CRÍTICA CINE: LOS PINGÜINOS DE MADAGASCAR

Una crítica de Marina Saro para ColumnaZero Cine.
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Una crítica de Marina Saro para ColumnaZero Cine.
Una crítica de Marina Saro para ColumnaZero Cine.

“No tienes familia y todos vamos a morir”.

En un lugar recóndito de la Antártida, donde parece que la vida se hubiera podido extinguir, unos reporteros graban un documental sobre esos que se consideran “cuquis” y admiten ser rechonchos: los pingüinos. Así comienza Los pingüinos de Madagascar (2014), una cinta para cuya realización  DreamWorks Animation ha depositado su confianza en Simon J. Smith y Eric Darnell y con la que la propia compañía celebra su vigésimo aniversario. Pero no solo eso; esto implica, además, que Capitán, Kowalsky, Rico y Soldado vuelvan a la carga, instaurándose esta vez, y a diferencia de las anteriores, como protagonistas, y tomando un papel que podría corresponderse con el de “los salvadores del mundo”.

Inventan el término chocar, poco después se convierten en una familia y finalmente se sumergen en un mundo de aventura y gloria en el que jamás otro pingüino había vivido y en el que, por si fuera poco, se alzan como la élite de la élite y colaboran con la organización secreta Viento Norte para luchar contra el pulpo doctor Octavio en escabeche.

No me resulta tan sencillo escribir sobre animación; diría que es un producto distinto. Pero desde luego, no puede caber duda de que calidad no le falta. Aquella imagen que buscaban la han conseguido con creces. Quise acercarme a la pantalla y tratar de acariciar a tan adorables animalillos; parecían muy suaves. También pude imaginar el tacto de aquella nieve, fría, pero lisa y perfecta, como la que nadie nunca ha pisado.

CRÍTICA CINE: LOS PINGÜINOS DE MADAGASCAR

Es innegable igualmente que la absurdez y, al mismo tiempo, originalidad de sus bromas, consiguen sacarte una sonrisa. Pero esto era ya algo sabido o, como mínimo, predecible. El estilo de Madagascar (2005), cinta de la que nace este spin-off, se mantiene y de qué manera. En absoluto quito méritos, pero ya se sabía de la buena acogida con la que los espectadores recibieron estas maneras.

En cualquier caso, el público infantil seguro querrá que Sus Majestades, los del Oriente lejano, no olviden este año algún producto de merchandising que se identifique con estos pingüinos. Es muy posible que les cautiven y que, por qué no, se hagan querer, o un pequeño hueco aunque sea, entre los que ya no son tan pequeños.

Sin embargo, lo que también es cierto, aunque la subjetividad entra en juego, es que el buen comienzo poco a poco se desvanece. Ligeramente, pero lo hace. Hay que saber parar. Que las ideas pueden ser explotadas, como ya en Hollywood bien saben, pero también que hay límites. Inventemos algo nuevo. Cuando una mina ha sido explotada durante un tiempo excesivo, cuesta trabajo encontrar minerales. A veces incluso ni aparecen. Aquí pasa algo parecido: podrás pasar un rato divertido, pero solo será eso, algo como ni frío ni calor. Me atrevería, de hecho, a decir, que los pingüinos ya están desgastados.

Marina Saro (@marina_mercante)

@ColumnaZeroCine

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