CRÍTICA CINE: MUD, EL GRAN NUEVO CINE AMERICANO

Una crítica de Jorge García Martínez para ColumnaZero.
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Una crítica de Jorge García Martínez para ColumnaZero.

La industria del cine está cambiando, mientras tanto las generaciones de nuevos cineastas se suceden. En los 90 la aparición de una serie de directores, productores y festivales sirvieron para comenzar la transición en Hollywood, que se materializaría 10 años después con el destronamiento en la vanguardia del cine mundial de la generación anterior, la de los moteros tranquilos y los toros salvajes.

Ahora, en un momento de incertidumbre para el negocio, emerge la siguiente, la llamada a sustituir a Anderson, Coppola, Gondry, Jonze o Soderbergh. Difícil de catalogar todavía aunque con una denominación de origen similar a su predecesora; caracterizada por el forjamiento en la industria independiente alimentada por el impulso de pequeñas productoras y festivales, y la aparición en escena del mecenazgo fomentado por modernas Marías de Médici.

A la cabeza de esta generación del nuevo cine americano encontramos a directores como Shane Carruth, Charlie Kaufman, Sean Durkin, Nicolas Winding o Jeff Nichols. Sus películas, la mayor parte no comercializadas en España, presumen de aportar un nuevo valor artístico alimentado sobre todo por una connotación puramente experimental y modernista, quizá la más marcada que se recuerda en Hollywood (solo hay que ver Upstream Color de Carruth para darse cuenta de que algo está cambiando). Otro factor clave es la gran literalidad de su cine, (sobre todo el de Kaufman, Durkin y Nichols) dotando a la vanguardia inicial de un componente mucho más humano y revistiéndola con ese carácter universal. Esa es una de las claves de Mud, la nueva película de Nichols que viene a España con un año de retraso.

Mud es un cuento sobre la infancia y la necesidad de proyectarse en la figura del héroe; la idealización extrema de un personaje que sirve de espejo para alimentar una ilusión cuyo desvanecimiento será el origen de la pérdida de la inocencia. Sobre este hilo conductor principal se erige la epopeya de la segunda oportunidad tras un pasado generalmente desgraciado, alternativa que se presenta en la mayoría de los personajes adultos del film.

A diferencia de autores como Richard Linklater, uno de los cineastas más literarios de los últimos 20 años en donde el valor novelístico y artístico recae únicamente en el diálogo y las ideas que éste transmite, en Mud, Nichols dota al film de una fuerza literaria que está presente en cada fotograma y en cada personaje, provocando una sensación final muy novelesca. Desde la ambientación sureña colindante al Mississippi, que recuerda a ciertos relatos de Faulkner o al Capote más primerizo, sin olvidar toda la tradición literaria anterior (Mark Twain). E incluso la película posee ese toque violento en ciertos personajes que deambulan alimentados por el propósito, muy made in Cormac McCarthy, complementados con ese aire fronterizo-texano tan característico.

El broche a esta ambientación lo pone la temática, tan recurrente en toda la gran novela americana del siglo XX: la pérdida de la inocencia, la necesidad de la leyenda, la lucha por la supervivencia en la vida, la posibilidad de dejar atrás un pasado oscuro y fallido por un futuro incierto, las segundas y terceras oportunidades, e incluso la redención. Por otro lado el pulso naturalista en la dirección de Nichols que recuerda al primer Malick, acaba por dar forma al todo.

En definitiva, Mud tiene ese aroma de novela americana. Parte de un relato acerca de dos amigos que descubren en una isla del Mississippi a un hombre viviendo en una barca. Y a partir de ahí, el cuento adquiere otra dimensión, mucho más compleja y profunda. Inmenso Matthew McConaughey en su personaje, con esa dentadura, esos tatuajes, sucio durante la mayor parte del film, capaz de aparentar una doble naturaleza dentro de cada secuencia.

El film supone únicamente el final del principio para esta generación en alza de la que se espera que dentro de 10 años sea la referencia en el cine de calidad estadounidense, como lo es hoy Paul Thomas Anderson y como lo fueron hace más de 30 años Francis Ford Coppola o Scorsese. De momento, y con retraso, aquí en España nos tenemos que conformar con poco. Pero para lo demás está internet. Quién sabe, quizá sea esta la primera generación que empiece operando plenamente en la red.

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Jorge García Martínez

@JorgeAnsorena

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