amor por encima de todo. Más tarde se la arrebataron. Quiere su cara. Quiere vivir. Quiere volver a ser la verdadera Nelly para volver al punto en el que empezó su caída. Hacer una elipsis temporal en su propia vida y omitir la negrura.

Phoenix se convierte en el boulevard del reencuentro. “Noche y día eres tú”, cantan las dos artistas en el escenario del club nocturno cuando las miradas de los dos amantes del pasado vuelven a cruzarse.

Es difícil aceptar la mentira de una muere asimilada. Johnny paliará la aparente imposibilidad de que Nelly haya resucitado con un deseo de reproducción hitchckoniana como la que vemos en Vértigo (1948) ¿Hasta qué punto un ser humano es capaz de aceptar tal número de extrañas coincidencias?

La interpretación protagonista de Nina Hoss es impecable. Delicadeza y genio se funden bajo un ritmo perfecto en este relato. Al salir de la sala alguien tararea la melodía clave de la película. Aquélla que un día interpretó Ava Gardner en la pieza de Seiter: “Love is a spark, lost in the dark too soon, too soon. I feel wherever I go that tomorrow is near, tomorrow is here and always too soon”.

Me uno al cantante con un frágil silbido. A los pocos segundos, cierro la boca. Siento una extraña incomodidad.

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Leire Romera Catalán (@leireRC)

@ColumnaZeroCine

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