CRÍTICA CINE: LOS TONTOS Y LOS ESTÚPIDOS

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CRÍTICA CINE: LOS TONTOS Y LOS ESTÚPIDOS
Una crítica de Juan Bernardo Rodríguez para ColumnaZero Cine.

Hay esperanza.

La evolución es una condición natural en cualquier proceso de creación artística. El margen de diferencia entre la idea, entre lo que un cerebro ha concebido, con el resultado, es muchas veces impresionantemente amplio. En el ámbito cinematográfico, hay genios que son capaces de hacer que las imágenes creadas en su cabeza se impriman a la perfección en una película. Sin embargo, hay un talento que otros dominan que es el de dejar a un proyecto respirar y moldearlo para esquivar los obstáculos que lo rodean. Los tontos y los estúpidos es un ejemplo de cómo las nefastas circunstancias (relacionadas con subvenciones fantasma o la falta de apoyo económico) han provocado que ésta sea una experiencia cinematográfica muy distinta a como estaba inicialmente planteada. Eso sí, el resultado es absolutamente genuino, fascinante y que merece la pena vivir en una sala de cine.

Es complicado que hoy un drama de historias cruzadas, pero aparentemente independientes, consiga sorprender a la audiencia. Probablemente una realización convencional de esta historia hubiera derivado en un buen producto pero quizá no tan único como finalmente ha logrado ser. Los tontos y los estúpidos es el título de la película que un grupo de actores ensaya en un estudio. El espectador es testigo del desarrollo de la lectura completa de esta obra. Vemos cómo el elenco llega al estudio, cómo el director (Roberto Castón, verdadero realizador del film, coloca en esta posición a Roberto Álamo) dialoga con ellos, los guía, los corrige. La contradicción es que el espectador engulle esta especie de making of extendido y ficcionado de una película que aún no se ha realizado. El giro sorpresa es cuando esta forma de hacer cine a través de un ensayo se convierte en una estrategia absolutamente redonda.

Personajes corporalmente ausentes, sonidos ambiente de los escenarios representados que contrastan con el fondo negro del estudio, repetición de tomas. Lo que más sorprende de Los tontos y los estúpidos es la constante capacidad de inmersión. No importa las veces que la película saque al espectador de la historia, que le recuerde que está viendo a unos actores, que todo ocurre en un estudio, que aún está todo en su fase teatralizada. El ejercicio de los actores es tan bueno que instantáneamente el espectador vuelve a estar dentro de la historia y es capaz de emocionarse, reírse y celebrar. (Sí, en el festival de San Sebastián hubo aplausos y continuas carcajadas durante la proyección). Es genial su capacidad de conexión con todos los “metaniveles”; los de realidad y los de ficción. Además la película es perfectamente consciente de cuándo es necesario incluir una revelación trágica para instantáneamente contrarrestarla con el mejor gag cómico de la película. En este aspecto también cuenta con un tempo dramático casi perfecto. Y qué elenco principal. Nausicaa Bonnin, Aitor Beltrán, Cuca Escribano, Josean Bengoetxea y Vicky Peña están especialmente maravillosos.

CRÍTICA CINE: LOS TONTOS Y LOS ESTÚPIDOS

Los tontos y los estúpidos deja la precisa y libre elección al público de poder  pintar todos esos huecos escenográficos o que simplemente se deje llevar aceptando el juego que propone. El conjunto es una sensación similar a la de asistir a una buena obra de teatro con la principal diferencia de que aquí contamos con una mirada de un director a través de una cámara que funciona de guía, en vez de una perspectiva fija desde una butaca. Y no sólo eso, sino que además podemos vivir la experiencia de visitar los camerinos entre acto y acto.

Es realmente estimulante la sensación de ir al cine y ser sorprendido por una nueva experiencia, diferente, atrevida y en casos como éste de gran calidad. Esta enumeración es algo más definitorio del cine de autor que del cine de género, por lo que es una pena que no tenga las pertinentes ayudas económicas. Cuando uno es consciente de las distintas fases que esta película ha tenido que atravesar para llegar a lo que es, tengo claro que Los tontos y los estúpidos es cine que llama a la esperanza. Es cine que transmite que no hay que rendirse; que si hay confianza en un proyecto hay que seguir adelante y que los corsés en las ideas nunca son buenos. Que un proyecto artístico puede ser maleable sin alterar su esencia. Al igual que los personajes de la película encuentran la felicidad en las situaciones más insospechadas, Los tontos y los estúpidos encuentra en su imprevisible forma su arma más efectiva.

En definitiva, ¿para qué sirve toda esta palabrería? Para transmitir un claro mensaje: ¡Al cine!

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Juan Bernardo Rodríguez  (@juanberandom)

@ColumnaZeroCine

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