CRÍTICA CINE: EXODUS: DIOSES Y REYES

Una crítica de Alex Lago para ColumnaZero Cine.
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Una crítica de Alex Lago para ColumnaZero Cine.
Una crítica de Alexis Rodríguez para ColumnaZero Cine.

Los buenos hermanos siempre se pelean.

Mucho se ha escrito en Internet sobre Ridley Scott durante los últimos 15 años, desde que Gladiator (2000) ganó el Oscar a Mejor Película, y poco o nada bueno. La verdad, no soy de los que buscan increparle a la mínima posibilidad, pero dos cosas son ciertas: la primera, que para el público entendido, y para el fenómeno fandom, hace mucho que se le acabó el crédito por ser el responsable de Alien (1979) y Blade Runner (1982), dos de las más incontestables obras maestras concebidas en el último cuarto de siglo pasado; y la segunda, que la industria sin duda ha encontrado a su hombre, alguien a quien poner al frente de estas multimillonarias producciones sin preocuparse por el desprestigio que conlleva dirigir tantos descalabros seguidos durante tantos años, sin un ápice de la inquietud artística de la que este hombre hacía gala en sus primeros años como realizador.

Exodus, en la que se nos vuelve a contar la historia de Moisés relatada en el libro homónimo del Antiguo Testamento, podría ser el retrato de una relación fraternal muy interesante en la que dos hermanos se ven obligados a seguir caminos diferentes a raíz del descubrimiento de una terrible verdad, pero a Scott no parece interesarle nada de esto. Después de una primera media hora de película, ya uno se da cuenta de que estamos ante la típica película de Ridley Scott en la que te vas a encontrar exactamente lo que esperas ver. Y con esta afirmación estoy dando por sentado que efectivamente Scott ha terminado por convertirse en un cineasta totalmente predecible, que no asume ningún tipo de riesgo en la puesta en escena, acomodado en el placer de disponer de presupuestos gigantescos para hacer mucho más vistosas sus películas –desde los efectos especiales hasta los decorados y el vestuario–.CRÍTICA CINE: EXODUS: DIOSES Y REYES

Un triste alardeo de ese magnánimo presupuesto convierte las escenas de catástrofes en puro espectáculo visual, incluido el inútil 3D al que no encontré justificación alguna en absolutamente ningún plano del film. No en vano, las escenas de batallas y todo el segmento de secuencias de las plagas en Egipto, así como el clímax en el que el pueblo israelita cruza el mar Rojo, pasan por ser los únicos momentos en los que por lo menos te planteas que pagar por ver esto en un cine ha merecido la pena.

El correcto trabajo de Christian Bale se agradece -creo que no hay que dejar de señalarlo a pesar de que nos tenga ya acostumbrados a ello- y en esta ocasión se ve acompañado por un Joel Edgerton al que se le deberían abrir varias puertas en Hollywood gracias a su poderosa interpretación. El resto del reparto es ciertamente desconcertante, pues nunca verás a John Turturro, Sigourney Weaver o Ben Kingsley tan desaprovechados –entre los tres no suman ni cinco minutos en pantalla–. Y ojo al domesticado Alberto Iglesias, habitual en las películas de Almodóvar, Bigas Luna o Julio Medem, componiendo una banda sonora carente por completo de personalidad, que subraya sobremanera el enorme cliché que supone en su totalidad Exodus.

Sorprendentemente, los mejores momentos de la película los encontramos en las charlas que Moisés entabla con Dios, originalmente personificado en la figura de un niño, que impregnan durante unos minutos la pantalla de una atmósfera mucho más acertada, y que tal vez hubiera debido ser el camino a seguir por Scott para levantar el interés del conjunto, que se alarga hasta las dos horas y media. El tremebundo espectáculo termina con la mayor sorpresa que un servidor se llevó durante toda la proyección –o por lo menos lo único que me pilló desprevenido, lo cual ya me sirve para resumir lo mucho que me aburrí en el cine– y que algunos presentes incluso se atrevieron a aplaudir: el director dedica la película elegantemente a su hermano y compañero de profesión, Tony Scott, fallecido hace dos años. Puede que muchos lo esperaran así, a mí en cambio me dejó pensando que tal vez Ridley Scott tenía sus motivos para no querer ahondar con esta película en la relación de dos hermanos que siguen caminos diferentes.

Alexis Rodríguez (@AlexDeLargo)

@ColumnaZeroCine

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