CRÍTICA CINE: OPEN WINDOWS

CRÍTICA CINE: OPEN WINDOWS
Una crítica de David Couso para ColumnaZero Cine.
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CRÍTICA CINE: OPEN WINDOWS
Una crítica de David Couso para ColumnaZero Cine.

La trampa del voyeurismo.

Vemos a un hombre enfrente de la ventana de un hotel moderno. Al otro lado de la calle, de forma paralela, una pareja conversa. Nuestro hombre les observa. La pareja de repente discute y ella se marcha. El se sienta, se gira, mira por el cristal. nos ve. El hombre al ser visto se tira al suelo asustado. (…)

El voyeurismo es una atracción instaurada en el gen humano, el acto de observar y ver al otro, romper su intimidad, parece algo imposible de controlar, algo que ante todo genera placer. Así lo reflejaba George Orwell en la fantástica novela 1984. El Gran Hermano que más tarde se convertiría en el inicio de una explotación masiva de productos creados a partir de dicho placer, los reality shows. Donde cualquier persona, a través de la “ventana” del televisor o pantalla de cine, contempla las historias de los otros desde la intimidad. Como un fantasma.

Open Windows, la nueva película de Nacho Vigalondo, lleva al espectador a mirar y ser atrapado en un suspense elocuente construido a modo de pastiche cinematográfico y audiovisual. En este caso, la película rememora la filmografía clásica del maestro del suspense, Alfred J. Hitchcock y concretamente sus célebres obras de La ventana Indiscreta (1954) y Con la muerte en los talones (1959); gracias a una banda sonora audaz e intensa que amortigua el círculo disparatado al que se somete el personaje de Nick (Elijah Wood) al levantar la pantalla de su ordenador para conocer y hablar con la famosa actriz Jill Godard (Sasha Grey).

CRÍTICA CINE: OPEN WINDOWS

 

Es interesante el juego que ofrece Vigalondo al revitalizar y crear un auténtico juego de miradas construidas sobre la experiencia de la sociedad actual. Una sociedad que ve más a través de las pantallas que a través de sus ojos, sin saber si pueden estar siendo observados en algún instante. Telefonía, portátiles, tablets, cámaras por todas partes; todo tipo de dispositivos al servicio de la comunicación y las imágenes, un dispositivo del que Vigalondo se nutre para crear Open Windows y llevar al espectador por un constante camino de pantallas donde la historia avanza en multiplataforma a lo largo de sus calmados cien minutos. Con imágenes más propias de un videojuego que de una película, o en otros momentos, trabajadas desde el formato de un teléfono móvil, o un ordenador; construyendo elementos muy familiares para todos los públicos. Así, con ingenio por cada minuto, nos trae una historia inestable, pese al universo ficticio, pero con un fórmula que ante todo, hará historia.

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David Couso (@DavidLF_cinema)

@Columnazerocine

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