CRÍTICA CINE: LA MIRADA DEL SILENCIO

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Una crítica de Alexis
Una crítica de Alexis Rodríguez para ColumnaZero Cine.

Rostro que calla, crimen sin castigo.

El erudito crítico especializado Javier H. Estrada (al que podéis leer en las revistas Caimán Cuadernos de Cine y Secuencias) presentó una vez la proyección de una película, cuyo título evitaré intencionadamente, con el siguiente enunciado: “Existen muchos tipos de películas. A mí me gusta hablar de las películas buenas. Y cuando hablo de películas buenas, me gusta distinguirlas en tres tipos: están las buenas películas sin más, un saco enorme; también están las películas muy buenas, realmente excepcionales, aquellas a las que los críticos gustan llamar obras maestras; y por último están las experiencias. A lo que van a asistir a continuación es a una de esas experiencias, raras veces en que los astros del cine se alinean y es concebida una obra que no se ve como una película, sino que más allá de su calidad, se vive”. Poderosas palabras que todo aquel que ame el cine gracias a determinadas experiencias con determinadas películas puede entender, pero que por un lado son subjetivas según el espectador, y por otro son palabras que solamente pueden ser concedidas a un reducido puñado de películas en la vida de cada uno. En mi caso particular, sin duda una de esas experiencias es la que viví en el estreno de The Act of Killing (Joshua Oppenheimer & Christine Cynn, 2012), cuya secuela llega ahora a nuestros cines.

CRÍTICA CINE: LA MIRADA DEL SILENCIO

La Mirada del Silencio (The Look of Silence, Joshua Oppenheimer & Anónimo, 2014) es efectivamente la segunda parte de otro documental, y vistos ambos uno detrás del otro incluso pueden funcionar como una misma obra, pero lo curioso es que además puede ser visto independientemente del otro sin ningún problema gracias al tratamiento tan particular que Oppenheimer hace de lo que está contándonos. En The Act of Killing asistíamos anonadados a la crónica de una devastadora matanza ocurrida en Indonesia en 1965 cuando un alzamiento militar derrocó al gobierno comunista y varias células de asesinos a sueldo masacraron indiscriminadamente a más de un millón de personas de diversa condición social para controlar todos los estratos sociopolíticos del país, todo ello relatado en primera persona por los propios asesinos, ahora ancianos que reflexionan sobre la responsabilidad moral que conllevaron sus actos. El propio documental dio buena cuenta de lo que había pasado con sus familiares a cientos de personas que nunca llegaron a saber las atrocidades sobre las que el actual gobierno indonesio consiguió el poder, y una de las familias de supervivientes descubrió así los detalles del asesinato de su hijo “desaparecido”, y los autores del mismo. El hermano menor de la víctima, que codirige la secuela junto a Oppenheimer y decide permanecer en el anonimato en todo momento, rompe el silencio y el miedo de décadas y se enfrenta a los responsables de aquel genocidio en un país en el que los asesinos continúan en el poder.

CRÍTICA CINE: LA MIRADA DEL SILENCIO

La inteligente jugada de Oppenheimer, para no repetirse en una película que parece el reflejo especular de la anterior, consiste en trasladar de los asesinos a las víctimas, no solo el foco de atención, también la voz que conduce el relato. Así, a pesar de que no resulte tan impactante como su predecesor ya que conocemos todo lo que pasó, el documental utiliza los rostros y los silencios de los verdugos, quienes tal vez sienten por primera vez el dolor del arrepentimiento, y miran a la cara a la culpa a través de los ecos del horror que llevan consigo los familiares de las víctimas. Silencios, miradas. Oppenheimer, una vez más, desnuda el alma que siempre termina emergiendo incluso del que ha sido el asesino más despiadado, apunta a la condición humana como solo los más grandes han sabido hacer, y lo que es más importante: no pretende juzgar, otorga tanto a los familiares de las víctimas como al propio espectador de la película la decisión de perdonar a quienes quedaron impunes de sus crímenes y siguen sin castigo, o responder con venganza y continuar sembrando la semilla del odio poniéndose a la altura de los culpables. Culpa, castigo. El visionado de La Mirada del Silencio tal vez no sea una de esas experiencias a las que se refería Estrada, pero seguramente es una película imprescindible que nos pone en un lugar en el que no queremos estar y del que no sabemos cómo salir.

Alexis Rodríguez (@AlexDeLargo)

@ColumnaZeroCine

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