CRÍTICA CINE: ADIÓS AL LENGUAJE

Una crítica de Alverto Sánchez para ColumnaZero Cine.
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Una crítica de Alverto Sánchez para ColumnaZero Cine.
Una crítica de Alverto Sánchez para ColumnaZero Cine.

La provocación de los abstractos.

El lenguaje es una construcción, posee reglas, se puede tachar de correcto o incorrecto. Éste viene a ser un nexo entre la naturaleza humana y el mundo en el que el ser humano se encuentra inmerso. Este mundo es, en su totalidad, una construcción que hemos instituido y a la que todos le asignamos legitimidad, en detrimento de la vehemencia natural propia del animal.

La construcción es legítima en la medida en que aceptamos el sistema. Por el contrario, esta arquitectura altera los estamentos del orden natural; no conservamos el animal que somos. Mantenemos el lenguaje por la necesidad de comunicarnos a través de gestos y sonidos. Sin embargo, este lenguaje se ha transformado en una edificación más, artificial y legitimada, bastimento de la humanidad, que refleja el estado de la misma.

Adiós al lenguaje (2014) no es una película. Es un ensayo crudo como la realidad misma. La imagen toma su apariencia atendiendo al mundo que describe. Representa la contemporaneidad con la destreza que muchos jóvenes no serían capaces de imprimir, si quiera comprender. Ello confirma la posición que Godard desde sus inicios tomó: la de un joven renovador muy consciente del mundo en el que vive y que presiona el concepto “arte” hacia los propios límites del término para empujarlo y, con ello, ampliarlo. En otras palabras, introducir lo que no es arte en la definición más reciente de arte, es decir, el camino natural por el cual el arte avanza.

Esto explica la adhesión al collage y al glitch en el uso de imágenes digitales, construidas y reconstruidas con el fin de hablar de la situación de la imagen actual, y alejarse así del mainstream de alta calidad como si éste ya hubiese muerto, consumiendo la falta de expresión del HD, el sinsentido de la definición que hace de la imagen un desierto inexpugnable de calidad, desprovisto de la naturaleza de la expresión. Lanzar ideas a pedrazos, lo que es, abstractos metalingüísticos y metacinematográficos. La alta definición ha matado el habla de la imagen. Por eso es necesario romper la imagen, y con ello, el vehículo y el mensaje.

Resulta una presuntuosa demencia inabarcable hacer crítica únicamente con un visionado por su grado de dificultad. Como ensayo es lo suficientemente denso como para necesitar varias lecturas. Denso no significa complejo; no es una barrera, es por el contrario, una complexión temática  dado que en las imágenes cada uno encontramos un significado propio. Godard establece las posibilidades; nosotros la estructura, y después, la lectura.

Mencionar a Godard es una cruz. Existe, para algunos, cierta aprensión, y para otros, cierto placer al hablar de sus obras. Sea como fuere, la predisposición ante la pantalla es la caída de la opinión. Si hacemos un repaso a gran parte de la crítica de sus últimas obras, encontramos delirios basados en una firma que predispone y nubla la mirada. La necesidad de ojos inocentes y sin condicionantes se manifiesta para el cine de autor cuando, como ocurre en Adiós al Lenguaje, el autor se convierte en el experimento, y su cine en el género. Por lo tanto establezcamos realidades para tejer conocimiento. Es por esto que considero que no se puede cerrar esta crítica sin la sinceridad ingenua del “sí, a mí sí me ha gustado”.

Alverto Sánchez (@heyalver)

@ColumnaZeroCine

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