CRÍTICA CINE: KINGSMAN, SERVICIO SECRETO

Una crítica de Alexis para ColumnaZero Cine.
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Una crítica de Alexis para ColumnaZero Cine.
Una crítica de Alexis Rodríguez para ColumnaZero Cine.

El eterno dilema de las adaptaciones.

Existe cierta tendencia en el arte, especialmente manifiesta en el cine por ser un arte tan multidisciplinar, que consiste en intentar trasladar e integrar los elementos narrativos de un medio de expresión artística al discurso que se elabora en otro medio completamente diferente, una práctica que se ha llevado a cabo con desiguales resultados en el caso del cine. El séptimo arte mama directamente de la teta de la literatura y del teatro desde su nacimiento, y de la música desde la instauración del sonoro, así como la pintura y la fotografía se constituyen en sí mismas como herramientas del lenguaje cinematográfico. Sin embargo, no es hasta el siglo XXI que el cine se fija en las formas narrativas del cómic, probablemente por ser éste el que más ha tardado en ser reconocido como arte –un arte que espero ningún lector ponga en duda a estas alturas–, y me estoy refiriendo a la forma de contar historias del cómic, no a contar sus historias propiamente dichas (hace décadas que el cine adapta las historietas de los cómics).

CRÍTICA CINE: KINGSMAN, SERVICIO SECRETO

Ang Lee, un buen narrador cinematográfico que lo mismo te hace Tigre y Dragón (2000) que te hace Brokeback Mountain (2005), dirigió entre ambas Hulk (2003), película en la que contaba la historia del superhéroe verde montando las escenas como si fueran viñetas, de manera que el espectador pasaba de un capítulo a otro de la historia como si de un cómic animado se tratara. En este caso me pareció bastante acertado insertar un elemento narrativo propio del cómic en el montaje de una película basada en un cómic, pero solo como guiño u homenaje, no como dinámica a seguir en la puesta en escena. Sí considero paradigmático el ejemplo de Watchmen (2009) en la que Zack Snyder adaptaba la legendaria obra original de Alan Moore y Dave Gibbons, considerada unánimemente en el mundillo como la cumbre en la historia de la novela gráfica. Efectivamente hablamos de adaptaciones, no de grabar los dibujos del cómic y hacer que los actores reciten los diálogos originales, y Snyder supo exactamente qué necesitaba su película de la historia de Moore y de la ambientación y los diseños de Gibbons, y lo que no funcionaba en su película era eliminado y sustituido por otro elemento que se adecuaba más al cine, y es por esto que aún hoy servidor sigue considerando Watchmen la mejor película de superhéroes que ha visto, y es que una buena adaptación no es necesariamente la más fiel a la obra que adapta sino la que mejor logra transmitir cinematográficamente el espíritu del material original.

En el caso que nos ocupa, Matthew Vaughn narra la historia de Kingsman (2015) con un tono y unas imágenes similares a las de la serie de cómic en la que se inspira, pero el proceso comunicativo del cómic no funciona igual que el del cine, y naturalmente el resultado es grotesco y los personajes resultan caricaturescos. Hay un leit motiv que hace aparición varias veces a lo largo de la película: el malo y el bueno bromean acerca de que su propia historia no es como en las películas de espías de Hollywood. Puede que el señor Vaughn se divierta con la autorreferencia al género y crea sinceramente que está haciendo algo original, pero la realidad es que su película es exactamente como todas las películas de James Bond que has visto. El malo malísimo –multimillonario con ínfulas de dictador de las telecomunicaciones y de mesías ecologista– quiere utilizar sus satélites y la tecnología móvil para que los seres humanos se maten entre ellos y así salvar al planeta Tierra de su especie dominante que es al mismo tiempo su verdugo, y empieza por encerrar a los políticos de todo el mundo que no se unen a su causa e inyectarles una bomba en el cráneo a todo aquel que sí lo haga para mantenerlo bajo su control. ¡Bravo! Los buenos, por su parte, tendrán que salvar el mundo en el último segundo con un misil teledirigido por el espacio exterior –así, tal cual–, otra perla más de un pobre guión trufado de lugares comunes y frases manidas que se viene abajo muy pronto.

Pero al señor Vaughn, el calentamiento global o el egoísmo y la codicia de los políticos le importan poco o nada, en su película solamente funcionan como excusa argumental para concebir un apocalipsis, y no como hilo argumental de la trama principal o de las secundarias. Más bien le sirven para recrearse en el gozo de orquestar un clímax de película en el que a los ricos, a los aristócratas, a los primeros ministros y hasta al presidente Obama le revienta la cabeza de una explosión de fuegos artificiales, justo autorretrato de lo que viene a ser esta película. Una desafortunada adaptación que da como resultado une película simple y olvidable.

Alexis Rodríguez (@AlexDeLargo)

@ColumnaZeroCine

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