CRÍTICA CINE: MADRE E HIJO

Una crítica de Elisa Naharro para ColumnaZero Cine.
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Una crítica de Elisa Naharro para ColumnaZero Cine.
Una crítica de Elisa Naharro para ColumnaZero Cine.

“El amor de una madre no conoce límites”.

La familia y el amor. El desprecio y las decepciones. El distanciamiento y los chantajes emocionales. “Madre e hijo”, la película de habla rumana del director Calin Peter Netzer y ganadora del Oso de Oro de la Berlinale 2013, es un canto a los entresijos en las relaciones familiares, especialmente, a la insistente imposición del amor en éstas. Ese desmedido esfuerzo que la protagonista de la película, Cornelia (Luminita Gheorghiu) destina a que su hijo Barbu sienta el mismo amor que ella siente hacia él, deriva en un resultado absolutamente contrario al deseado. Y es que el amor no es algo que se pueda imponer, debe crecer y desarrollarse en un marco de naturalidad y sobre todo de espontaneidad.

La preocupación neurótica que siente Cornelia por su hijo no tiene aparentemente una base fundada y sólida hasta que éste tiene un accidente de coche, -del que sale ileso- pero con la mala fortuna de cobrarse la vida de un niño que atravesaba la carretera montado en su bicicleta.

CRÍTICA CINE: MADRE E HIJO

El desafortunado accidente hará que Cornelia, -en una exaltación de amor fraternal- mueva todos sus hilos, y haga todo lo posible para que su hijo no vaya a la cárcel. Su afán de control hace que quiera manejar absolutamente todas las situaciones en las que su hijo se ve envuelto, anulándole por completo. El sentimiento de rechazo por parte de Barbu ha crecido paulatinamente a medida que el influjo materno se alejó del cariño para rozar la obsesión.

La fuerza de “Madre e hijo” reside en los largos diálogos que mantienen entre sí los distintos personajes de la película, elemento que es en definitiva una puerta abierta al psicoanálisis de cada uno de ellos. El conflicto moral que encierra el film es tan fuerte que el espectador llega a plantearse cómo de fina es la línea que separa el amor del desprecio, y cómo las relaciones fraternales, que teóricamente han de ser puras y leales –siendo este el pensamiento concebido como correcto-, están envueltas por problemas como el que se plantea en la película.

Elisa Naharro

@EliNaharro

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