CRÍTICA CINE: EL LOBO DE WALL STREET

Una crítica de Jorge García Martínez para ColumnaZero Cine.
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Una crítica de Jorge García Martínez para ColumnaZero Cine.
Una crítica de Jorge García Martínez para ColumnaZero Cine.

Puro divertimento anfetamínico.

Scorsese, como uno de los principales cronistas del individuo -situado dentro de la sociedad americana- condicionado y engullido por su entorno, ha cosechado una de las filmografías más completas de su generación cuyo visionado conjunto ofrece una perspectiva de las pequeñas intrahistorias que forman parte del capitalismo americano. Ya sea a través de una pandilla de gángsters de Nevada, desde las esferas del poder político criminal de Boston o desde su raíz en la no tan redonda Gangs of New York. El director italoamericano aborda ahora la cuestión desde su bilis, confeccionando un retrato mastodóntico del capitalismo desenfrenado, aquel que mezcla cocaína con el bono basura, fastuosidad con misantropía y cuyos límites legales y morales se ven sobrepasados con una indiferencia desconcertante.

El film nos mete en la piel de Jordan Belfort y su ascensión al olimpo de Wall Street desde sus inicios en un garaje vendiendo acciones que no valen absolutamente nada hasta el encumbramiento como gurú y farsante en el mundo de las finanzas internacionales. Todo ello servido con altas dosis de sexo, drogas y rock and roll e hilvanando, a su vez, un retrato de personajes impasibles ante su propia destrucción. El derroche y el lujo personificado en las grandes bacanales, los yates, las mansiones y los Ferraris; y la estafa como medio para lograrlo sin importar las consecuencias y desechando toda posibilidad de redención. El genial y breve personaje de Matthew McConaughey lo evidencia en una de las escenas más descollantes y grotescas del film; la droga más poderosa y adictiva en el mundo es el dinero y bajo esta premisa se va a cimentar el Lobo de Wall Street.

CRÍTICA CINE: EL LOBO DE WALL STREET

Eso si, Scorsese nos cuenta la historia a su manera aunque no aporte nada nuevo a su estilo narrativo si que logra trasladar ese dinamismo propio de Casino y Uno de los Nuestros al film; la voz en off que va exponiendo los diferentes aspectos de la trama y esa interacción con la música que provoca la reactivación de cada escena, llevando cada plano al límite. Intuimos lo que va ocurrir pero el maestro nos lo sirve tan bien que el fin último queda distorsionado por la manera en la que se plasma cada secuencia en el presente. En este caso la violencia como medio expresivo es intercambiada por la comedia, alcanzando el film grandes cuotas cómicas en su primera parte, alternadas con el drama y lo esperpéntico en la segunda (la escena en la que se proyecta un fragmento de Popeye en la televisión es sencillamente brillante). Complementa y refuerza esta versatilidad narrativa la gran interpretación de Leonardo DiCaprio, en un papel tan exigente y tan logrado como el que encarnaba en El Aviador, siendo junto con el propio director amo y señor de la cinta.

La sensación que tiene uno durante el visionado del film es similar a la de un chute de cocaína; te reactiva desde su inicio provocando una visión lúdica de la historia que se mantiene durante toda la proyección y que jamás decae, es tal la intensidad con la que está narrada que priva al espectador del beneplácito de la duda y de toda concesión moral. Puro divertimento anfetamínico en el que uno solo puede llegar a sacar sus propias conclusiones acerca del estilo de vida retratado y de sus consecuencias, tan actuales, una vez que haya salido del cine y haya llenado el estómago.

Aquel que espere una epopeya moralista que se meta a ver El último de los injustos de Claude Lanzmann porque aquí la intención de Scorsese no es la de condenar ni la de trazar una moraleja final. Nos presenta una historia contada a su manera mitificando a unos personajes y su estilo de vida aunque lo hace a través de una perspectiva grotesca y exagerada. Puede que lo único que ponga de manifiesto el film en este camino es aquella afirmación un tanto políticamente incorrecta de que si los ricos son unos cretinos,  los pobres lo serían igual si se les brindase la oportunidad de ser ricos.

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Jorge García Martínez

@JorgeAnsorena

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