CRÍTICA CINE: DOS DÍAS, UNA NOCHE

Una crítica de Blanca Ramos para ColumnaZero Cine.
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Una crítica de Blanca Ramos para ColumnaZero Cine.
Una crítica de Blanca Ramos para ColumnaZero Cine.

De cómo el poder narrativo de los hermanos Dardenne convierte lo cotidiano en una obra de arte.

Hemos construido un mundo cinematográfico en el que el guión que no trate un tema espectacular, ciertamente deshumanizado y lejos de la realidad, parece que no consigue atraer al gran público. La gente quiere ver personajes a los que les suceden las cosas que a ellos no (pero que no existen más allá de la ficción); historias que se presentan en un mundo verosímil pero que nunca van a ocurrir en el planeta de los seres mortales. Entre todo este caos, aparecen propuestas diferentes que se escurren de este hilo narrativo tan generalizado que, por desgracia, no consiguen atraer a la masa y, en consecuencia, a las salas comerciales. Desde el reconocimiento de Rosetta (1999) con la Palma de Oro en Cannes, los hermanos belgas Jean-Pierre y Luc Dardenne se han convertido en unos de los directores más representativos del cine europeo independiente.

Dos días, una noche (2014) cuenta la historia de Sandra (Marion Cotillard), una mujer que está a punto de perder su empleo y la única solución que se le plantea es intentar convencer a sus compañeros para que renuncien a sus pagas extra a cambio de que ella pueda recuperar su trabajo. De nuevo, los Dardenne vuelven a proponernos un argumento que se centra en una realidad que traspasa la gran pantalla. Mantienen la esencia que ya nos encandiló en El niño de la bicicleta (2011) y que parece convertirse en un patrón en su cine. Hablo de los conflictos y problemas sociales que nos empapan a todos; ese entresijo de circunstancias políticas e históricas que, por muy diferentes motivos, han provocado el miedo social que ahora impera en el contexto en el que vivimos. Miedo a perder un trabajo, miedo a perder una casa, miedo a perder un padre… Las preocupaciones actuales, el pensamiento del hombre y la mujer de ahora (que tan poco encuentran su hueco en el séptimo arte), encuentran su mejor representación en la obra de los hermanos Dardenne.

CRÍTICA CINE: DOS DÍAS Y UNA NOCHE

Mantienen en su nueva cinta algo que ya vimos en su trabajo anterior; me refiero a los recorridos, tanto físicos (Sandra, al igual que Cyril, el niño de la bicicleta, no paran de moverse de un lado a otro en busca de un objetivo concreto, aunque diferente en cada caso), como espirituales del personaje protagonista que nos presenta, que siempre traza un camino y en este encuentra algo que le hace evolucionar (ingrediente clave con el que consiguen meterse al espectador en el bolsillo).

De lo que no cabe duda es que los cineastas belgas han cimentado un estilo propio que traspasa de la pantalla a la mente de quien se arriesga a mirar. Tanto es así, que cualquier ejercicio de crítica cinematográfica sobre su obra es muy difícil que no acabe tiñéndose de ciertas pinceladas del análisis fílmico. No podemos dejar de lado el uso del color rojo y del color azul para presentarnos las dos emociones contradictorias que siente Sandra, donde  el azul se identifica con la negativa al rechazo de la paga extra y la derrota para nuestra protagonista; mientras que el rojo representará esa esperanza y esa sangre corriendo por las venas de estar más cerca de conseguir su único objetivo. Al final sus creaciones se convierten en eso: la problemática social cotidiana convertida en un auténtico placer visual y narrativo debido al espléndido uso del lenguaje cinematográfico.

CRÍTICA CINE: DOS DÍAS Y UNA NOCHE

Sorprendente, cuanto menos, la elección de Marion Cotillard como protagonista del filme, debido a la asociación, que ha ido en aumento en los últimos años, de esta actriz con el mundo hollywoodiense.  A pesar de ello, su interpretación resulta de una exquisitez que se vuelve absolutamente perfecta. Marion, sin gota de maquillaje, consigue llenar cada plano con cada gesto, desprendiendo una naturalidad que conquistará a la cámara y le impedirá no captarla en cada plano. El espectador se convertirá en su acompañante durante un viaje de 95 minutos de duración.

Los Dardenne lo han vuelto a conseguir. Dos días, una noche es otra de las joyas que se añade a su repertorio.

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Blanca Ramos (@blancaferra)

@ColumnaZeroCine

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