CRITICA CINE: FOXCATCHER

Un artículo de Borja Dom para ColumnaZero Cine.
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Un artículo de Borja Dom para ColumnaZero Cine.
Un artículo de Borja Gaecía Redondo para ColumnaZero Cine.

Entre la riqueza y el fatalismo.

“Esta historia es un reflejo ficticio de la vida real. Cualquier parecido con la realidad y los personajes aquí representados es pura coincidencia”. Así deberían comenzar los créditos de esta última producción de Bennett Miller, ya que, a pesar de ser concebida como una historia basada en hechos reales, el propio Mark Schultz ha declarado que “odia a su director y que poco tienen que ver las relaciones de los personajes (especialmente las insinuaciones sexuales) con lo que verdaderamente ocurrió”. Miller ha logrado construir una epopeya de digestión pausada en torno a un ambiente turbio que es capaz de transmitir cierta incomodidad en todo momento.

A la hora de valorar este título con cinco nominaciones a los Oscar, muchos se quedarán en la capa más superficial: un film más sobre el deporte y la lucha por el éxito. Sin embargo, Foxcatcher es mucho más que eso. Si observamos con detenimiento, podemos ver que se configura como un retrato de pintura negra en el que se perfila, en varias ocasiones, la sociedad americana, acercándose más a American Beauty (1999) que a Million Dollar Baby (2004). Pero esto no es ninguna novedad, puesto que ya pudimos vislumbrar esta idea en varios títulos del mismo director como Moneyball (2011) o Capote (2005).

Sin embargo, para este humilde colaborador, el largometraje desarrolla, sobre todo, el concepto de la “carencia”. Sus protagonistas, tanto el enigmático personaje interpretado por Steve Carrell, como el luchador inmortalizado por Channing Tatum, se pierden en un marco de autodestrucción. La falta de amor, de compromiso o la inseguridad, se asfixian conjuntamente hasta que la catarsis firma con sangre el desenlace de esta obra aclamada por la crítica en Cannes.

CRITICA CINE: FOXCATCHER

En los 129 minutos de largometraje, el wrestling es tan solo una excusa para representar una oscuridad densa, viscosa y líquida que nubla la visión de la razón humana. La sombra del aguileño rostro de Steve Carrell cobra una importancia vital en todo el film y se alza como un águila calva sobre la atención de todo el entramado visual ideado por Miller. El subyugante ego de las clases altas, los aires de superioridad y mediocridad que propicia a veces una riqueza sin identidad ni autoestima, así como una telaraña psicológica de impulsos interpretativos, son las claves del éxito de esta nueva obra contemporánea.

El guión no se recomienda para todos los públicos, puesto que los intensos y tensados silencios dotan y refuerzan el desarrollo narrativo. La narración, que juega con diferentes subtramas y mensajes, versa sobre el deporte y las competiciones olímpicas, vacuas ideas de sacrificio o autosuperación, que en muchos casos, se pierden en un limbo existencial sin recompensas equivalentes al esfuerzo sobrehumano. Algo que se hace evidente al comienzo de la película cuando el resultado del oro de Schultz se traduce en decepción, frustración y desconocimiento popular.

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Borja García Redondo (@elhombredesnudo)

@ColumnaZeroCine

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