CRÍTICA CINE: EL SÉPTIMO HIJO

Una crítica de Adrián Abril para ColumnaZero Cine.
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Una crítica de Adrián Abril para ColumnaZero Cine.
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El hijo bastardo y el espectador vidente.

De nuevo, la ausencia de originalidad acecha a los espectadores como un depredador insaciable. ¿Existen personas tan ingenuas que pretendan descubrir material novedoso en El séptimo hijo? Es complicado dados los antecedentes: el film es la adaptación de un best-seller de fantasía épica, que describe un opulento universo mágico de inspiración mitológica. Una suerte de Tierra Media a escala reducida, habitada por dragones, fantasmas y brujas, en la que sería creíble encontrar a Bilbo Bolsón tumbado a la sombra de un árbol parlante. ¿Por qué la industria de Hollywood (en complicidad con la industria británica en el presente caso) insiste en servir sopas de sobre y comida para microondas a la audiencia juvenil? ¿No sería preferible preparar platos menos artificiales y probar diferentes sabores, incluso con el único propósito de lograr el éxito comercial? Los jóvenes, como la mayoría de los seres humanos, también somos carnívoros y necesitamos alimentarnos de carne fresca.

El séptimo hijo relata la travesía iniciática de Tom Ward, un virtuoso joven destinado a ser un espectro, nombre que reciben los guerreros que combaten contra las criaturas de la oscuridad. El responsable de educar a Tom Ward en el arte del asesinato es un espectro desencantado, malicioso y alcohólico, el Maestro Gregory. Juntos intentan derrotar a la pérfida Madre Malkin, poderosa bruja que opta por superar un desengaño amoroso sembrando caos y destrucción. Por supuesto, la sucesión de peripecias es predecible y la transformación psicológica de los personajes demasiado concisa. Como ocurre en las películas de Peter Jackson, los caracteres son estereotipados y ofrecen posibilidades de evolución escasas y conocidas de antemano. Por suerte, el ruso Sergey Bodrov, director de la cinta, carece de la tendencia a los metrajes kilométricos que posee el autor neozelandés.

CRÍTICA CINE: EL SÉPTIMO HIJO

Puesto que en la película los hombres y las mujeres forman bandos rivales, la trama pronto deviene en una guerra de géneros, donde las relaciones amorosas y sexuales componen el elemento fundamental en la consolidación de la identidad adulta del protagonista. El amor y el sexo son presentados como la causa principal de la desaparición de la inocencia infantil o juvenil, y también como un impulso de un vigor comparable a la magia. En definitiva, son fuerzas que corrompen el espíritu, pero que permiten y estimulan la liberación.

Sin embargo, no todo el monte es orégano, o dicho con mayor precisión, no todo el campo es ortiga. La película cuenta con buenos momentos, sobre todo en las secuencias de acción y en las intervenciones cómicas de Jeff Bridges, un actor tan carismático que tiene la capacidad de lidiar con elegancia con un personaje bidimensional, tarea en la que fracasan el joven Ben Barnes y la experimentada -y en general excelente actriz- Julianne Moore.

El otro componente divertido del film no es producto de la voluntad de los autores, sino que procede de las dificultades de producción y distribución que ha experimentado la película. Los diversos planteamientos y montajes del material rodado han terminado por abrir el universo de El séptimo hijo, dotando a la obra de una narrativa imperfecta, ligeramente caótica y en ocasiones rudimentaria. Cabe recordar que Warner Bros renunció a distribuir la película, filmada hace unos tres años, y Universal Pictures decidió recoger el testigo. Después de todo, resulta tan irónico como revelador que El séptimo hijo sea, en realidad, un hijo bastardo.

Es evidente que la película aspira a ser la primera entrega de una larga saga juvenil. Ignoro cuál es la fórmula del éxito, pero El séptimo hijo carece de la dimensión política de Los juegos del hambre (2012) o de la épica grandilocuente de El Señor de los Anillos (2001). Los espectadores dictarán sentencia en los próximos meses. Tomen la decisión que tomen, espero que productoras como Legendary Pictures asuman que la originalidad resulta alentadora y no es menos fiable que el tópico. Al fin y al cabo, el fracaso es un riesgo inevitable.

Adrián Abril (@PublioElio_)

@ColumnaZeroCine

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