CRÍTICA CINE: DUNKERQUE

Una crítica de Alfredo Paniagua para ColumnaZero.
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Una crítica de Alfredo Paniagua para ColumnaZero.
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Una larga trayectoria trabajando para los estudios estadounidenses casi nos han hecho olvidar que Christopher Nolan es, en realidad, británico.

Los éxitos de taquilla de sus blockbusters -que podemos calificar de autor-, engordados por los elencos del star-system de Hollywood, le han alejado bastante de sus raíces británicas; solo los más avezados rescatadores de títulos recuerdan esa primera cinta independiente que fue Following (1998). Desde entonces y hasta ahora su carrera se ha desarrollado dentro del paradigma de la superproducción norteamericana. No obstante, se puede alegrar de ser un realizador mimado por la industria, al que se le han consentido todo tipo de excesos y defectos, hecho que le granjeado tantos detractores como admiradores. Y es que el cine de Christopher Nolan tiene un deseo de transgredir que se salda con resultados desiguales pero indudablemente estimulantes. Si Interestellar (2014) supuso una mirada fanta-científica al género de la ciencia ficción, en Dunkerque (2018) sus ojos se posan en el aspecto más humano de la guerra, el del soldado que se sabe seguro de una muerte aplazada, de ese tictac de un reloj que marca el tiempo que le queda por vivir.

CRÍTICA CINE: DUNKERQUE

Antes de nada, volvamos atrás en el tiempo para recordar uno de los capítulos más duros de la Segunda Guerra Mundial: En 1940, tras el rápido avance de las tropas alemanas durante la invasión de Francia, cerca de 400.000 soldados británicos quedan atrapados en las playas de Dunkerque a merced de los aviones, artillería e infantería alemanes. El cauteloso pero seguro movimiento de las tropas germanas va diezmando a los británicos que, finalmente, son evacuados por miles de embarcaciones de todo tipo, en una gesta donde civiles y militares unieron sus fuerzas para evacuar a las tropas varadas en la playa. Dunkerque supone, de alguna manera, el regreso de Christopher Nolan a Reino Unido, no en lo formal puesto que su cine ha evolucionado hacia las antípodas de lo que fue en sus inicios, pero sí parece una vuelta a casa llena de emoción al retratar un hecho histórico cuyas cicatrices aún siguen abiertas allí; y no es menos, glosar esta épica batalla es un reto que Nolan ha abordado con extremo cariño.

El lenguaje cinematográfico de Christopher Nolan encuentra en Dunkerque unos bemoles que nos muestran a un director maduro y reflexivo, pero que no renuncia al cine como el mayor espectáculo audiovisual del planeta -polémicas son sus declaraciones sobre los filmes producidos por cadenas como Netflix a los que no considera como “cine”-. Si en Interestellar había un gran contenido de existencialismo darwiniano, en Dunkerque nos vendrán a la cabeza algunas de las citas más famosas del filósofo Jean Paul Sartre cuando sintamos desde la butaca las emocionantes vivencias de los soldados atrapados en la playa: las balas silbando a su alrededor, los pesados andares de la infantería alemana rodeando las dunas, los zumbidos de los cazas alemanes repasando la arena con sus ametralladoras. Este asalto a los sentidos, dolorosamente existencial, se realiza con las ínfulas que a Nolan le procura un proyecto grandioso, con infinidad de medios y presupuesto a su alcance, donde cada detalle, desde lo más mínimo a lo más espectacular, está meditado y planificado para crear una experiencia épica y emotiva.

CRÍTICA CINE: DUNKERQUE

Christopher Nolan, como nos tiene acostumbrados, quiere romper las barreras del tiempo y el espacio. Si el tiempo se convierte una angustiosa cuenta atrás, será la esperanza del rescate lo que quiebre ese techo de cristal bajo el que los soldados pasen quizás sus últimas horas de existencia. Nuestros protagonistas quedan confinados en el angosto espacio de una playa donde son tiroteados desde tierra y aire, convirtiéndola en un cementerio, pero más allá hay un mar de donde habrá de llegar la salvación. Igual que en El Truco Final (2006) Inception (2010), Memento (2000) o Interestellar (2014), el realizador británico desea romper a toda costa el molde del tiempo y el espacio, que limita la evolución del ser humano y sus posibilidad e libre albedrío, de escapismo.

El reparto está repleto de nombres de la cinematografía británica: Kenneth Brannagh, Cillian Murphy, Tom Hardy, o el joven protagonista Fionn Whitehead, son algunos de los actores que, en un elenco mayormente masculino, conforman el reparto coral de Dunkerque. La reunión de tantos astros en un solo filme podría recordarnos a las películas de “hazañas bélicas” que hasta los años 70 llenaban nuestra cartelera con recreaciones de hechos bélicos -siempre a favor de los Aliados- de dudosa consistencia histórica. Con Dunkerque sucede al contrario, su reparto forma parte de un todo orgánico donde la humildad de los personajes es una de las partes esenciales de una historia que fue real, y que ha sido recreada con veracidad, pero también con un elevado sentido de la estética, la narración y la espectacularidad.

Con Dunkerque los detractores de Christopher Nolan podrán encontrar menos razones para odiarle, y sus admiradores quizás lleguen a comprender que el realizador ha abierto una nueva etapa en su carrera. La hondura existencial de Dunkerque ya se atisbó en los títulos anteriores de Nolan, pero las dimensiones que ha adquirido este sentimiento son épicas, como lo fue la batalla de Dunkerque.

Alfredo Paniagua

@columnazero

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