CORTOMETRAJE EL TOPO: FRAGMENTOS DE UNA VIDA

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Un artículo de Manuel Lorenzo Bouzada para ColumnaZero.

Un artículo de Manuel Lorenzo Bouzada para ColumnaZero.

“¿Dónde está esa chica ahora?” pregunta ella entre sollozos. La vuelta a casa siempre es de buen rollo.

Los primeros compases de un noviazgo, ese paroxismo que invade inevitablemente, ebriedad emocional de difícil digestión. La resaca es mortal. Una resaca que va asomando lenta pero inexorable y que, cuando llega, no hay aspirina que la erradique. Ya no hay nada que hacer. Alberto Triano retrata en su último corto, El topo, dos momentos cruciales en la relación de una pareja. El trabajo se presentó durante el festival online de cortometrajes Jameson Notodofimfest, celebrado este junio en 2016.

Mikel Bustamante y Paloma Córdoba personifican a esta pareja, que abre y cierra su historia amorosa con la música compuesta por el propio director: “Todo, lo que siento es así, bichitos, que quieren salir”. Las palabras no siempre salen de modo sencillo cuando los bichitos aprietan en el estomago, la garganta. Bichos  invisibles para los demás, pero que están ahí. Amargo. Inefable: astillas de una vida que se clavan en la memoria. Recuerdos alegres, esperanzadores, que en una fracción de minuto se vuelven secos, punzantes, dolorosos.

Sin principio, nudo o desenlace, trama hipnotizante o hiperactiva. Solo realidad mundana, del día a día. “Tranches de vie” como la denominara Jean Renoir. Circunstancias precisas, incluso breves, que tocan para siempre una vida, o varias. Quizá esto del cine se trate de recoger instantes que singularicen y doten de sentido una crónica personal, particular de la realidad. Regreso a Ítaca (2014) de Laurent Cantet. Boyhood (2014) o Todos queremos algo (2016) de Richard Linklater. Metrajes en los que pasan cosas sin que ocurra nada. Simplemente realidad, supervivencia, cotidianidad.

Retazos de una vida. Momentos concisos y concretos, puntos de inflexión. En ocasiones tácitos, pero siempre existentes. El topo, dos fragmentos durante la vida de una relación. Instantes que marcan todo aquello que sucedió al primero y precedió al segundo. En el futuro también se mantendrán las huellas de esos fragmentos, improntas que algún día volverán a lucir, cuando más ahogadas en el mar de la memoria se crean encontrar. Recuerdos, vida.

Vuelta a casa después de una noche disipada, divertida. Pleno auge de la embriaguez sentimental. La sonrisa no quiere abandonar a la pareja que camina, relajada, por la acera. “¿Qué estará haciendo en este instante la chica con la que voy a compartir el resto de mi vida?” se pregunta retóricamente él, con un tono no más solemne que desenfadado, para terminar afirmando “pero hay una cosa que sí que sé, es que esa chica eres tú”. Ambos se funden en un abrazo. El fundido no se limita a lo físico, trasciende a lo temporal. Mismo lugar, mismo abrazo, misma pareja; diferente tiempo, distintos semblantes, tono entre estupefacto y afónico. “¿Dónde está esa chica ahora?”.

Manuel Lorenzo Bouzada

@columnazero

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