CRÍTICA CINE: MISERICORDIA

Una crítica de Alexis para ColumnaZero Cine.
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Una crítica de Alexis para ColumnaZero Cine.
Una crítica de Alexis Rodríguez para ColumnaZero Cine.

Misericordia es lo que pedimos nosotros.

La globalización, que tanto ha ayudado en el siglo XXI a expandir el conocimiento de la cinefilia y abrir nuevas ventanas al espectador, ha terminado por convertir en algo relativamente normal el ver, incluso en las carteleras más comerciales, títulos sudamericanos, centroeuropeos y por supuesto asiáticos (las filmografías orientales pueden ser consideradas como el gran descubrimiento del panorama cinematográfico posmoderno), y el cine escandinavo y nórdico se está distribuyendo cada vez más y mejor por el resto del mundo. Sin embargo, la globalización trae consigo un efecto de rebote negativo: la estandarización del modelo. Así, en los últimos años estamos comprobando como cada vez más el cine español se aúpa en proyectos más propios de productoras de Hollywood para maquillar los números de la industria, donde Lo Imposible (2012) de J. A. Bayona se erige como el caso más claro, contando historias totalmente ajenas a la realidad del autor y del espectador español. Esa sensación de estar viendo una película europea que se hace pasar por estadounidense –o viceversa tal vez– es la sensación que nos queda después de ver Misericordia (Mikkel Nørgaard, 2013).

CRÍTICA CINE: MISERICORDIA

La película en cuestión, que se está distribuyendo con dos años de retraso desde su estreno (la pregunta es por qué ahora), en versión original se titula Kvinden i Buret, que literalmente significa “La Mujer en la Jaula”, como el best-seller en el que está basado. Como el título explica de antemano algo que se descubre en la película, en español se presenta con el absurdo doble título de Misericordia. Los Casos del Departamento Q, puesto que es un policíaco en el que dos agentes tienen que desclasificar los casos de homicidios archivados en susodicho departamento. La premisa argumental es sumamente básica, la manera que el guión tiene de desarrollarla, vergonzosa. El protagonista es un policía con una dilatada carrera de casos extremos en los que debe arriesgar al máximo, saltándose las reglas continuamente en pos del bien, lo cual le va volviendo cada vez más huraño y lo va traumatizando progresivamente. De todo esto nos enteramos de la manera más explícita y ridícula posible: el jefe de policía le ofrece un año de vacaciones pagadas, cosa que nuestro héroe rechaza debidamente a cambio de seguir investigando homicidios (¿?), el jefe se da cuenta de que le tiembla la mano y de que se ha echado a la bebida y decide destinarle al Departamento Q, donde nadie quiere trabajar. Allí, el policía callado que va de duro se encontrará con el compañero que le han puesto, que por supuesto es su antítesis: va de buen rollo con todos, hace bromitas, pone música hip-hop en el trabajo… Cuando solo llevamos media hora de metraje ya podemos hacernos una idea de la buddy-movie que vamos a ver, en la que se estirarán hasta la saciedad los arquetipos y los lugares comunes de este tipo de películas. Todo puede sonarnos bastante a la saga Millenium, de hecho comparten el guionista que ha adaptado ambos textos y nos ha dado sendos guiones de films tan prescindibles.

Si miramos más allá del contenido de la película y de lo que nos están contando, la forma de contarnos la historia es aún más decepcionante, recordándonos esas tardes de sábado en que retransmiten telefilmes nórdicos baratos por la televisión. La música subraya en todo momento las palabras y los actos de los personajes, e indicará al espectador de la manera más tramposa qué debe pensar y sentir acerca de lo que está viendo, sin ser ninguna composición especialmente adecuada para ninguna escena. La explicación excesiva y literal de todo lo que está pasando –cuando vemos que la pareja protagonista descubre algo, los propios personajes nos lo explican– se ve acompañada de innecesarios flashbacks –en algún momento se vuelven incluso ridículos– que además de incomodar la experiencia de intriga, muestran exactamente cómo ocurrieron los hechos que ya hemos imaginado y encima nos han explicado. El policía inquebrantable buscará el bien mayor aún poniendo en evidencia al cuerpo de policía de su país y en riesgo su propia vida, y finalmente será alabado por todos por sus heroicas hazañas y se le ofrecerá volver a su cargo anterior. Pero no, él decidirá continuar desclasificando casos archivados en el Departamento Q, sin más ayuda que su nuevo amigo el poli bueno, y así dar pie a toda una saga de películas policíacas con la pareja de protagonistas que continúa en la secuela ya estrenada, Profanación (Mikkel Nørgaard, 2014). Mientras sigan sacando novelas…

Alexis Rodríguez (@AlexDeLargo)

@ColumnaZeroCine

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