CRÍTICA CINE: CITIZENFOUR

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Una crítica de Alverto Sánchez para ColumnaZero Cine.
Una crítica de Alverto Sánchez para ColumnaZero Cine.

El mundo antes y después de saber que nos espiaban.

Citizenfour (2014) sigue el proceso de revelación de las filtraciones realizadas por Edward Snowden  sobre las actuaciones de la NSA, entre otros organismos, y la vigilancia ciudadana en 2013. Independientemente de la propia postura personal respecto a las filtraciones que efectuó Snowden, es un documental revelador que muestra la configuración de lo que la sociedad vivió a través de la información difundida en los medios de comunicación pero desde el punto donde se germinó. Sus ciento catorce minutos de duración son una cápsula ahumada de tensión para comprender el entramado de lo ocurrido y dar crédito de la realidad.

Snowden está sentado en la habitación de un hotel en Hong Kong, junto a él están Laura Poitras, autora del documental, y Glenn Greenwald, quien fue periodista para The Guardian. Asistimos al lugar donde todo parte, la primera vez que se ponen en contacto así como a la entrevista que se realizó para el periódico, donde se dieron las primeras informaciones sobre estas filtraciones hasta el seguimiento de Snowden una vez reconocida la autoría de las mismas y su actual situación de asilo.

CRÍTICA CINE: CITIZENFOUR

Es por ello que podemos entender la lista de galardones que ha recibido, entre ellos el Premio Oscar a Mejor largometraje documental o el Mejor documental de los Premios BAFTA. Una acción así debería ser reconocida de alguna manera por las instituciones culturales. No obstante, como documental es tedioso de seguir, en especial si no existe un previo conocimiento sobre el tema.  Al fin, una habitación de hotel de Hong Kong puede ser lugar suficiente para cambiar el mundo pero una acción lenta para centrar el documental en esos días hospedados en el hotel.

Al mismo tiempo, lo espectacular de Citizenfour es, precisamente, poder asistir al momento previo en el que la información saltaría; acudir al epicentro y comprobar el evento tal como fue, acercarnos a la persona y no a la figura pública de Edward Snowden. Con él, asistimos a la presencia del nuevo héroe ya adoptado en la ficción, el ciudadano-héroe, que hace cosas de ciudadano pero que resultan heroicas.  La pista de Snowden se pierde en Moscú, lugar donde cierra el documental.

No hay una segunda dimensión que cambie este hecho sobre las filtraciones efectuadas por Snowden, sin embargo, es otra mirada, y probablemente la más importante: la de la fuente.  Lo interesante es el efecto espejo contando con la perspectiva desde donde se narra lo ocurrido, ese Hotel en Hong Kong.  Quizá el Oscar no haya sido entregado en términos de valor técnico o artístico, sino en términos de relevancia como suceso y de notoriedad socio-política.  Es un documental vital para el ciudadano, pero no lo es tanto para la propia institución documental.

La intimidad retratada posee un alto valor en términos políticos, todo lo que aborda es de gravísima prioridad: tareas ciudadanas y políticas sin resolver como son esas instituciones y estratos que se escapan al ciudadano. No obstante, desde una perspectiva artística, Citizenfour no es nada nuevo.

Alverto Sánchez (@heyalver)

@ColumnaZeroCine

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