CRÍTICA CINE: GHOST IN THE SHELL

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Una crítica de Alfredo Paniagua para ColumnaZero.

Una crítica de Alfredo Paniagua para ColumnaZero.

El alma de la máquina.

La adaptación de los animes japoneses en la industria de Hollywood encuentra su despegue con Ghost in the Shell (2017), una producción auspiciada por los estudios Paramount que ha venido rodeada de secretismo y no poca polémica ante los primeros clips que se han podido ver. La traslación a imagen real de la película original de Mamoru Oshii -basada a su vez en la serie de mangas de Masamune Shirow- hubiese podido optar por dos soluciones diferentes: la primera sería la del “copia-pega” del Ghost in the Shell (1995) de Oshii, la otra la de su reinvención visual del universo cyberpunk en formato de imagen real.

Las dificultades técnicas que hace años podría entrañar la recreación del intrincado, tecnificado, y hasta erótico, mundo de Ghost in the Shell, son ahora salvables gracias a los avances tecnológicos en materia de efectos CGI, por tanto, la salvaguarda del poder visual del original podría considerarse como misión cumplida. Pero qué ocurre con lo intrínseco de la historia, con la filosofía inherente al relato cyberpunk o con la reflexión de como la tecnología está recluyendo nuestras almas en chips de silicio -por no decir nuestra vida cotidiana-. Ese es el gran reto de la adaptación de Ghost in the Shell. Si la hipotética adaptación del otro gran anime del siglo XX, Akira (1988), debería contar con unas severas reflexiones sobre aspectos del existencialismo post-apocalíptico, Ghost in the Shell habría de hacer necesariamente lo mismo en su terreno. El género cyberpunk nos propone escenarios sombríos e hipertecnificados donde nuestra convivencia con la tecnología cuestiona la propia existencia del ser humano como entidad provista de libre albedrío. Esta interesante reflexión o lectura no está, lamentablemente, en Ghost in the Shell.

CRÍTICA CINE: GHOST IN THE SHELL

El realizador de Ghost in the Shell es Rupert Sanders, un director que, a priori, no parecía el más indicado para elaborar una película con un contenido tan denso y destinado a un público adulto. La escasa personalidad mostrada en un producto como Blancanieves y la Leyenda del Cazador (2012) es comprensible por la naturaleza mainstream del encargo; no obstante, esta misma falta de personalidad sepulta la esencia del anime Ghost in the Shell. Si la recreación en imagen real de Ghost in the Shell es impecable, apabullante y apta para todos los públicos-, el exceso de celo en crear un clon “real” de la película original ha dejado atrás los aspectos antes reseñados. La cinta de Rupert Sanders es un entretenimiento realizado con un gran sentido del espectáculo, a la altura visual de obras de empaque cyberpunk como Matrix (1999) y superando desde lejos a otros productos menores como Johnny Mnemonic (1995), pero es una película a la que le falta la inocencia y el tono de su original.

Ghost in the Shell funciona con corrección como el espectáculo que es. El mimetismo obtenido en lo visual con la obra original hace imprescindible su visionado como producto de temporada, pero no como obra atemporal que se merecería. Quedan grabadas en la retina las grandes escenas calcadas directamente del anime. Protagonizada por Scarlett Johansson -ahora consagrada como heroína de acción gracias a Lucy (2014) y su papel de Black Widow en algunos títulos producidos por los estudios Marvel-, la actriz muestra su buena forma a la hora de ejecutar algunas de las escenas más arriesgadas e icónicas del filme original: la caída libre  desde el edificio o la lucha contra el tanque rebasan de gozo visual, de exhibición del poderío físico de la actriz.

Muchas de las ideas de Ghost in the Shell, la interacción de la tecnología en nuestras vidas o la distopía política en la que se desarrolla la película ya han sido copiadas por Hollywood en otros títulos. Fueron los hermanos Wachowsky, directores de la saga Matrix, quienes mostraron un fragmento de la película al productor Joe Silver y le indicaron que ellos querían hacer una película similar a Ghost in the Shell cuando le plantearon la realización de su clásico cyberpunk. En un repaso a algunos de los clips de la película encontraremos un sinfín de referencias que han sido recicladas (y bien) por los hermanos Wachowsky. Steven Spielberg también tomó algunas de las ideas de Ghost in the Shell, como las visiones de Minority Report (2002) o las implicaciones filosóficas que están presentes en AI: Inteligencia Artificial (2001). Está claro que el universo cyberpunk japonés es una referencia en occidente a la hora de redefinir la ciencia ficción más distópica y agresiva.

Sin duda, mucho pueden esperar los fans de Ghost in the Shell en esta versión en imagen real. Como es lógico, muchos se decepcionarán, otros no tanto. Lo evidente es que no se ha pretendido hacer un remake con “miga”. Quizás los productores pensaban que con la exposición minuciosa de la película en un entorno real, esto bastaría, pero no ha sido así. El espectáculo es inmejorable, pero por más que buscamos no encontramos “el alma de la máquina”.

Alfredo Paniagua

@columnazero

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